Las cosas de mi Padre

Ha vuelto a empezar la catequesis (y también el cole). Esta semana los peregrinos hemos caminado mucho ya que hemos acompañado a Jesús, María y José .

Al salir del catecismo fuimos a Begoña, a la pérgola de los Campinos donde están María, José y el niño Jesús hechos con luces. Allí la abuela nos contó cómo el ángel le había dicho a José que Herodes quería matar al niño y que tenían que huir a Egipto.

Todos estábamos muy intrigados acerca de qué Egipto nos buscaría la abuela y qué desierto. En seguida lo tuvimos claro porque caminamos todo el muro hasta el parque de Isabel la Católica. Cuando íbamos de camino, la abuela nos contó una historia muy bonita de esta huida, historia que conocemos por la beata Ana Catalina Emmerick, y es la siguiente:

Llevaba la sagrada familia muchos días caminando cuando llegaron a una región muy agreste y todo estaba muy oscuro. Una banda de ladrones iba a atracares pero, cuando el Jefe miró al niño Jesús, un rayo luminoso como una flecha toco el corazón, y después hasta les dio resguardo en la cabaña donde vivía.

La mujer del jefe los recibió con timidez y con cariño. Les trajo algo de comer y beber e incluso agua para bañar al niño.

Cuando María bañó al niño, el agua quedó más limpia de lo que estaba antes. Entonces, la mujer del Jefe le pidió permiso a la Virgen María para bañar a su niñito de 3 años, que tenía la lepra, en ese agua. La Virgen María se lo dio y el niño, al meterlo en el agua, se curó.

Cuando se despidieron, el Jefe les dijo: -Acordaos de nosotros donde quiera que vayáis-. Ese niñito no era otro que el buen ladrón que en la cruz le dijo a Jesús: acuérdate de mi cuando llegues a tu reino.

Una vez que llegamos a “Egipto”, osea al Parque, descansamos un poquito. A la vuelta mi abuela nos contó que, después de un tiempo, el ángel les dijo que podían volver. Fueron a Nazaret  donde el niño Jesús vivía con sus padres y allí, como nosotros con nuestra familia, aprendía, jugaba, cantaba, trabajaba.

¿Y alguna vez se porto mal? -dijo Ana.

-Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, todo a la vez, y como verdadero Dios que es nunca puede portarse mal, osea, no hacer su voluntad. Pero sí hubo algo que disgustó a sus padres, porque no le entendieron.

Veréis, tenía Jesús como unos 12 años y habían ido a Jerusalén a una fiesta importante en el templo. A la vuelta, sus padres, pensando que estaba con los otros niños, siguieron camino. Cuando ya hacía un rato que no lo veían comenzaron a buscarlo y, como no lo encontraban, se volvieron a Jerusalén. Allí lo encontraron en el templo, enseñando a los Doctores (que eran los que más sabían). Al llegar junto a él, su madre le dijo: -“Estabamos preocupados”- y el les respondió -No sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre-. Luego volvió con ellos y les obedecía en todo.

Cuando llegamos a casa era un poquito tarde y aún había que hacer los deberes. Mi mamá le dijo a la abuela que estaban preocupados porque era algo más tarde de lo habitual y yo le respondí a mamá: “¿No sabías que estábamos ocupándonos de las cosas de nuestro Padre del cielo?” Mi mamá se hechó a reír y mi abuela me dijo: “Muy bien, ahora recuerda que te toca obecederles en todo“.

Nochebuena con los peregrinos.

Os voy a contar la Nochebuena que hemos tenido los peregrinos.

Mi abuela habló con los papás de todos nosotros y el día 24 a las 10 fuimos todos a  su casa. Nos acompañaban los papás de Tomás y sus hermanas.

La abuela les dio las gracias a los papás de Tomás porque, sin ellos, no sería posible que, esta Nochebuena, pudiéramos hacer juntos lo que la abuela hace con el abuelo todos los años.

Bueno –dijo la abuela– hoy es el cumpleaños del niño Jesús y vamos a ir a su encuentro, quizás no seamos capaces de reconocerlo, pero recordad que dijo Jesús “todo lo que hagáis por uno de estos mis hermanos pequeños por mi lo hacéis”

¿Vamos a llevar comida a los pobres? -pregunto Susana.

