Mi primera comunión

¡Ya recibí a Jesús! ¡Ya hice mi primera Comunión!

Voy a contároslo todo desde el principio, todo lo que pasó esta semana.

El último día de catequesis, en la capilla me puse un poquito triste: me dí cuenta que era la última vez que íbamos a estar todo mi grupo rezando juntos con mi catequista. Pero ella nos recordó que Jesús nos está esperando en cada iglesia, en cada sagrario, para que nos acerquemos un rato a hablar con Él.

En el grupo hablamos de que la primera comunión no es el final, sino el un acontecimiento muy importante en el camino al lado de Jesús, que iniciamos con nuestro Bautismo. En cada comunión recibimos a Jesús que se entrega por nosotros y alimenta nuestra alma, pero ese camino sigue a lo largo de toda nuestra vida.

Aunque la voy a ver en el ensayo y el día de la comunión, al terminar la catequesis le dí un abrazo muy fuerte a mi catequista, que nos a enseñado mucho durante estos dos años.

El jueves. en el ensayo, hicimos muchas cosas, nos sentamos en los sitios que íbamos a ocupar, vimos en que momento teníamos que salir, leímos lo que había que leer… pero lo que más me gustó fue cuando ensayamos la comunión con una forma sin consagrar, ¡sabe igual pero no es lo mismo! Nos hablaron de lo importante que es hacer un momento de oración cuando recibamos a Jesús.

Y por fin llegó el domingo. Me desperté un poco inquieta, tanto que en vez de llegar  a las 11:30 a las 11 ya estábamos en la puerta de la iglesia. Mi vestido es muy bonito, es el mismo que llevo mi mamá y que mi abuela me arregló.

En seguida llegó también mi abuela y los otros “peregrinos” estábamos nerviosos, pero mi abuela nos recordó que ya habíamos estado en el banquete de Jesús cada domingo, que había que estar tranquilos, aunque hoy estábamos invitados también a participar del banquete, el importante hoy es Jesús.

Entramos en dos filas y los papás nos aplaudían. Cuando llegué a mi sitio me acordé de las palabras de mi abuela, “hoy el importante es Jesús” y me tranquilicé. Todo iba saliendo muy bien. Me gustó el momento de la renovación de las promesas del Bautismo, ahí estábamos con nuestra vela diciéndole que sí a Jesús.

En el momento de la consagración me fijé especialmente y, al decir “Jesús, tú te entregaste por nosotros“, sentí que Él estaba ya aquí.

Cantamos el padrenuestro unidos de las manos y, después del momento de la paz, llegó el momento de mi primera Comunión. Recibí a Jesús y me puse muy feliz. Después de comulgar, le pedí a Jesús que cuide de mis papás y abuelos y le pedí que los peregrinos sigamos juntos. Le pedí por mi catequista, mis compañeros, los profes del cole… Pensé que le estaba pidiendo muchas cosas, pero dentro de mi sentí que Jesús me invitaba a seguir pidiendo. “No te canses de pedir que yo no me canso de dar“. También le di las gracias por todo.

Una vez que se acabó la ceremonia, le pedí a mamá que me diese el recordatorio que tenía preparado para mi catequista. En la parte de detrás, con mi mejor letra, le había escrito: “Gracias por contarnos tantas cosas tan bonitas de Jesús. Te quiero mucho“. Se puso muy contenta cuando se lo di.

Luego nos reunimos los peregrinos y le dijimos a mi abuela que queríamos seguir siendo peregrinos, así que Fran, Tomás Alicia, Silvia y yo vamos a apuntarnos a Perseverancia. Mi abuela va a seguir acompañándonos.

Ha sido un día muy especial. Y el domingo que viene ¡volveré a recibir a Jesús!

Muchas gracias a vosotros por leerme durante estos dos años y acompañarme. 

Nos vemos 🙂

Clara

 

En casa de mi padre hay muchas moradas

Mi catequista nos ha hablado de la Virgen y de los santos. Todos hemos comentado los que conocemos.

San Pedro que es el patrón de Gijón. Nuestra señora de Covadonga que es la Patrona de Asturias y que es la virgen María, nuestra catequista nos dijo que todas las advocaciones de la virgen son María pero que, como la queremos tanto, le damos nombre y vestido diferentes.

Empezamos, después, a decir otros nombre de santos, San Antonio, Santa Rita, Santa Barbara, San Juan, Santa Clara , San Francisco, el padre Pio…

Hay muchísimos y nuestra catequista nos dijo que todos los santos, a partir de un punto en sus vidas, hicieron siempre la voluntad de Dios y que todos nosotros teníamos que tratar de ser santos; yo lo veo muy difícil la verdad…

Al salir, la abuela nos dijo que hoy nuestro peregrinar nos iba a llevar  al Cenáculo.

Para nosotros el cenáculo está en la capilla “Panis Vitae” de nuestra iglesia y allí fuimos, tras hacer el saludo al Señor nos sentamos y la abuela nos dijo:

-Mirad peregrinos Jesús ya les ha lavado los pies a sus discípulos y le ha hablado a Pedro de que le va a negar. Les dice:

«No os inquietéis. Creed en Dios y creed también en mí.

En la Casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo habría dicho. Yo voy a prepararos un lugar.

Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevaros conmigo, a fin de que donde yo esté, estéis también vosotros.

 Ya conocéis el camino del lugar adonde voy».

Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?».

Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

-Por eso, niños, si seguimos a Jesús, si hacemos lo que él nos pide, seremos felices ahora y también nos preparará un sitio en el reino de los Cielos. ¿Y cual fue el mandamiento nuevo que nos dejó Jesús?

-Amaos los unos a los otros como yo os he amado- Dijimos todos a la vez.

Al salir le dije a la abuela:

-Vale abuela, hacer la voluntad de Dios es querer a los demás como Jesús nos quiere, pero nosotros no somos capaces de hacer los milagros que el hacía, es muy difícil saber qué es lo que tenemos que hacer.

-No tan difícil -dijo la abuela-, creo que vamos a ir a ver a unos amigos.

Sacó su teléfono, hizo una llamada y luego nos dijo:

-Venid que vamos a conocer a un matrimonio amigo mio.

Llegamos a casa de unos señores de la edad de mi abuela, más o menos. Estos señores estaban muy felices y en su casa olía muy bien: en la cocina la señora tenía una olla muy grande, eran albóndigas. Con mucho cuidado fueron rellenando 15 tuppers con las albóndigas y en 15 bolsitas ponían las albóndigas, un bollo de pan, un botellin con agua y una naranja 

La señora nos dijo:

-Así que queréis saber como se descubre lo que quiere Dios de nosotros, ¿eh? Bueno pues en mi caso fue gracias a mi marido que ahí lo tenéis.

El sonrió y se sonrojo un poco pero luego nos dijo:

-Veréis me acababa de jubilar y, como me aburría, no sabía muy bien que hacer. Entonces salimos a pasear mi señora y yo. Al atardecer vi que en muchos sitios: cajeros, bancos de parque y demás había gente que no tenía donde ir. Al principio trataba de convencerles para que fueran al albergue Covadonga, pero me di cuenta que no querían. Luego, al llegar a casa, vi que nosotros sí teníamos que cenar y ellos no. Al principio empezamos llevándole un poco de comida y conversación a uno a dos y bueno ahora ya vamos por 15. Nosotros damos nuestro paseo y les llevamos la comida y charlamos con ellos y vemos su cara de felicidad, como dijo Jesús: aquello que hagáis por esos mis hermanos más pequeños por mi lo hacéis.

Nos ofrecimos para ayudar con las bolsas y dimos el paseo con ellos. Se les veía tan felices cuando entregaban la comida y hablaban con los pobres.

-Como veis -dijo la abuela-, se trata de hacer felices a los demás. Empezad hoy por casa: sonriendo, haciendo vuestra tarea, ayudando a los papás.

Al despedirme de la abuela, le dije:

-Gracias abuela por crear los peregrinos, eso también es la voluntad de Dios seguro, porque cuando estás con nosotros, veo la misma sonrisa de ese matrimonio y la sonrisa de mi catequista, seguro que es la sonrisa de Dios.

Mi abuela me dio un gran abrazo. Luego hice los deberes, puse la mesa y casi me escaqueo a la hora de secar los platos, pero me acordé y ayudé. Cuando lo hice, mis papás estaban muy felices.

La fiesta del perdón

Tengo muchísimas cosas que contaros: ayer hubo una fiesta muy grande en el cielo. ¿Qué como lo sé?

Pues porque mi catequista nos dijo que, cuando un pecador se arrepentía, había fiesta en el cielo y ayer nos confesamos los niños que vamos a comulgar en el mes de mayo.

Pero primero os contaré que la semana anterior nuestra catequista nos explicó de qué iba lo del sacramento de la Reconciliación. Nos dijo lo siguiente:

-Imaginaros que habéis desobedecido a vuestros padres y os dais cuenta de que, por vuestra desobediencia, están tristes… ¿qué hacéis?

-Pues le pedimos perdón -contesté yo.

-Como Dios quiere mucho también a vuestros padres, Él también sufre y, para pedirle perdón a Él, nos dejó el sacramento de la Reconciliación, que también se puede llamar de la Penitencia o Confesión.

-Y Dios, ¿lo perdona todo?

-Si, Dios quiere perdonarlo todo, pero para estar seguros de que la confesión es válida, se tienen que cumplir las siguientes condiciones.

1.- Examen de conciencia: Eso es pararse a pensar en todas cosas que hemos hecho mal, que han ofendido a Dios, verlas una a una. Para prepararlo podemos fijarnos en los mandamientos, pero también en esas cosas que nuestra conciencia nos dice que no están bien. Por ejemplo, si le di una mamá una mala contestación y me doy cuenta que no ha estado bien.

2.- Dolor de los pecados: Pienso que hubiera sido mejor no hacerlos, me arrepiento de haberlos hecho. En el ejemplo de antes, me doy cuenta de que mamá se ha puesto triste por mi mala respuesta y me doy cuenta de que no quería disgustarla.

3.- Propósito de la enmienda: No querer hacerlo nunca más. En el ejemplo de antes, es proponerme no volver a contestarle mal más a mamá.

4.- Decir los pecados al confesor: Los que son muy gordos son los pecados mortales y hay que confesarlos siempre. Para que un pecado sea mortal tienen que tener:

  • Materia grave. Es decir, que van contra los mandamientos de forma muy grave.
  • Pleno conocimiento. Sé que lo que estoy haciendo es muy malo y ofende a Dios.
  • Pleno consentimiento. Es decir, que no lo hago en contra de mi voluntad.

