Allanando el camino

Estamos en la segunda semana de Adviento. En la catequesis hemos hablado de las cuatro semanas que tenemos para prepararnos para recibir a Jesús. Y nuestra catequista nos contó muchas cosas de Juan el Bautista.

Juan el Bautista vivía en el desierto, vestía con pieles de camello, comía saltamontes y miel silvestre y las personas iban allí a escucharle. Les anunciaba la venida de Jesús y les invitaba a pedir perdón por sus pecados y a bautizarse.

Cuando le preguntaban que quién era él, decía que era la voz que predicaba en el desierto “preparad el camino al Señor”.

La abuela nos llevó hasta Los Campinos, donde nos iba a contar todo sobre Juan el Bautista, cuando nos encontramos con un amigo suyo, un sacerdote joven.

Rosa cuanto tiempo sin verte.

D. Remigio, como usted por aquí.

¡Ay, Rosa! Para ti tengo que seguir siendo Remi. Pues nada, como sabes estamos en Adviento y he venido a buscar unas cuantas cosas para preparar la navidad en las parroquias. Y es que ya sabes en cada pueblecito ponemos el Belén y preparamos la Navidad con mucho cuidado.

¿Ah sí?, pues qué bien me vienes, porque quería hablarles a los niños de Juan el Bautista y del Adviento, así que échame una mano.

Bueno vosotros podéis llamarme Remi, la abuela Rosa fue mi catequista y la primera persona a la que le conté que quería ser sacerdote.

Hoy he venido a comprar algunas cosas que hacen falta para celebrar la navidad dignamente en mis pueblitos. Pues algunas cosas están muy viejas ya.

Pero lo que más me gusta del Adviento, allí en mis pueblitos de montaña, es que se me llena el confesonario. Las personas van a dejar su alma limpia para recibir a Jesús, lo tienen muy claro y tengo que ampliar el horario de confesiones.

Y vosotros, cómo tenéis el alma de limpia ¿Obedecéis a vuestros Padres? ¿Tenéis el cuarto recogido y limpio? ¿Rezáis todas las noches? ¿Sois cariñosos con vuestros mayores?

Todos agachamos nuestra cabeza pero él nos dijo: Alegraos por que os va a nacer un salvador y ahora ya sabéis qué caminos tenéis que allanar y que sendas tenéis que hacer rectas.

Nos cayó bien, y más cuando nos regaló a cada uno una estampa con José y María en el burro camino de Belén.

Al llegar a mi casa me puse a ordenar mi habitación, recoger los juguetes tirados poner los libros en sus sitio.

Mamá y Papá se sintieron muy sorprendidos pero yo les dije que tenía que allanar el camino y poner recto lo torcido, que el niño Jesús tenía que venir y yo tenía que prepararme muchísimo mejor.

Adviento

Esta semana no hemos tenido cate pero sí tendremos misa de niños el día 8, día de la Inmaculada Concepción, y el domingo. El domingo pasado empezamos el Adviento que, como nos explico la catequista, es preparar el corazón para la venida de Jesús en Navidad.

Pero no por eso nos hemos detenido los peregrinos. Mi abuela, que es muy buena, nos ha invitado a todos a su casa el día 7 de diciembre, como tenemos puente en el cole, todos los papás de mis amigos aceptaron, fue muy divertido.

Cuando llegamos a casa de la abuela vimos que en la mesa del salón había una gran maqueta con montes, un río y un lago; como sabéis el abuelo es un gran artista. La abuela nos dijo que podíamos poner todas las casitas, el puente y elegir el sitio de la anunciación.

¿Abuela y no vamos a poner las figuras?

Claro que sí -dijo la abuela-, podéis elegirlas pero os advierto cada figura de este Belén tiene una utilidad y un valor y, para preparar el corazón para la Navidad, deberéis conquistarlas.

-¿Conquistarlas y eso como se hace?