La abuela le contesto que vamos a llevarles, a una serie de personas, lo que necesitan, que todos, de alguna manera, tenemos nuestras pobrezas aunque no las sepamos ver porque la pobreza no es ser sólo pobre de dinero, pero lo mejor es que os cuente lo que pasó.

Había muchas cajas y las repartimos entre el coche de los abuelos y el de los padres de Tomás; nos subimos en los coches y nos fuimos.

La primera casa no estaba lejos, pero allí no dejamos nada más que una bandeja pequeñita con unos cuantos mazapanes de los que hace mi otra abuela, Marta, que había ido a llevarle a mi abuela un montón esta mañana.

Llamamos al timbre y nos recibió una señora un poco mayor que mi mamá. Nos dio un montón de besos y nos llevo al salón de la casa donde estaban sus padres. Su madre estaba en una silla de ruedas porque se había roto una cadera y su padre estaba allí sentado, se alegró mucho de vernos.

Han venido a cantarnos unos villancicos -dijo su hija. Entonces la abuela le dijo a ella que se fuera que si no no le iba a dar tiempo.

Disfrutaron mucho, la madre de la señora de vez en cuando nos preguntaba por nuestros nombres, el padre de la señora nos decía cosas, pero parecía que no entendía muy bien porque nos preguntaba lo mismo una y otra vez. Se les veía muy felices con muestra visita.

Se nos paso el tiempo rápido y la señora volvió y nos dió las gracias. Había aprovechado para hacer las compras.

La abuela nos explico que su padre tenía alzheimer y su madre se rompió la cadera. La señora vivía con ellos pero no podía dejarlos solos. Y que no tienen muchas visitas.

-Como veis en esta casa no hay pobreza material pero falta compañía y comprensión, su hija ha podido salir tranquila un ratito y sus padres que no salen mucho han tenido una visita que les ha alegrado la vida.

En la siguiente casa que fuimos todo era muy diferente. Era una casa pequeñita y hacia mucho frío. Nos abrió una señora que no hacía más que darle las gracias a mi abuela.

Luego vistamos varias casas mas y nos fuimos a comer a una hamburguesería.

Por la tarde fuimos a varias casas pero os voy a contar sólo tres por que si no estaríamos muuucho tiempo.

En una de ellas había muchos niños y fuimos a jugar con ellos, no tenían play, ni wii, ni nada de eso pero lo pasamos muy bien jugando al parchís y a la oca y cosas así. Al salir de aquella casa Susana le dijo a la abuela que ahora ya entendía lo de las pobrezas y que ella, al estar con aquellos niños, se dio cuenta que aunque ella tenía de todo, muchas veces no tenía con quien jugar y que, aunque aquellos niños no tenían dinero, se tenían unos a otros.

Antes de ir a la casa siguiente pasamos a recoger a una señora de la edad de mi abuela, pero no subió con nosotros se quedó abajo con el abuelo.

Subimos a la casa y llevamos mazapanes y cantamos un par de villancicos la señora que vivía allí nos dijo:

-¡¡¡Ay!!! para mi que estoy tan sola, esto es una alegría.

La abuela le dijo entonces: -No tienes por que estar sola, si quisieras perdonar tu hermana estaría encantada de venir a vivir contigo.

La señora primero se sorprendió y le dijo: -Lo he pensado tantas veces… Pero seguro que ella no quiere venir … Seguro que ella no me perdona.

La abuela le dijo: -Si la tuvieras aquí… ¿Qué le dirías?

Pues yo le daría un abrazo bien grande.

En ese momento la abuela saco el movil y llamo al abuelo, el abuelo subió con la otra señora y las dos se dieron un gran abrazo y nos dieron las gracias. Luego nos fuimos y las dejamos hablando muy contentas.

En la última casa a la que fuimos había una chica joven con un bebé, además de comida le llevamos pañales, ropita y muchas otras cosas. Nos dejo sujetar a su hijito y no hacía más que darle gracias a mi abuela. Decía que su hijito era lo mejor que tenía.

Fuimos todos juntos a la misa del gallo que en nuestra parroquia es a las 8 de la tarde, antes de entrar los papás de Tomás le dieron las gracias a la abuela, le dijeron que, cuando la abuela pidió ayuda para que todos pudiéramos ir, aceptaron pues ya tenían curiosidad de conocerla por las cosas que les contaba Tomás, que les  había encantado ser peregrinos por un día y, lo que es mejor, con toda su familia y que hoy se habían dado cuenta de lo ciegos que ellos están, pues hasta hoy no habían sido capaces de ver lo que pasa realmente en el mundo, lo que verdaderamente importa. Y que por favor los tuviera en cuenta para cualquier aventura de este tipo en la que necesitasen su ayuda.