No podemos comulgar si estamos en pecado mortal.

Los pecados veniales, debo de confesarlos todos, aunque si no confieso alguno la confesión sigue siendo válida pero es mejor que los digamos.

No debemos tener miedo a decir los pecados al sacerdote, pues no pueden decirles nuestros pecados a nadie, eso se llama secreto de confesión. Además nos comprenden muy bien porque ellos también han cometido pecados.

5.- Recibir la absolución: El sacerdote puede negarnos la absolución si considera que alguna de las condiciones anteriores no se da, o en caso de un pecado muy, muy, muy grande .

6.- Cumplir la penitencia: El sacerdote nos va a pedir que recemos u a oración o hagamos alguna cosa que nos ayude a reparar nuestras faltas.

Después nos explicó muy bien cómo se confesaba uno, el examen de conciencia que venía en el libro y nos recomendó que hiciéramos en casa nuestro examen de conciencia.

Al llegar a casa le dije a mamá que si me ayudaría a hacer el examen de conciencia y me dijo que si. Juntas íbamos leyendo las preguntas y yo, tras las explicaciones de mamá, fui apuntando muchas cosas. Me puse un poco triste. Mamá me dijo que estaba muy bien darnos cuenta de lo que tenemos que mejorar, pero que también tenemos que pedirle ayuda a Dios para mejorar y tratar de no volver a hacerlo más.

Así que el viernes fuimos la la iglesia y allí tuvimos un acto muy bonito que había preparado nuestro párroco. Cuatro de nuestras catequistas, haciendo diferentes papeles, leyeron la parábola de la oveja perdida. Una historia muy bonita de una oveja que se equivocó de camino. Pero Jesús, que era su pastor, no paró hasta encontrarla.  ¡Qué alegría cuando la encontró!

Don Javier nos leyó algunas preguntas del examen de conciencia y pedimos perdón por algunas de ellas.

Llegó el momento importante el de la confesión yo estaba muy nerviosa pero luego todo fue muy bien y, cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí muy contenta.

Y luego fuimos a la capilla donde está el sagrario y a Jesús le rezamos la oración que nos pusieron de penitencia. Con los nervios, no me acordaba muy bien, pero las catequistas nos ayudaron. Era mi primera confesión…¡He recibido otro sacramento!,¡y por primera vez! otro regalo de Jesús, y ya está todo listo para recibir a Jesús en mi corazón.

Papá y mamá fueron también y se confesaron. Luego fuimos al centro parroquial y me dieron un paquete de ¡¡¡¡CHUCHES!!!!. Tomamos unos refrescos. Fue muy bonito.

Voy a procurar ir a confesar cada mes y tratar de ser mejor cada día.

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El niño del remedio

Hay algo que aún no os he contado. ¡Soy de la cofradía del Niño del Remedio!. Nos reunimos una vez al mes con el Niño del Remedio y nos hemos estado preparando para la Semana Santa!. ¿Y sabéis que? en la procesión del Domingo de Ramos voy a poder llevar las andas.

Bueno a lo mejor no sabéis lo que son unas “andas”. Yo tampoco lo sabía pero ahora si lo sé: es como una camilla de madera, con unas almohadillas en las varas para apoyarlas en los hombros y que no nos hagan daño. El Niño no va tumbado sino de pie y nosotros lo llevamos entre unos cuantos niños, este sábado hemos ensayado un montón.

Nos explicaron muy bien nuestras Hermanas mayores por qué en la cofradía no se dice catequistas sino Hermanas mayores, lo que teníamos que hacer y obedecimos muy atentos. Somos como unos 30 niños. Al principio nos despistamos un poco pero en cuanto nos pusieron música y tocaron el tambor lo hicimos muy bien.

El viernes y el sábado que viene volveremos a ensayar y el domingo ¡¡¡Salimos en la procesión!!!

Salir en la procesión es salir a pasear con Jesús, en nuestro caso, con Jesús cuando era Niño como nosotros, y nosotros le llevamos y le acompañamos como cuando iba con sus padres a Jerusalén.

Y nos van a poner unas túnicas rojas porque, como somos cofrades, vamos todos igual. Los cofrades somos hermanos de la cofradía. Ya tengo muchísimas ganas de que llegue el Domingo y salir en la procesión con el Niño del Remedio.

Aqui el video de la procesión:

Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad

Algunas de mis compañeras de catequesis están todas revolucionadas. Han ido a comprarles el vestido de su primera comunión, las fotos, la peluquería y el restaurante… y, es curioso, porque a mi en casa nadie me ha dicho nada de todo esto.

Así que, antes de ir al cole, le conté a mamá que mis amigas hablaban en estas cosas, que a mi me gustaría saber que vestido iba a llevar yo… pero, cuando ella me iba a contestar, llegó el autobús y ya no dio tiempo a hablar de ello.

Al llegar a la catequesis hablamos de la primera comunión y nuestra catequista nos preguntó por los preparativos que estábamos haciendo. Todos decían muchas cosas y a mi me daba un poco de vergüenza porque yo, que normalmente lo contesto todo, no tenía nada que decir. Entonces nuestra catequista nos hizo una pregunta sorprendente.