-Pues haciendo algo bueno cada día, algo especial hoy, después de comer empezaremos.

Todos queríamos poner a la virgen, san José y el niño. La abuela nos dijo que esas las conquistaríamos esta tarde entre todos, pero que el niño no se pone hasta el 24 por la noche.

Luego fuimos eligiendo figuras, yo elegí la lavandera, el pastor que llevaba una ovejita, el panadero, y al rey baltasar,

Fran eligió a Melchor, un señor con una cesta de fruta, el herrero y el carpintero.

Ana eligió a Gaspar, al ángel del portal de Belén, unos niños con instrumentos musicales y una señora que llevaba mucha lana.

Tomás eligió un señor con unos animales que llevaban paja, un viejecito que llevaba leña , el Ángel de la anunciación y una abuelita que llevaba un puchero.

A Herodes y sus soldados no los eligió nadie pero el abuelo que se rió mucho los puso y dijo que ese se las apañaba solo para aparecer.

Entonces la abuela nos explicó que para conquistar las figuras teníamos que hacer cosas muy buenas como preparar los exámenes muy bien, ayudar a los papás en la tareas de casa, ser cariñosos, jugar con los niños con los que nadie quería jugar y rezar muy bien todas las noches. Hicimos una lista cada uno con las cosas que íbamos a hacer para conquistar nuestras figuras; tuvimos que repasarlas porque mi abuela no le valía cualquier cosa, mi lista quedó de la siguiente forma:

Para el rey Baltasar debería añadir a mi oración de la noche un padrenuestro por los cristianos perseguidos, una avemaria por los sacerdotes y un gloria para que haya más vocaciones.

Para la lavandera: dejar recogido mi cuarto y mi cama hecha todos los días y ayudar a secar los platos de la noche.

Para el pastor de la ovejita: preparar y sacar buena nota en los exámenes de la semana que viene.

Y para el panadero: comerlo todo sin rechistar y agradecer la comida.

Ana dijo: –¿Y que pasa si no lo hacemos?

-La figura no estará y fíjate si no hay panadero no tendrán pan, sin lavandera el niño Jesús no tendrá pañales limpios… Si es por un olvido puedes tratar de hacer otra cosa para compensarlo, pero prefiero que no se os olvide nada.

-Y ¿si hacemos algo bueno de más?

-Bueno entonces me lo decís y podéis elegir otra figura. Si es algo pequeño como recoger algo del suelo y tirarlo a la basura podréis conquistar un patito o un perrito y si es algo grande ya veremos.

Después de comer fuimos a la conquista de la Virgen María y san José y fue muy bonito.

Mi abuela tiene una amiga que se llama Concha. Era maestra de joven y nunca se casó, porque estuvo muchos años de maestra de un pueblecito de la montaña. (La abuela fue de sus primeras alumnas). Resulta que esa amiga de mi abuela vive en una casa con otros ancianos porque parece ser que no se acuerda de nada… y se le olvidan las cosas. Y por eso cuando empezó a ver que algo iba mal decidió irse a esa casa. Y que ahora no se acordaba de mucho.

Pero la abuela nos dijo que lo que seguro que no se le olvidaban eran las sonrisas de los niños, así que todos juntos fuimos a verla.

Al llegar allí y vernos se puso muy muy contenta y le contamos cuentos, le dijimos chistes y le dimos muchos besos y abrazos. Cuando salimos una de las chicas que están allí con los ancianos, nos dio las gracias y nos dijo que hacía muchos días que estaba triste, pero que hoy la habíamos hecho feliz.

Pusimos a la virgen y a san José en el portal y estoy segura que nuestro Belén va a estar muy completo. Y, como dice la abuela, nuestro corazón muy bien preparado.

 

Dios no se olvida de nosotros

Hoy en el “cate” hemos hablado de que Dios no se olvida de nosotros. Nos hablaron de los profetas que les recordaban al pueblo de Israel que Dios no les olvidaba y les enviaría al Mesías que quiere decir Salvador.