Entonces la abuela sonrió y les hizo un regalo:”Una concha de peregrino”, pero encima estaba el niño Jesús.

A la entrada de la misa estaban también los otros papás y juntos oímos la misa. Luego la abuela les recordó que la cena de Navidad era el cumpleaños de Jesús y para todos era “un anticipo del reino de los cielos”.

Después  mis abuelos, Fran y  yo nos fuimos a la casa de la abuela Marta (no en la que viven siempre sino a la del pueblo) donde nos juntamos unas 60 personas.

Al llegar mis abuelas se dieron un gran abrazo y la abuela Rosa le contó todo a la abuela Marta. Ya que todo lo que se había preparado lo habían hecho entre las dos. La abuela Marta estaba feliz aunque, de broma, le dijo a mi abuela Rosa: “Algún año no te quedarás la parte mejor” a lo que mi abuela le dijo “Marta, Marta, Rosa tiene la parte mejor y no le será arrebatada“.

Fue una Nochebuena muy feliz.

Navidad 2017

Ya falta muy poco para la Navidad. Y nuestros chicos del catecismo no han parado de trabajar. La semana pasada inauguramos el Belén, que es una preciosidad. A todos en la parroquia nos encanta.

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Tambien hicimos el Festival de Navidad donde todos participamos y nuestro coro los hizo estupendamente.

Aquí os dejo el álbum de fotos. Con ello os deseamos a todos:

¡¡¡Feliz Navidad!!!

Pero  la cosa no acabo ahí. Todos esto grupos quisieron llevar un poco de alegría a las personas más especiales que tenemos en la parroquia, nuestros mayores.

Allanando el camino

Estamos en la segunda semana de Adviento. En la catequesis hemos hablado de las cuatro semanas que tenemos para prepararnos para recibir a Jesús. Y nuestra catequista nos contó muchas cosas de Juan el Bautista.

Juan el Bautista vivía en el desierto, vestía con pieles de camello, comía saltamontes y miel silvestre y las personas iban allí a escucharle. Les anunciaba la venida de Jesús y les invitaba a pedir perdón por sus pecados y a bautizarse.

Cuando le preguntaban que quién era él, decía que era la voz que predicaba en el desierto “preparad el camino al Señor”.

La abuela nos llevó hasta Los Campinos, donde nos iba a contar todo sobre Juan el Bautista, cuando nos encontramos con un amigo suyo, un sacerdote joven.

Rosa cuanto tiempo sin verte.

D. Remigio, como usted por aquí.

¡Ay, Rosa! Para ti tengo que seguir siendo Remi. Pues nada, como sabes estamos en Adviento y he venido a buscar unas cuantas cosas para preparar la navidad en las parroquias. Y es que ya sabes en cada pueblecito ponemos el Belén y preparamos la Navidad con mucho cuidado.

¿Ah sí?, pues qué bien me vienes, porque quería hablarles a los niños de Juan el Bautista y del Adviento, así que échame una mano.

Bueno vosotros podéis llamarme Remi, la abuela Rosa fue mi catequista y la primera persona a la que le conté que quería ser sacerdote.

Hoy he venido a comprar algunas cosas que hacen falta para celebrar la navidad dignamente en mis pueblitos. Pues algunas cosas están muy viejas ya.

Pero lo que más me gusta del Adviento, allí en mis pueblitos de montaña, es que se me llena el confesonario. Las personas van a dejar su alma limpia para recibir a Jesús, lo tienen muy claro y tengo que ampliar el horario de confesiones.

Y vosotros, cómo tenéis el alma de limpia ¿Obedecéis a vuestros Padres? ¿Tenéis el cuarto recogido y limpio? ¿Rezáis todas las noches? ¿Sois cariñosos con vuestros mayores?

Todos agachamos nuestra cabeza pero él nos dijo: Alegraos por que os va a nacer un salvador y ahora ya sabéis qué caminos tenéis que allanar y que sendas tenéis que hacer rectas.

Nos cayó bien, y más cuando nos regaló a cada uno una estampa con José y María en el burro camino de Belén.

Al llegar a mi casa me puse a ordenar mi habitación, recoger los juguetes tirados poner los libros en sus sitio.