-Y, ¿cómo vais a preparar vuestra alma?

Nadie contestó.

-Recordad -dijo nuestra catequista- que ese día vais a recibir a Jesús, el pan ya no será pan y el vino ya no será vino, se transformarán en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo.

Tomás tenía cara de preocupado, así que la catequista explicó que el pan seguía sabiendo a pan y el vino seguía sabiendo a vino, pero que se obraba en cada eucaristía el milagro de la transubstanciación.

-Todo tiene accidentes, que es lo que se ve, y substancia, que es lo que realmente es -nos lo explico con un ejemplo.- Si Tomás se viste de Supermán por afuera puede parecer Supermán pero la sustancia, lo que importa, sigue siendo Tomás.

Es por tanto a Jesús, con su cuerpo, sangre alma y divinidad, al que vamos a recibir el día de nuestra comunión, irá a nuestra alma y tendremos que tenerla preparada y limpia. Para ello recibiremos antes un sacramento muy importante del que ya hemos hablado.

-Es la reconciliación -dije yo- muy contenta.

-Si -dijo nuestra catequista-, así como nuestro cuerpo necesita comer nuestro alma necesita de la eucaristía y así como nuestro cuerpo necesita que nos duchemos, nuestro alma necesita de la reconciliación. Además, como queremos que Jesús sea nuestro mejor amigo, tendremos que hablar mucho con él y eso, como bien sabéis, se hace con la oración.

A la salida, cuando le contamos todo esto a la abuela, nos dijo que los peregrinos nos poníamos en marcha y que íbamos a ir a dos sitios.

Primero nos sentamos en los bancos que hay en Campo Valdés, enfrente de la iglesia, y nos dijo que nos imaginásemos a mucha gente escuchando a Jesús que les dice:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir entre ellos:
—¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo:
—En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.  Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.” 

-Fijaros que regalo tan grande es la eucaristía: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”. De aquella no le entendieron mucho, pero ahora vamos a ir a otro momento muy posterior  y vamos a ir nada más y nada menos que al cenáculo.

Así que fuimos andando y no estaba muy lejos (era la capilla de los Remedios).

-Bien peregrinos, veis el altar, pues ahí esta Jesús con los doce y ahora les dice:

“Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.

Los apóstoles empezaron a decir: ¿Seré yo?.  y Jesús les dice : «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato.” 
“Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios. Haced esto en memoria mía.”

-Veis niños el regalo tan grande que vías a recibir ese día: a Jesús en cuerpo sangre, alma y divinidad y la vida eterna.

Cuando llegue a casa le dije a mamá que ya no estaba preocupada por mi vestido, que estaba más preocupada con rezar todos los días y preparar la reconciliación para llevar mi alma muy bien preparada. Entonces ella sonrió y me dijo.

-¡Qué bien!, has descubierto lo verdaderamente importante. Pero, como también tendrás que llevar algún vestido, he pensado en que quizás te gustaría llevar el mío.

También me dijo que si quería comulgar de túnica o con mi ropa o dejar que alguien me regalase un vestido nuevo.

-¿Puedo ver tu vestido antes de decidirme?

Me llevó a su cuarto y lo tenía allí preparado en una percha que colgaba de la lámpara. Es un vestido realmente bonito y precioso, blanco, con encajes…

-¡¡Me  encanta!! quiero tu vestido, mamá.

-Pues este vestido me lo hizo tu abuela y seguro que estará encantada de arreglártelo para que te quede perfecto. Y tu tía Elena te va ha hacer una corona de flores muy bonita. Tus fotos te las hará la tía Laura, pero en la iglesia no ya cogeremos alguna de las del fotógrafo. Y si te preocupas del banquete haremos una paella para todos en el prado de la abuela si hace sol y si no pues en su salón.

Me parece que va a ser una primera comunión fantástica. Esta noche al rezar toda la familia junta, le di gracias a Jesús por el regalo tan grande de recibirle y por la familia tan estupenda que tenía.