También hablamos de la Virgen María y de como, gracias a su sí al Señor, pudo nacer Jesús.

Entonces mi abuela nos dijo que hoy los peregrinos íbamos a vivir dos aventuras: una con el profeta Elías y la otra nada más y nada menos que con la Virgen María.

Nos fuimos al pórtico de la iglesia y ahí, en una esquinita, la abuela nos dijo.

-Estamos aquí acompañando al profeta Elías que se tiene que esconder del rey Acab. Un profeta es una persona que lleva un mensaje de Dios a los hombres. El trabajo de Elías no es fácil, porque Acab se ha casado con Jezabel, que tiene a sus dioses falsos, y ha convencido a su marido para acabar con todos los hombres de Dios… Pero no os preocupéis que conseguiremos huir y, cerca de Sarepta, una viuda nos socorrerá.

Caminamos un buen rato por el cerro y llegamos a los columpios, pero mi abuela nos dijo que era Sarepta. Y que una pobre viuda va a preparar, con la ultima harina que le queda, un pan para ella y su hijo. Entones siente dentro que debe ir a ayudar a un hombre y, ¿sabéis que hace?, va a donde está Elías. Éste le dice que el Señor le ha prometido que, si le ayuda, no le faltará nunca harina ni aceite. La viuda lo ayuda, Dios no les abandona y cumple su promesa. Elías, mucho tiempo después, tiene que volver porque hay una gran sequía en el reino de los judíos.

Elias va ha hablar con Acab y le propone algo una apuesta. Se levantarán dos altares: en uno los sacerdotes de Jezabel pondrán un animal para sacrificar; si consiguen que arda y se consuma sin prenderle fuego habrán ganado la apuesta. Si no lo consiguen, él hará su ofrenda en el otro altar  y arderá y se consumirá sin prenderle fuego. Después de esto, y si se arrepienten por haber olvidado a Dios, vendrá  la lluvia.

¿Sabéis que pasó?, pues que Elias ganó. Los otros, por mucho que danzaron y cantaron, no consiguieron nada y Elías sólo se lo pidió a Dios y Dios hizo el resto. Los judíos se arrepintieron y llovió.

Dios tuvo que enviar a muchos otros profetas pero eso queda para otro día.

Porque quiero llevaros a la capilla de los Remedios… Esto… a Nazaret, donde veremos algo precioso: el sí de una joven a Dios.

En cuanto llegamos, mi abuela nos dijo:

¡Mirad!  Ahí está la Virgen María, sentada y, fijaros, llega el Ángel Gabriel…

Dios te Salve María, el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué saludo era ese.
Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia ante Dios.
Concebirás en tu seno, y darás a luz un hijo, y le llamarás JESÚS. Será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.
Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y su reino no tendrá fin.
Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.
Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y te cubrirá con su sombra; por lo cual el que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
Isabel, tu parienta, ha concebido un hijo en su vejez; y está en el sexto mes la que llamaban estéril. Porque nada es imposible para Dios.
Entonces María dijo: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. Y el ángel partió.

Fijaos lo que el ángel le dijo lo rezamos siempre en el Ave María.

Cuando mi abuela nos explica las cosas es casi casi como si las viéramos y, cuando el Ángel se fue, me pareció que la virgen nos sonreía.

Al ir a dormir, le conté a mi mamá que la virgen me había sonreído cuando me estaba imaginando la anunciación que nos contaba mi abuela. Mi mamá me dijo que María nos cuida siempre desde el cielo, que quizás quiso sonreírnos y que, como somos niños, aún somos capaces de ver su sonrisa.