Mamá y Papá se sintieron muy sorprendidos pero yo les dije que tenía que allanar el camino y poner recto lo torcido, que el niño Jesús tenía que venir y yo tenía que prepararme muchísimo mejor.

Adviento

Esta semana no hemos tenido cate pero sí tendremos misa de niños el día 8, día de la Inmaculada Concepción, y el domingo. El domingo pasado empezamos el Adviento que, como nos explico la catequista, es preparar el corazón para la venida de Jesús en Navidad.

Pero no por eso nos hemos detenido los peregrinos. Mi abuela, que es muy buena, nos ha invitado a todos a su casa el día 7 de diciembre, como tenemos puente en el cole, todos los papás de mis amigos aceptaron, fue muy divertido.

Cuando llegamos a casa de la abuela vimos que en la mesa del salón había una gran maqueta con montes, un río y un lago; como sabéis el abuelo es un gran artista. La abuela nos dijo que podíamos poner todas las casitas, el puente y elegir el sitio de la anunciación.

¿Abuela y no vamos a poner las figuras?

Claro que sí -dijo la abuela-, podéis elegirlas pero os advierto cada figura de este Belén tiene una utilidad y un valor y, para preparar el corazón para la Navidad, deberéis conquistarlas.

-¿Conquistarlas y eso como se hace?

-Pues haciendo algo bueno cada día, algo especial hoy, después de comer empezaremos.

Todos queríamos poner a la virgen, san José y el niño. La abuela nos dijo que esas las conquistaríamos esta tarde entre todos, pero que el niño no se pone hasta el 24 por la noche.

Luego fuimos eligiendo figuras, yo elegí la lavandera, el pastor que llevaba una ovejita, el panadero, y al rey baltasar,

Fran eligió a Melchor, un señor con una cesta de fruta, el herrero y el carpintero.

Ana eligió a Gaspar, al ángel del portal de Belén, unos niños con instrumentos musicales y una señora que llevaba mucha lana.

Tomás eligió un señor con unos animales que llevaban paja, un viejecito que llevaba leña , el Ángel de la anunciación y una abuelita que llevaba un puchero.

A Herodes y sus soldados no los eligió nadie pero el abuelo que se rió mucho los puso y dijo que ese se las apañaba solo para aparecer.

Entonces la abuela nos explicó que para conquistar las figuras teníamos que hacer cosas muy buenas como preparar los exámenes muy bien, ayudar a los papás en la tareas de casa, ser cariñosos, jugar con los niños con los que nadie quería jugar y rezar muy bien todas las noches. Hicimos una lista cada uno con las cosas que íbamos a hacer para conquistar nuestras figuras; tuvimos que repasarlas porque mi abuela no le valía cualquier cosa, mi lista quedó de la siguiente forma:

Para el rey Baltasar debería añadir a mi oración de la noche un padrenuestro por los cristianos perseguidos, una avemaria por los sacerdotes y un gloria para que haya más vocaciones.

Para la lavandera: dejar recogido mi cuarto y mi cama hecha todos los días y ayudar a secar los platos de la noche.

Para el pastor de la ovejita: preparar y sacar buena nota en los exámenes de la semana que viene.

Y para el panadero: comerlo todo sin rechistar y agradecer la comida.

Ana dijo: –¿Y que pasa si no lo hacemos?

-La figura no estará y fíjate si no hay panadero no tendrán pan, sin lavandera el niño Jesús no tendrá pañales limpios… Si es por un olvido puedes tratar de hacer otra cosa para compensarlo, pero prefiero que no se os olvide nada.

-Y ¿si hacemos algo bueno de más?

-Bueno entonces me lo decís y podéis elegir otra figura. Si es algo pequeño como recoger algo del suelo y tirarlo a la basura podréis conquistar un patito o un perrito y si es algo grande ya veremos.

Después de comer fuimos a la conquista de la Virgen María y san José y fue muy bonito.

Mi abuela tiene una amiga que se llama Concha. Era maestra de joven y nunca se casó, porque estuvo muchos años de maestra de un pueblecito de la montaña. (La abuela fue de sus primeras alumnas). Resulta que esa amiga de mi abuela vive en una casa con otros ancianos porque parece ser que no se acuerda de nada… y se le olvidan las cosas. Y por eso cuando empezó a ver que algo iba mal decidió irse a esa casa. Y que ahora no se acordaba de mucho.