Por mi y por ti

Estábamos en la capilla y entonces me fijé en Jesús en la cruz y en ese momento quise ir a curarle y a consolarle. Sé que es una escultura, pero sé que representa lo mucho que tuvo que sufrir Jesús.
Mi catequista se dio cuenta de mi tristeza y me preguntó:
¿Qué tienes, por qué estás tan triste, qué te ocurre?
Quisiera ir y curarle, quisiera consolarle. ¿Por qué está así?,-le contesté.
Mi catequista entonces me miró con dulzura y nos dijo:
 -Está así por mí y por ti.
Voy a tratar de explicároslo, pero para ello tengo que hablaros de algo que pasó hace mucho tiempo, quizás en el principio del tiempo.
Dios, que es amor, con amor creó a unos seres espirituales, dotados de inteligencia y voluntad y también de una gran belleza. Los llamó ángeles.
Resultó que uno de esos ángeles, el más bello, se creyó superior a Dios y creyó que no lo necesitaba más y rechazó radical e irrevocablemente a Dios. Y apareció el pecado. Con él arrastró a unos cuantos ángeles, pero no a la mayoría que siguen con Dios.
Al alejarse de Dios, por soberbia, se alejaron del Amor. Y, desde entonces, son llamados demonios.
Dios, por amor y con amor, siguió creando más seres y así creó al hombre y a la mujer.
Entonces en el demonio surgió la envidia y trató de alejar al hombre de Dios, hizo que le desobedeciera y no sólo eso, sino que hizo que el hombre y la mujer se sintieran sucios, culpables e indignos de estar al lado de Dios, porque el demonio no soportaba que Dios amase al hombre y que el hombre amase a Dios.
También intenta hacernos creer que la muerte es el final de todo.
Por eso, Dios nuestro Señor, decidió hacerse humano como nosotros. Así apareció Jesús. Por eso decimos que Jesús es tan Dios como el Padre y tan humano como nosotros. Jesús  vivió con nosotros para vencer a la muerte, al demonio y al mal.
Jesús nos mostró lo mucho que Dios nos ama, que nos perdona siempre, que siempre está con nosotros y que por nosotros lo da todo, hasta la propia vida.
El demonio tentó e hizo todo lo que pudo para que los hombres hiciesen padecer y sufrir a Jesús hasta llevarle a la muerte. Pero se equivocó.
Jesús, por amor a Dios y a los hombres, se entregó, con sufrimiento y dolor, pero voluntariamente. Él podría haber destruido a sus enemigos sin más, pero, por amor, padeció sufrió y murió. Pero no se quedó en el sepulcro.
Y por amor también resucitó al tercer día, venciendo a la muerte, al pecado y al mal, demostrándonos lo mucho que nos ama. Y ahora está vivo y podemos comunicarnos con Él. Aunque el demonio nos tiente, Él puede más y, aunque por el pecado nos sintamos muertos y lejos de Dios, si le pedimos perdón de corazón, Él nos volverá a la vida. Después de la muerte, si hemos aceptado la salvación que Él nos da, estamos salvados y viviremos felices con Él eternamente.
En cuanto a qué podemos hacer por consolarle, creo que podemos hacer muchas cosas, la primera aceptar y agradecer su salvación, la segunda tratar de quitar las cosas malas que tenemos (envidias, caprichos, egoísmos, en resumen, faltas de amor) la tercera hacer pequeñas obras buenas, obras de amor y ofrecérselas a Él.
Para que se las podamos ofrecer, la catequista nos ha traído una cruz de cartulina que está hueca. Cada semana nos va a dar unos papelitos donde vamos a apuntar las cosas buenas que hacemos. En la catequesis arrugaremos el papelito y lo pondremos dentro de la cruz.
Voy a empezar desde hoy a hacer muchas cosas buenas para demostrarle a Jesús lo mucho que lo quiero.

Dios nos perdona Siempre

A Jesús le gustaba explicar las cosas con unas historias que eran como cuentos que se llamaban parábolas, esta semana en la catequesis nos explicaron la del hijo prodigo. Era de un chico que tenía mucha prisa en marcharse de su casa y le pidió a su padre que le diese el dinero de la herencia porque se iba a marchar.

Su padre se lo dio y el hijo se lo gastó todo en fiestas, mientras tenía dinero no le faltaba gente a su alrededor. Cuando se le acabó ya nadie quería saber nada de él. Pasó mucha hambre y se dedicó a cuidar los cerdos de otro señor. Como pasaba hambre y necesidades decidió ir al encuentro de su padre y decirle “Padre he pecado contra el cielo y contra ti no merezco ser llamado hijo tuyo”.

Cuando aún estaba lejos de su casa, miró hacia allá y vio a su padre que estaba esperando su regreso, nada más verle su padre le dio un abrazo y le hizo una fiesta. 

El hermano mayor que estaba en el campo no quería entrar a la fiesta pero su padre salió a buscarle y le dijo: Hijo yo estoy siempre contigo y todo lo mio es tuyo pero hoy nos ha regresado tu hermano  a la vida, porque estaba muerto y ahora vive.

Nuestra catequista nos explico que el sacramento de la reconciliación es como el abrazo del Padre y el hijo y que cada vez que nos vamos a confesar, si lo hacemos bien y con sinceridad, hay una fiesta en el cielo.

Me gustó tanto la historia que estuve un poquito distraída cuando la catequista nos explicó el resto, mi abuela vino a buscarnos a la salida y le contamos lo del hijo pródigo.  Alicia le pidió a la abuela que nos explicase que había que hacer para hacer una buena confesión.

Entonces los peregrinos nos sentamos en el campo Valdés en un banco con la abuela y ella nos lo explico muy bien.

  1. Examen de conciencia .- Eso es pensar muy bien que pecados tenemos, en nuestro libro hay un examen de conciencia que podemos usar, es muy importante dedicarle un tiempo. Y nos dijo que en lo del hijo pródigo es cuando el hijo se da cuenta de todo lo que ha hecho mal y decide ir a pedirle perdón a su padre.
  2. Dolor de los pecados. Sentimos haber actuado así y nos damos cuenta de lo que hemos hecho, en el hijo pródigo es cuando el hijo se acuerda de lo feliz que había estado en casa de su padre y a donde le había conducido irse de allí.
  3. Propósito de la enmienda. Que es no querer volver a hacerlo más y pedirle ayuda a Dios para conseguirlo. En el hijo pródigo es cuando decide volver a casa de su padre.
  4. Decir los pecados al confesor. Le decimos al sacerdote en confesión nuestros pecados. En el hijo pródigo es cuando el hijo le dice a su padre he pecado contra el cielo y contra ti.
  5. Recibir la absolución, el sacerdote  nos dice “Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo” . El padre abraza al hijo.
  6. Cumplir la penitencia. Un pequeño acto ya sea una oración o alguna cosa que el sacerdote nos pide. El hijo se queda a vivir con el padre.