El símbolo de Alianza

Hoy hemos aprendido muchas cosas de Dios y hemos hecho algo muy bonito, pero para que lo podáis entender os voy a resumir lo que aprendimos.
Dios, a Adán y Eva, les prometió que nos enviaría un Salvador y luego renovó esa promesa con Noé y, a través de él, hizo con los hombres una alianza y la sello con el arco iris. Mi abuela nos ha dicho que cada vez que veamos un arco iris debemos acordarnos de que Dios cumplió su promesa.
Para que no se nos olvidase, se lo recordó a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés y luego fue enviando a jueces, profetas y reyes.
Antes de nacer Jesús algunos se habían olvidado de la promesa de Dios, pero los esenios se preparaban para la llegada del Salvador. De entre ellos Dios escogió a Joaquín y a Ana para que fueran los padres de María y, como Dios quería que fuera la madre de Jesús, la preservó del pecado original.
¿Sabéis? Dios le preguntó a la Virgen María en la anunciación si quería ser la madre de Jesús y ella, aunque sabía que eso además de alegría le iba a traer mucho sufrimiento, le dijo: “He aquí la esclava del señor hágase en mi según tu palabra”. Y, gracias a ella, llegó la salvación, o sea Jesús, al mundo.
Cuando hablamos de todo esto con mi abuelita, ella nos dijo que a cada uno de nosotros nos corresponde pensar como queremos responder a nuestra alianza con Dios esta semana y que pusiéramos un gesto concreto, porque cuando Dios hizo la alianza, no la hizo en general, sino que la hizo con cada uno de nosotros. Y ese gesto sería un símbolo de que nosotros aceptamos esa alianza. Y no vale cualquier cosa tiene que ser algo que nos cueste trabajo y esfuerzo.
Tomás dijo que, rezando todos los días, Fran dijo que ayudando en casa, Lucia que siendo buena con los demás, Ana que llevando cariño a las personas mayores y yo… Yo me quede callada y entonces mi abuela me pregunto qué porqué no decía nada.
-Abuela a mí me encantaría hacer todo eso pero no puedo, no soy buena con las promesas. Cuando mamá me regaña siempre le digo te prometo que no lo volveré a hacer y luego…
Entonces mi abuela dijo que cuando nos costaba mucho hacer algo siempre, siempre podemos pedirle ayuda a nuestra madre del cielo: la Virgen María.
¿Y cómo le pedimos ayuda a la Virgen?
Pues yo pienso que deberíamos consagrarnos a la virgen nos dijo mi abuela. En seguida le dijimos que sí y entonces fuimos a la iglesia y mi abuela nos llevó a donde esta la Virgen de Covadonga. Nuestra abuela nos entregó a cada uno una estampa con la consagración a la virgen y todos juntos la hicimos.
O Señora mía. O madre mía,
yo me ofrezco todo a ti
y en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día
Mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón.
En una palabra, todo mi ser
ya que soy toda tuya o madre de bondad
guárdame, defiéndeme y utilízame
como instrumento y posesión tuya
Amén.
Después de rezar la consagración ya me sentí con fuerzas para ofrecerle al Señor mi símbolo de mi alianza y se lo dije a mi abuela.
Entonces nos fuimos al sagrario y uno a uno hicimos la genuflexión y después le ofrecimos al señor nuestro símbolo de alianza.
Al llegar mi turno yo le dije: Señor como símbolo de alianza yo te ofrezco no mentir.
No os lo vais a creer, pero cuando salimos de la iglesia ya no llovía y pudimos ver un bonito arcoíris.
Lo difícil fue luego al llegar a casa, porque mi mamá pregunto que quien había empezado las galletas y las había dejado medio tiradas por ahí… y claro en ese momento tuve que bajar la vista y confesar que había sido yo y pedirle perdón a mi mamá.
Tuve que ayudarla a limpiar todas las migas y demás, pero cuando lo hacía sentí que la Virgen María me había ayudado y que a Dios le había gustado mi símbolo de alianza.

¿Qué hacemos un día como hoy una parroquia como la nuestra? Convivencia y Amagüestu

Pues somos una parroquia que esta viva y es activa…muy activa.