Pero la abuela nos dijo que lo que seguro que no se le olvidaban eran las sonrisas de los niños, así que todos juntos fuimos a verla.

Al llegar allí y vernos se puso muy muy contenta y le contamos cuentos, le dijimos chistes y le dimos muchos besos y abrazos. Cuando salimos una de las chicas que están allí con los ancianos, nos dio las gracias y nos dijo que hacía muchos días que estaba triste, pero que hoy la habíamos hecho feliz.

Pusimos a la virgen y a san José en el portal y estoy segura que nuestro Belén va a estar muy completo. Y, como dice la abuela, nuestro corazón muy bien preparado.

 

Dios no se olvida de nosotros

Hoy en el “cate” hemos hablado de que Dios no se olvida de nosotros. Nos hablaron de los profetas que les recordaban al pueblo de Israel que Dios no les olvidaba y les enviaría al Mesías que quiere decir Salvador.

También hablamos de la Virgen María y de como, gracias a su sí al Señor, pudo nacer Jesús.

Entonces mi abuela nos dijo que hoy los peregrinos íbamos a vivir dos aventuras: una con el profeta Elías y la otra nada más y nada menos que con la Virgen María.

Nos fuimos al pórtico de la iglesia y ahí, en una esquinita, la abuela nos dijo.

-Estamos aquí acompañando al profeta Elías que se tiene que esconder del rey Acab. Un profeta es una persona que lleva un mensaje de Dios a los hombres. El trabajo de Elías no es fácil, porque Acab se ha casado con Jezabel, que tiene a sus dioses falsos, y ha convencido a su marido para acabar con todos los hombres de Dios… Pero no os preocupéis que conseguiremos huir y, cerca de Sarepta, una viuda nos socorrerá.

Caminamos un buen rato por el cerro y llegamos a los columpios, pero mi abuela nos dijo que era Sarepta. Y que una pobre viuda va a preparar, con la ultima harina que le queda, un pan para ella y su hijo. Entones siente dentro que debe ir a ayudar a un hombre y, ¿sabéis que hace?, va a donde está Elías. Éste le dice que el Señor le ha prometido que, si le ayuda, no le faltará nunca harina ni aceite. La viuda lo ayuda, Dios no les abandona y cumple su promesa. Elías, mucho tiempo después, tiene que volver porque hay una gran sequía en el reino de los judíos.

Elias va ha hablar con Acab y le propone algo una apuesta. Se levantarán dos altares: en uno los sacerdotes de Jezabel pondrán un animal para sacrificar; si consiguen que arda y se consuma sin prenderle fuego habrán ganado la apuesta. Si no lo consiguen, él hará su ofrenda en el otro altar  y arderá y se consumirá sin prenderle fuego. Después de esto, y si se arrepienten por haber olvidado a Dios, vendrá  la lluvia.

¿Sabéis que pasó?, pues que Elias ganó. Los otros, por mucho que danzaron y cantaron, no consiguieron nada y Elías sólo se lo pidió a Dios y Dios hizo el resto. Los judíos se arrepintieron y llovió.

Dios tuvo que enviar a muchos otros profetas pero eso queda para otro día.

Porque quiero llevaros a la capilla de los Remedios… Esto… a Nazaret, donde veremos algo precioso: el sí de una joven a Dios.

En cuanto llegamos, mi abuela nos dijo:

¡Mirad!  Ahí está la Virgen María, sentada y, fijaros, llega el Ángel Gabriel…

Dios te Salve María, el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué saludo era ese.
Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia ante Dios.
Concebirás en tu seno, y darás a luz un hijo, y le llamarás JESÚS. Será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.
Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y su reino no tendrá fin.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.
Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y te cubrirá con su sombra; por lo cual el que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Isabel, tu parienta, ha concebido un hijo en su vejez; y está en el sexto mes la que llamaban estéril. Porque nada es imposible para Dios.
Entonces María dijo: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. Y el ángel partió.

Fijaos lo que el ángel le dijo lo rezamos siempre en el Ave María.

Cuando mi abuela nos explica las cosas es casi casi como si las viéramos y, cuando el Ángel se fue, me pareció que la virgen nos sonreía.

Al ir a dormir, le conté a mi mamá que la virgen me había sonreído cuando me estaba imaginando la anunciación que nos contaba mi abuela. Mi mamá me dijo que María nos cuida siempre desde el cielo, que quizás quiso sonreírnos y que, como somos niños, aún somos capaces de ver su sonrisa.