Cuando la abuela acabo de hablar Silvia le dijo que a ella que es que le daba mucha vergüenza, por que que iba a pensar  de ella el cura. Entonces la abuela nos explicó que el sacerdote nunca nos va a juzgar, primero por que seguramente el también cometió pecados alguna vez y segundo por que  los sacerdotes no juzgan, sino que se alegran de que nos arrepintamos y que haya una fiesta en el cielo.

Tomás dijo: bueno pero si Dios nos quiere tanto y nos perdona siempre que si no basta con pedirle perdón a Él sin intermediarios.

Entonces la abuela nos explico que nosotros siempre nos auto justificamos en todo lo nuestro y que así cada vez vemos menos las cosas que hacemos mal, mientras que si lo preparamos y se lo decimos al sacerdote Dios nos envía su gracia través de el y además nos dará buenos consejos que nos ayuden a mejorar.

Yo me confieso todos los meses -dijo la abuela.

¿Tan mala eres? -le pregunto Tomás.

La abuela sonrió y le dijo a Tomas que sí, que ella también cometía pecados pero que la confesión le ayudaba a pedir perdón a Dios y a mejorar, que los grandes santos se confesaban muy a menudo.

Yo ya tengo ganas que llegue el día de la fiesta del perdón, voy a decirle a mamá que me ayude a preparar muy bien el examen de conciencia, y confesarme muy bien para que mi alma quede muy limpia y preparada para recibir a Jesús como el se merece el día de mi primera Comunión.

XIII Festival de la Canción Misionera

Este sábado 9 de febrero se celebró, en el patronato San José, el Festival de la Canción Misionera.
Nuestra parroquia, aunque éramos pocos, como otros años participó. Nos llevamos el premio a la espontaneidad. Y es que nuestros chicos defendieron la parroquia con orgullo y valentía.
La letra de la canción la hicieron los chicos de los grupo de perseverancia, y nos ayudaron con la música.
Aquí os dejo la canción para que veais que no tiene desperdicio:

ESTAMOS AQUÍ SEÑOR

Cambiar el mundo es nuestra misión,

dando ejemplo de amor como Jesús nos enseñó.

Caminar hacia la igualdad para que nadie sufra más

hacia un mundo sin maldad y el mar sin contaminar.

Te invitamos a que te unas en esta misión,

súmate a nosotros y serás feliz;

con la oración de cada día y una pequeña acción.

Ayudando en casa

Ayudando en el cole

Ayudando en masa

Cada día somos mejores.

Hay gente que necesita amor

gente que necesita caricias

gente que necesita calor.

Desterremos la malicia

dejemos que Jesús crezca en nuestro corazón

cuidar a un compañero

con alegría, amistad y esfuerzo

Que todos tengan almuerzo

¿es difícil entender eso?

Aquí os dejo el video

Nota importante para las familias de los niños que van a hacer la Primera Comunión este año

Estimadas familias:

El viernes 15 de febrero de 2019 a las 18:00, en el centro parroquial, habrá una reunión con los padres de los niños de Primera Comunión, tal  y como está previsto en el programa.

 En ella se hablará de cuestiones organizativas de las Primeras comuniones.

Es muy importante su asistencia.

También acudirá a esta reunión el fotógrafo que podrá aclarar cualquier duda

Al encuentro de Jesús

Esta Nochebuena soy Rosa, la abuela de Clara, la que os escribe, porque la que ha aprendido cosas soy yo.

Hace unos días Teresa, la mamá de Tomás, me llamó. La llamada no me sorprendió porque hemos hablado muchas veces este año.

-Rosa, ¿qué tal estas? ¿preparando ya la Nochebuena?

-Bien gracias. Ya sabéis que cuento con vosotros.

-Claro que sí Rosa, sólo que bueno… este año es posible, si no te parece mal… que nos acompañen cinco matrimonios más y alguno de sus hijos.

-¡Cinco! ¿Tantos? y ¿cómo es eso?

-Bueno, ya sabes que el año pasado para mi marido Tomás y para mí, la Nochebuena supuso un verdadero encuentro con Jesús. Y puede que hayamos hablado tanto de ello que este año nos han pedido acompañaros. Si no es molestia claro.

En ese momento me entraron un montón de dudas, ¡seis matrimonios! y con los peregrinos ¡doce niños!… aunque si Dios me ponía este reto seguro que no podía negarme.

-Claro que no es molestia y quizás nos pueda servir para llegar a más hogares. Diles…, diles que este año empezaremos pronto. A las 9 de la mañana nos vemos.