Antes que empiecen todas las actividades de Adviento y Navidad nuestros estupendos, increíbles  y maravillosos chicos  de perseverancia han tenido una convivencia en la Quinta, que luego enlazaron con el Amagüestu del catecismo.

Lo hemos pasado genial, nadie se pudo resistir a bailar al ritmo de las canciones de la Hermana Sueli…fue superdivertidísimo.

Como una imagen vale mas que mil palabras, aquí están los vídeos…¡pero que guapos están todos!

Y el del Amagüestu:

¿Me perdonas?

La verdad es que esta mañana me levanté bailarina y claro cuando me levanto bailarina es que tengo que bailar por toda la casa. Lo malo es que, sin querer, estaba haciendo un giro cuando rompí el jarrón favorito de mamá. Mi abuela me miró muy seria pero no le dio tiempo a reñirme mucho por que teníamos que ir ya al cole, pero sé que esta tarde, cuando llegue, mamá me va a reñir mucho, que si tengo que estarme quieta…, que si hay que tener cuidado con las cosas…

Menos mal que hoy tuvimos catequesis. Allí la catequista nos contó como Dios había puesto a Adán y Eva en el paraíso donde eran felices y tenían todo lo que podían necesitar. Sólo les puso una norma: no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Entonces el demonio les engaño y les dijo que si comían de él serían como Dios y que no morirían. Y vaya, le desobedecieron. Dios se puso muy triste y los echó del paraíso pero les prometió que nos enviaría un Salvador. Y desde entonces los hombres nacemos con el pecado original.

Ese Salvador es Jesús y viene a salvarnos de la esclavitud del pecado, sabéis, y yo entendí perfectamente eso de la esclavitud del pecado porque, como yo esta mañana había desobedecido bailando donde no debía y sin cuidado, me sentía muy mal.

La catequista nos explicó que cuando pecábamos eramos nosotros los que nos alejábamos de Dios y que Él estaba esperando a que le pidiéramos perdón para perdonarnos.

También nos explico que por el sacramento del Bautismo se nos limpia el pecado original y pasamos a ser lo más importante que se puede ser: Hijos de Dios.

Nos contó algo muy bonito y es que cuando los hombres se bautizaban entraban en el río para “dejar” allí sus pecados, pero que cuando Jesús se bautizo, como Él no tenía pecado, entró en el río para llevarse todos nuestros pecados. Y que en el bautismo además de el pecado original se nos perdonaban los pecados cometidos hasta ese momento.

Entonces, claro, yo tenía que hacerle una pregunta a mi catequista y levante la mano. Cuando me tocó el turno, le expliqué.

-A ver… es que me bauticé de bebé, lo sé, que vi las fotos… y vaya… es que es posible que yo haya hecho algo desde entonces que enfadase a Dios o a mis papas… algo como… sin querer desobedecer a mi mamá y bailar donde no debía y romper un jarrón muy bonito de mi mamá y claro yo no quiero estar con pecado y a mi ya no me pueden bautizar otra vez…

Mi catequista sonrió y me dijo que, para eso, Jesús nos daba el sacramento de la confesión y que, al año que viene, antes de hacer la primera comunión, nos prepararíamos para él y lo recibiríamos y se nos limpiarían nuestros pecados.

Pero yo no quiero estar “sucia” tanto tiempo, que yo, el jarrón, lo rompí hoy.

Mi catequista me dijo entonces que mi pecado, como no era muy gordo, era un pecado venial y que lo que tenía que hacer era pedirle perdón a mi mamá. Luego me dijo que, para pedirle perdón a Dios, podía hacer el acto de contrición, que lo tenía al final en el libro, donde las oraciones.

Cuando salimos mi abuela nos dijo:

-Queridos peregrinos hoy vamos a ir al templo de Jerusalén, mirad aquí tenis el templo.

Estabamos en frente de la Basílica de el Sagrado Corazón pero, como sabemos que tenemos que usar la imaginación, no dijimos nada.

