La Virgen de la Soledad y las soledades
D. JAVIER GÓMEZ CUESTA
Párroco de San Pedro Apóstol
La Semana Santa es una historia viviente, en lo espiritual y en lo representativo y artístico. En lo espiritual, porque es la actualización de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, el Señor, el Hijo de Dios. En lo representativo y artístico porque las procesiones son una auténtica maravilla de arte con las imágenes tan expresivas y realistas que despiertan en nosotros oración, devoción y emoción, esas que por todos los rincones de España nos han ido dejando con sus divinos cinceles, los imagineros, unos más reconocidos, otros más populares y que portan en andas, como sacrificio y promesa, multitud de cofrades.
Con las celebraciones vivimos y sentimos, hasta no sumergirnos contemplativamente en ella, la vida Jesucristo, la historia de amor y entrega a los hombres y, por ella y con ella, el dolor, pasión y muerte de tantos personas y pueblos que sufren y atraviesan situaciones de dolor y muerte por hambre, enfermedad o violencia y avivamos el compromiso y la esperanza de una nueva vida, de la curación,pacificación y salvación de personas y pueblos. La historia de Jesús es la historia de la humanidad. Es la Pascua, es el paso de la muerte a la vida. Esta historia que celebramos cada año es la respuesta al mayor interrogante
del ser humano, de toda la humanidad.
Una de las imágenes principales que procesiona es la de la Virgen de la Soledad, que refleja y manifiesta en su rostro de angustia el hondo sentimiento por el drama que tiene que vivir al ver a su Hijo maltratado, cargando con la cruz para sufrir en ella la muerte vil de los esclavos. La Semana Santa nos confronta y ayuda a leer la vida actual, no solo con los ojos naturales que contemplan una escena del final de la vida de Jesús, sino con los ojos del corazón, con ojos sagrados de humanidad, que nos hacen ver y sentir situaciones dolorosas y dramáticas que están atravesando personas y pueblos. Una de ellas, cada día más acuciante que va tomando sesgo de epidemia es la de la soledad. La Virgen María se ve y se siente sola por perder a su único hijo. Y sola ante la incomprensión, abandono, desprecio y griterío de la muchedumbre que se transforma en chusma cuando manipulada pierde su alma e identidad.
Hay una soledad buscada, cultivo de la interioridad que pretende el conocimiento de sí mismo y que abre una ventana a la trascendencia y relación con Dios. Esta, enriquece. Alertamos de la otra, de la soledad
“no deseada”. Es hoy, no una sensación pasajera, sino una extendida enfermedad social que afecta a una de cada cinco personas y que se ceba principalmente, ¡ojo!, en niños jóvenes y mayores de edad. Lo chocante y desesperante es que estamos en una cultura hiperconectada, plagada de pantallas y redes sociales. Pero cada vez somos más individualistas y narcisistas.Nos enteramos pero no nos comprometemos. Sabemos pero no nos comunicamos, no nos miramos a los ojos, no nos damos la mano.
La Virgen de la Soledad es una denunciaclamorosa de esa indiferencia. Nos va gritando: “¡Mirad si hay dolor como mi dolor!”. Ese dolor es el dolor de tantos y tantas “solas y solos”, “crucificadas y crucificados”, que veríamos si, además de con los ojos indiferentes de pantalla, viéramos con los humanísimos ojos del corazón.
El programa completo haciendo clic aquí