Cuando colgué estaba algo preocupada. Seis matrimonios y doce niños, por una parte era una oportunidad para llegar a más hogares, pero por otra… no los conocía, ¿qué están buscando? ¿sería capaz de llegarles? Jugar a los peregrinos con los niños es fácil, pero con adultos…

Mi marido se dio cuenta enseguida de que algo pasaba. Cuando se lo conté me dijo:

-Rosa, que cinco matrimonios quieran encontrarse con Jesús en Nochebuena y te pidan ayuda es un regalo de Dios.  Y que nosotros seamos sus instrumentos es un honor. ¿Sabes que hay que hacer? Antes de ir al encuentro de nuestro Señor reflejado en nuestros hermanos hay que llevarlos ante Él. Empecemos este año con una hora de adoración.

-¡Ya!, pero ¿y los niños? ¿Aguantarán una hora en la capilla?

-Los niños, -dijo mi esposo- les recordarán a sus padres lo que es rezar.

Llamé al párroco y le expliqué la situación. Él estaba encantado de que le llevase a tanta gente a la capilla del Santísimo. Nos abriría, los saludaría y expondría el Santísimo para nosotros; además me dio una idea muy buena para los niños. Tras un ratito de oración podrían ayudar a preparar la cunita del niño Jesús, me sugirió que le pidiese ayuda a los catequistas de Clara y Francisco.

Sorprendentemente estaban encantados y además decidieron acompañarnos después.

El párroco nos dio una lista de personas a las que podíamos ir a ver (a parte de las que yo ya tenía en cuenta).

A las 9 en punto estaban todos a la puerta de la parroquia. Los padres de Tomás nos los presentaron:

  • Antonio y Lucía, él es compañero de trabajo de Tomás y traía consigo una guitarra. Para acompañar a los villancicos.
  • Laura y Pedro, también del trabajo de Tomás.
  • Herminio y Sofía, los dueños de la empresa donde trabaja Teresa.
  • Susana y Lucas, compañeros de trabajo de Teresa.
  • Y finalmente, Adela y Ricardo, amigos de siempre de Teresa y Tomás.

Una vez que nos presentamos, utilicé las palabras de mi esposo: antes de ir a encontrarnos a Dios en los hermanos necesitados vamos a hablar con Él y para eso vamos a hacer una hora de adoración.

En ese momento los miré y había caras de sorpresa y extrañeza, pero también alguna de alegría.

Entramos a la capilla y el sacerdote nos expuso el Santísimo. Aprovechó para explicarles a los niños que Dios estaba presente ahí en cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Aunque para los peregrinos era la primera adoración, habían ido a rezar muchas veces a la capilla y enseguida empezaron a dar gracias a Dios y a pedir por sus familias y por las personas que íbamos a ver.

Tras ellos, los otros niños empezaron también a agradecer y pedir.

Antonio miró al sacerdote y señaló la guitarra, el sacerdote asintió y sonrió. Entonces Antonio empezó a tocar y a cantar “Vine a adorarte, vine a alabarte, vine a decir que eres mi Dios… “

Lucía cantaba con él y se la veía muy feliz. Los catequistas se llevaron a los niños y los mayores empezaron a rezar sacando lo mejor que tenían dentro.

Antonio intercalaba canciones fue una adoración estupenda.

Una vez acabada, todos dieron las gracias, algunos estaban muy emocionados.

Repartimos las cosas que había que llevar y trazamos un plan. Iríamos de dos en dos matrimonios con sus hijos; los peregrinos eran cosa nuestra. Cambiamos los grupos de casa en casa para que todos fuésemos con todos y para que los que nunca habían ido tuviesen un apoyo. Los papás de Tomás, los catequistas, nosotros y Antonio y Lucía, que de jóvenes habían ido alguna vez a visitar enfermos, acompañaríamos a cada uno de los otros matrimonios.

Yo tenía una lista con lo que había que llevar y un breve resumen de la situación de las personas que íbamos a visitar.

Todo iba muy bien y, entre casa y casa, nos contábamos lo que estábamos viviendo.

A la hora de la comida, que hicimos rápidamente en una hamburguesería, todos estaban muy contentos.

Al salir de allí pasó algo sorprendente. Herminio se fijó en un vagabundo que estaba pidiendo, volvió a mirarle y se acercó a él.

-¡Don Emilio! ¿Es usted? ¿qué le ha pasado?

-Así me llamaban. Ahora no soy ni don, ni nadie. ¿No tendrás una moneda?

-Claro que sí. Pero ¿no se acuerda de mí? Usted fue la primera persona para la que trabajé. ¿Qué le pasó? ¿Cómo pudo acabar así?

Los ojos se le humedecieron, pareció recordar algo.

-¡Herminio!

Pareció avergonzarse, luego se irguió como tratando de recobrar algo de dignidad.

-Ella me abandonó, yo que lo daba todo por ella… todo menos lo que ella necesitaba… a mí… Empecé a beber porque me ayudaba a soportarlo y luego todo… todo se hundió… ¿No tendrás una moneda?

Herminio se llevó la mano a la cartera. Pero en esos momentos el abuelo lo detuvo.

 -No es buena idea, se lo gastará en vino.

-Pero quizás yo pueda ayudarle… Era bueno, quizás pueda darle un trabajo.

– Mira -dijo el abuelo-, ahora no necesita un jefe, necesita un amigo que le ayude a recobrar la dignidad. Vamos a buscarle un sitio donde se pueda alojar y bañar. Vamos a buscarle ropa y llevarle al peluquero y luego poco a poco vas hablando con él y le convences de que se desenganche del alcohol, así podrás luego buscarle un trabajo.