El símbolo de Alianza

Hoy hemos aprendido muchas cosas de Dios y hemos hecho algo muy bonito, pero para que lo podáis entender os voy a resumir lo que aprendimos.
Dios, a Adán y Eva, les prometió que nos enviaría un Salvador y luego renovó esa promesa con Noé y, a través de él, hizo con los hombres una alianza y la sello con el arco iris. Mi abuela nos ha dicho que cada vez que veamos un arco iris debemos acordarnos de que Dios cumplió su promesa.
Para que no se nos olvidase, se lo recordó a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés y luego fue enviando a jueces, profetas y reyes.
Antes de nacer Jesús algunos se habían olvidado de la promesa de Dios, pero los esenios se preparaban para la llegada del Salvador. De entre ellos Dios escogió a Joaquín y a Ana para que fueran los padres de María y, como Dios quería que fuera la madre de Jesús, la preservó del pecado original.
¿Sabéis? Dios le preguntó a la Virgen María en la anunciación si quería ser la madre de Jesús y ella, aunque sabía que eso además de alegría le iba a traer mucho sufrimiento, le dijo: “He aquí la esclava del señor hágase en mi según tu palabra”. Y, gracias a ella, llegó la salvación, o sea Jesús, al mundo.
Cuando hablamos de todo esto con mi abuelita, ella nos dijo que a cada uno de nosotros nos corresponde pensar como queremos responder a nuestra alianza con Dios esta semana y que pusiéramos un gesto concreto, porque cuando Dios hizo la alianza, no la hizo en general, sino que la hizo con cada uno de nosotros. Y ese gesto sería un símbolo de que nosotros aceptamos esa alianza. Y no vale cualquier cosa tiene que ser algo que nos cueste trabajo y esfuerzo.
Tomás dijo que, rezando todos los días, Fran dijo que ayudando en casa, Lucia que siendo buena con los demás, Ana que llevando cariño a las personas mayores y yo… Yo me quede callada y entonces mi abuela me pregunto qué porqué no decía nada.
-Abuela a mí me encantaría hacer todo eso pero no puedo, no soy buena con las promesas. Cuando mamá me regaña siempre le digo te prometo que no lo volveré a hacer y luego…
Entonces mi abuela dijo que cuando nos costaba mucho hacer algo siempre, siempre podemos pedirle ayuda a nuestra madre del cielo: la Virgen María.
¿Y cómo le pedimos ayuda a la Virgen?
Pues yo pienso que deberíamos consagrarnos a la virgen nos dijo mi abuela. En seguida le dijimos que sí y entonces fuimos a la iglesia y mi abuela nos llevó a donde esta la Virgen de Covadonga. Nuestra abuela nos entregó a cada uno una estampa con la consagración a la virgen y todos juntos la hicimos.
O Señora mía. O madre mía,
yo me ofrezco todo a ti
y en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día
Mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón.
En una palabra, todo mi ser
ya que soy toda tuya o madre de bondad
guárdame, defiéndeme y utilízame
como instrumento y posesión tuya
Amén.
Después de rezar la consagración ya me sentí con fuerzas para ofrecerle al Señor mi símbolo de mi alianza y se lo dije a mi abuela.
Entonces nos fuimos al sagrario y uno a uno hicimos la genuflexión y después le ofrecimos al señor nuestro símbolo de alianza.
Al llegar mi turno yo le dije: Señor como símbolo de alianza yo te ofrezco no mentir.
No os lo vais a creer, pero cuando salimos de la iglesia ya no llovía y pudimos ver un bonito arcoíris.
Lo difícil fue luego al llegar a casa, porque mi mamá pregunto que quien había empezado las galletas y las había dejado medio tiradas por ahí… y claro en ese momento tuve que bajar la vista y confesar que había sido yo y pedirle perdón a mi mamá.
Tuve que ayudarla a limpiar todas las migas y demás, pero cuando lo hacía sentí que la Virgen María me había ayudado y que a Dios le había gustado mi símbolo de alianza.

¿Qué hacemos un día como hoy una parroquia como la nuestra? Convivencia y Amagüestu

Pues somos una parroquia que esta viva y es activa…muy activa.