-Y veis -nos dijo muy bajito al entrar- Jesús esta enseñando a la gente -miramos para el ambón (que es desde donde se hacen las lecturas)- hay mucha gente y fijaos ahora le traen a una señora que ha hecho algo muy malo. Y le dicen a Jesús que según la ley tienen que apedrearla, que qué hacen con ella.

Entonces Jesús les dice: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” y fijaos: se pone a escribir en el suelo. Mirad la multitud furiosa que quería apedrearla se van yendo, empezando por los mas viejos.

Entonces mi abuela nos preguntó que si nosotros podríamos tirar esa piedra… y todos nos pusimos un poco colorados y le dijimos que no. Ella nos dijo que ella tampoco podía. ¡Vaya abuela pero si tu eres muy buena!

Entonces siguió mi abuela: Jesús la mira y le dice :¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Cuando llegamos a casa mi mamá estaba muy seria y muy triste, entonces yo le dije:

-Mamá, esta mañana te he desobedecido y he bailado donde sé que no se puede y te he roto el jarrón. Sé que estuvo mal y no quiero hacerlo más. ¿Me perdonas?

Entonces mamá me dijo que tenía que tener mucho más cuidado y escucharla cuando me dice las cosas y me dio un abrazo y un beso.

Luego al rezar de noche le pedí que si podíamos rezar juntas el “Señor mio” por que quería que Dios me perdonase lo del jarrón y todas las otras cosas malas que yo había hecho y todos juntos dijimos:

Señor mío, Jesucristo,
Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío,
por ser vos quién sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Cuando mamá me dio el beso me imaginé que Jesús me decía: Yo tampoco te condeno vete en paz y no peques más.

Creó al mundo por Amor

Hola amigos esta semana los peregrinos hemos hecho muchas cosas, incluso hemos ido a un museo.

La cosa empezó a la salida de la catequesis cuando le contábamos a la abuela lo que nos había dicho nuestra catequista. En ese momento, mi abuela se sonrió y nos dijo que hoy los peregrinos íbamos a hacer unas cuantas cosas.

Lo primero de todo nos llevó a un museo que hay aquí cerquita de la parroquia, que es el museo de la casa natal de Jovellanos, y allí nos invitó a ver los cuadros y las esculturas que hay.

Hicimos un juego, ella quería que tratásemos de averiguar cosas del autor a través de sus obras.

En algunas era fácil pues eran escenas de aquí, de Asturias, y de épocas concretas. En otras, más oscuras, como un mar muy bravo, nos dimos cuenta de que el autor debía estar triste o enfadado. Algunas esculturas no las entendimos, pero vimos que a su autor le habían costado esfuerzo.

Cuando llegamos al último piso nos esperaba la sorpresa más grande de todas, una talla muy bonita de madera que tiene a mucha gente: El retablo del mar.

Fran dijo: Abuela cuanto trabajo ha hecho este hombre, cada vez que lo miro descubro algo nuevo.

Mucho cariño les tenía que tener a toda esta gente para hacer todo ese trabajo, dijo Lucía

Halaaa– exclamó Tomás. Si resulta que lo hizo dos veces, una de joven y otra de mayor, mirad lo explica aquí. Resulta que el primero se lo destruyeron. ¡Qué triste tuvo que estar!

Entonces la abuela sonrió y nos llevo a un sitio donde, el abuelo y unos amigos, estaban construyendo un belén muy grande. Y vimos con qué esfuerzo estaban haciendo las casitas, poniendo las luces. ¡Cuánto cariño le ponían!

Después, la abuela nos dijo que nos iba a llevar a contemplar la obra de arte mayor de todas y al Artista al que todos los demás imitaban.

Nos sacó otra vez a la calle y nos hizo ver el mar y las estrellas, porque ya se hacía de noche . La noche estaba muy clara y contemplar el mar en calma, las estrellas, los montes, fue muy bonito. Entonces la abuela nos dijo: el universo es la obra del artista más grande de todos, que es Dios, y que lo creó por amor y por amor a cada uno de nosotros y que, como quiere y puede, hace las cosas a lo grande.