Se fueron el abuelo, Herminio y don Emilio. Cuando volvieron, Don Emilio ya era otra cosa. Aún estaba emocionado y no hacía más que llorar…

-Claro que sí, mañana iré y seguiré el programa.

-Yo te llevaré…

Una vez que Don Emilio se fue, Herminio se acercó a su mujer, le dijo unas palabras al oído y ella sonrió y le abrazó.

Cuando terminamos, era evidente que algo había pasado en cada uno de ellos, así que les propuse ir a hablarlo todos juntos. Los catequistas se llevaron a los niños que lo habían pasado muy bien para que los mayores pudiésemos hablar.

-Muchas gracias, a todos por ayudarnos a llevar la a Jesús a los demás el día de Nochebuena, ahora, si queréis, podemos compartir lo que ha supuesto para cada uno de vosotros.

Lucía fue la primera.

-Gracias Rosa. Deberíais saber que Antonio y yo nos enamoramos en una Pascua Juvenil. De jóvenes teníamos nuestros grupos de la parroquia, pero luego, después de casarnos, el trabajo, los hijos… Poco a poco nos fuimos alejando de Jesús… y nuestra vida se volvió más gris…

Pero en la adoración… con cada una de las canciones… volvieron los recuerdos. Luego la alegría de las personas con las que cantamos… Íbamos a llevarles a Jesús y resulta que ellos nos lo han traído a nosotros. Gracias Rosa… Gracias.

Luego hablo Pedro.

-Rosa, a nosotros también nos has hecho un gran regalo. Nosotros vamos a misa los domingos. Pero nunca hablamos de ello a nadie. Cuando Tomás, en el trabajo, hablaba de lo que estaba viviendo, jamás me atreví a decirle que nosotros vivíamos la fe, aunque una fe avergonzada.

Hoy cantando, rezando y hablando de Dios a niños y grandes hemos descubierto que nuestra fe es un regalo, un gran regalo de Dios que no hay que esconder. Porque Dios está llamando a las puertas de otros y, si nosotros hablamos de lo maravilloso que es, quizás también ellos le abran.

Habló entonces Susana:

-Lucas y yo creíamos a nuestra manera. No somos muy practicantes. Cuando hablaste de adoración pensé qué tipo de locura es esa. Luego con las canciones y las oraciones pensé. Y ¿si está ahí? ¿Estás ahí? Sentí una gran paz y lo curioso es que miré a Lucas y parecía sentir la misma paz.

Luego íbamos cargados, cuando llegamos a casa de doña Matilde y mis manos estaban frías. Ella me miró y me las calentó entre las suyas; la miré y volví a sentir esa paz.

Lucas y yo siempre hemos vivido una vida muy… “normal”: trabajar, salir los fines de semana, las vacaciones… pero unas vidas también muy vacías. Cuando oíamos a Teresa hablar sentíamos mezcla de curiosidad y envidia por la alegría con la que hablaba.

Herminio contó poco después:

-Cuando vi a Don Emilio, primero ni lo miré, era un indigente más, un fracasado, pero no sé por qué volví a mirar y, entonces, vi sus ojos. Primero pensé que no era él, sólo alguien que se le parecía, pero luego me dije ¿y si es Él?

Cuando contaba como había llegado a esa situación, era como un espejo que me mostraba una realidad que me negaba a ver.

Lo primero que pensé fue “a mí no me va a pasar, mi mujer está aquí conmigo”, pero luego recordé las palabras de ella cuando me convenció para que viniésemos.

“Esto es algo que creo que es bueno para los dos y que no puedo, ni quiero hacer sola. Si no vienes conmigo y me vuelves a dejar sola quizás descubra que ya lo estoy… Si vienes conmigo, quizás sea capaz de hacerte ver que, en el mundo, hay algo más que trabajo, trabajo y más trabajo.”

Por eso le pedí perdón. Por eso le dije (y le digo ahora) que la quiero y que con su ayuda juntos encontraremos el equilibrio.

No sé como agradecerle a ella, y a todos, este gran regalo que hemos recibido.

Habló entonces Adela:

-Nosotros el año pasado vimos como cambiaron Teresa y Tomás y pensamos: “No se habrán metido en algún tipo de secta”. No entendíamos su alegría, ni porque venían tanto a la iglesia y como amigos suyos pensamos que nuestra obligación era rescatarlos.

Vinimos a aquí y descubrimos que no es que ellos estuvieran en una secta, sino que nosotros estábamos en una burbuja que nos aísla del mundo. Que no nos deja ver que a nuestro lado hay muchas personas que necesitan de nosotros… y, lo que es peor, nosotros de ellos.

Pero también es verdad que necesitamos tiempo y respuestas. Tened paciencia con nosotros.

Finalmente, les di las gracias a todos y les dije que hoy nos habíamos encontrado con Jesús en la adoración eucarística, con Jesús en los hermanos y que yo iba a ir a encontrarle en la misericordia, en el sacramento de la confesión. Para luego encontrarle en la eucaristía.

Y no fui la única. Y cuando le recibí, al comulgar, le di las gracias por lo mucho que me ama, la paciencia que me tiene y porque me deja ver cómo actúa. No se olvida nunca de sus hijos.