Antes que empiecen todas las actividades de Adviento y Navidad nuestros estupendos, increíbles  y maravillosos chicos  de perseverancia han tenido una convivencia en la Quinta, que luego enlazaron con el Amagüestu del catecismo.

Lo hemos pasado genial, nadie se pudo resistir a bailar al ritmo de las canciones de la Hermana Sueli…fue superdivertidísimo.

Como una imagen vale mas que mil palabras, aquí están los vídeos…¡pero que guapos están todos!

Y el del Amagüestu:

¿Me perdonas?

La verdad es que esta mañana me levanté bailarina y claro cuando me levanto bailarina es que tengo que bailar por toda la casa. Lo malo es que, sin querer, estaba haciendo un giro cuando rompí el jarrón favorito de mamá. Mi abuela me miró muy seria pero no le dio tiempo a reñirme mucho por que teníamos que ir ya al cole, pero sé que esta tarde, cuando llegue, mamá me va a reñir mucho, que si tengo que estarme quieta…, que si hay que tener cuidado con las cosas…

Menos mal que hoy tuvimos catequesis. Allí la catequista nos contó como Dios había puesto a Adán y Eva en el paraíso donde eran felices y tenían todo lo que podían necesitar. Sólo les puso una norma: no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Entonces el demonio les engaño y les dijo que si comían de él serían como Dios y que no morirían. Y vaya, le desobedecieron. Dios se puso muy triste y los echó del paraíso pero les prometió que nos enviaría un Salvador. Y desde entonces los hombres nacemos con el pecado original.

Ese Salvador es Jesús y viene a salvarnos de la esclavitud del pecado, sabéis, y yo entendí perfectamente eso de la esclavitud del pecado porque, como yo esta mañana había desobedecido bailando donde no debía y sin cuidado, me sentía muy mal.

La catequista nos explicó que cuando pecábamos eramos nosotros los que nos alejábamos de Dios y que Él estaba esperando a que le pidiéramos perdón para perdonarnos.

También nos explico que por el sacramento del Bautismo se nos limpia el pecado original y pasamos a ser lo más importante que se puede ser: Hijos de Dios.

Nos contó algo muy bonito y es que cuando los hombres se bautizaban entraban en el río para “dejar” allí sus pecados, pero que cuando Jesús se bautizo, como Él no tenía pecado, entró en el río para llevarse todos nuestros pecados. Y que en el bautismo además de el pecado original se nos perdonaban los pecados cometidos hasta ese momento.

Entonces, claro, yo tenía que hacerle una pregunta a mi catequista y levante la mano. Cuando me tocó el turno, le expliqué.

-A ver… es que me bauticé de bebé, lo sé, que vi las fotos… y vaya… es que es posible que yo haya hecho algo desde entonces que enfadase a Dios o a mis papas… algo como… sin querer desobedecer a mi mamá y bailar donde no debía y romper un jarrón muy bonito de mi mamá y claro yo no quiero estar con pecado y a mi ya no me pueden bautizar otra vez…

Mi catequista sonrió y me dijo que, para eso, Jesús nos daba el sacramento de la confesión y que, al año que viene, antes de hacer la primera comunión, nos prepararíamos para él y lo recibiríamos y se nos limpiarían nuestros pecados.

Pero yo no quiero estar “sucia” tanto tiempo, que yo, el jarrón, lo rompí hoy.

Mi catequista me dijo entonces que mi pecado, como no era muy gordo, era un pecado venial y que lo que tenía que hacer era pedirle perdón a mi mamá. Luego me dijo que, para pedirle perdón a Dios, podía hacer el acto de contrición, que lo tenía al final en el libro, donde las oraciones.

Cuando salimos mi abuela nos dijo:

-Queridos peregrinos hoy vamos a ir al templo de Jerusalén, mirad aquí tenis el templo.

Estabamos en frente de la Basílica de el Sagrado Corazón pero, como sabemos que tenemos que usar la imaginación, no dijimos nada.

-Y veis -nos dijo muy bajito al entrar- Jesús esta enseñando a la gente -miramos para el ambón (que es desde donde se hacen las lecturas)- hay mucha gente y fijaos ahora le traen a una señora que ha hecho algo muy malo. Y le dicen a Jesús que según la ley tienen que apedrearla, que qué hacen con ella.

Entonces Jesús les dice: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” y fijaos: se pone a escribir en el suelo. Mirad la multitud furiosa que quería apedrearla se van yendo, empezando por los mas viejos.

Entonces mi abuela nos preguntó que si nosotros podríamos tirar esa piedra… y todos nos pusimos un poco colorados y le dijimos que no. Ella nos dijo que ella tampoco podía. ¡Vaya abuela pero si tu eres muy buena!

Entonces siguió mi abuela: Jesús la mira y le dice :¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Cuando llegamos a casa mi mamá estaba muy seria y muy triste, entonces yo le dije:

-Mamá, esta mañana te he desobedecido y he bailado donde sé que no se puede y te he roto el jarrón. Sé que estuvo mal y no quiero hacerlo más. ¿Me perdonas?

Entonces mamá me dijo que tenía que tener mucho más cuidado y escucharla cuando me dice las cosas y me dio un abrazo y un beso.

Luego al rezar de noche le pedí que si podíamos rezar juntas el “Señor mio” por que quería que Dios me perdonase lo del jarrón y todas las otras cosas malas que yo había hecho y todos juntos dijimos:

Señor mío, Jesucristo,
Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío,
por ser vos quién sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Cuando mamá me dio el beso me imaginé que Jesús me decía: Yo tampoco te condeno vete en paz y no peques más.

Creó al mundo por Amor

Hola amigos esta semana los peregrinos hemos hecho muchas cosas, incluso hemos ido a un museo.

La cosa empezó a la salida de la catequesis cuando le contábamos a la abuela lo que nos había dicho nuestra catequista. En ese momento, mi abuela se sonrió y nos dijo que hoy los peregrinos íbamos a hacer unas cuantas cosas.

Lo primero de todo nos llevó a un museo que hay aquí cerquita de la parroquia, que es el museo de la casa natal de Jovellanos, y allí nos invitó a ver los cuadros y las esculturas que hay.

Hicimos un juego, ella quería que tratásemos de averiguar cosas del autor a través de sus obras.

En algunas era fácil pues eran escenas de aquí, de Asturias, y de épocas concretas. En otras, más oscuras, como un mar muy bravo, nos dimos cuenta de que el autor debía estar triste o enfadado. Algunas esculturas no las entendimos, pero vimos que a su autor le habían costado esfuerzo.

Cuando llegamos al último piso nos esperaba la sorpresa más grande de todas, una talla muy bonita de madera que tiene a mucha gente: El retablo del mar.

Fran dijo: Abuela cuanto trabajo ha hecho este hombre, cada vez que lo miro descubro algo nuevo.

Mucho cariño les tenía que tener a toda esta gente para hacer todo ese trabajo, dijo Lucía

Halaaa– exclamó Tomás. Si resulta que lo hizo dos veces, una de joven y otra de mayor, mirad lo explica aquí. Resulta que el primero se lo destruyeron. ¡Qué triste tuvo que estar!

Entonces la abuela sonrió y nos llevo a un sitio donde, el abuelo y unos amigos, estaban construyendo un belén muy grande. Y vimos con qué esfuerzo estaban haciendo las casitas, poniendo las luces. ¡Cuánto cariño le ponían!

Después, la abuela nos dijo que nos iba a llevar a contemplar la obra de arte mayor de todas y al Artista al que todos los demás imitaban.

Nos sacó otra vez a la calle y nos hizo ver el mar y las estrellas, porque ya se hacía de noche . La noche estaba muy clara y contemplar el mar en calma, las estrellas, los montes, fue muy bonito. Entonces la abuela nos dijo: el universo es la obra del artista más grande de todos, que es Dios, y que lo creó por amor y por amor a cada uno de nosotros y que, como quiere y puede, hace las cosas a lo grande.

Y no olvidéis niños que ese gran artista os quiere y os conoce y ha puesto en cada uno de vosotros unos dones maravilloso, no le dejéis solo, hablad cada noche con Él.

Al llegar a casa hablé con papá y mamá de todo esto y, entonces, me acordé de que la catequista nos había hecho un regalo, un regalo que ya es un milagro de Dios en sí: una haba. Nos dijo que si la plantábamos con nuestra familia podríamos ver como crecía. Y ver las maravillas tan grandes que hace Dios. Y la plantamos.

Cuando me daban el beso de buenas noches, después de rezar, yo le dije a mi madre que acababa de descubrir algo muy bello que Dios había hecho y que ningún artista sería capaz nunca de reproducir: La sonrisa de mi mamá y ¿sabéis qué? papá me dio la razón.