Y no olvidéis niños que ese gran artista os quiere y os conoce y ha puesto en cada uno de vosotros unos dones maravilloso, no le dejéis solo, hablad cada noche con Él.

Al llegar a casa hablé con papá y mamá de todo esto y, entonces, me acordé de que la catequista nos había hecho un regalo, un regalo que ya es un milagro de Dios en sí: una haba. Nos dijo que si la plantábamos con nuestra familia podríamos ver como crecía. Y ver las maravillas tan grandes que hace Dios. Y la plantamos.

Cuando me daban el beso de buenas noches, después de rezar, yo le dije a mi madre que acababa de descubrir algo muy bello que Dios había hecho y que ningún artista sería capaz nunca de reproducir: La sonrisa de mi mamá y ¿sabéis qué? papá me dio la razón.

La historia de Amor

Hoy mi catequista nos contó la historia mas bonita de todas y no es un cuento, resulta que es verdad.

Es una historia de Amor y es nuestra historia de amor, no sé si voy a ser capaz de contarla tan bien como mi catequista , pero lo voy a intentar.

La historia comienza con un gran artista y este artista es el mejor artista de todos porque es Dios. Y resulta que ese gran artista hizo algo muy hermoso: los ángeles, aunque alguno se alejó de ÉL porque se creía muy hermoso y muy grande,  cuando se alejó se volvió triste. Pero el artista no se paró y siguió creando; creó el universo y, en un acto tremendo de Amor, creó a los hombres.

Los primeros hombres, Adán y Eva, tentados por aquel que se había alejado de Dios, le desobedecieron y, aunque Dios se puso muy triste, les dijo que les seguía queriendo y que les enviaría un salvador.

Los hombres cada vez que se alejaban de Dios hacían cosas malas y Dios se ponía muy triste. Un día con gran dolor de su corazón pensó en que, para que se hicieran sufrir tanto los unos a los otros, no merecía la pena que siguieran existiendo. Pero entonces se fijo en Noé y en su familia y les dijo que construyeran un arca y luego llovió mucho. Y cuando se acabo la lluvia Dios hizo un pacto con todos los hombres a través de Noé, lo selló con un arco iris y, en ese pacto, dijo que no volvería a mandar otro diluvio así, y que nos enviaría al Salvador.

Como el pueblo se Israel le hacia mucho caso a Dios, Él lo eligió como su pueblo para desde él traer la salvación a todos los pueblos. Y Dios no se olvidó de los hombres y nos siguió mandando a los jueces, profetas y reyes.

Entonces hizo a la mas bella y buena de las mujeres y le preguntó si quería ser la madre de su Hijo. Jesús nuestro salvador. Dios nos quiere tanto que nos envía a su propio hijo.

La mujer, que se llama María, dijo que sí,  nació Jesús, nos dio a conocer cómo era Dios y nos enseño a llamarle Padre.

A Jesús le hicieron sufrir mucho. Él cargó con todas nuestras culpas y lo mataron en la cruz. Él aceptó esto para que se nos perdonaran nuestros pecados. Y al tercer día resucitó. Y está con nosotros a nuestro lado cada día, especialmente en la eucaristía, haciéndonos saber que Dios nos ama a cada uno de nosotros.

Y sabéis… esta historia, que es real, tiene muchísimos más detalles. La podemos leer en la Biblia, que es una carta que Dios nos ha escrito a cada uno. Tiene como dos partes: el antiguo testamento, que nos cuenta la historia hasta antes de nacer Jesús, y el nuevo testamento, que nos cuenta lo que pasó después de nacer Jesús.

Y como yo quiero conocer muy bien esa historia de Amor de Dios por mi y por cada uno de los hombres, voy a estar muy atenta en catequesis y en misa porque ahí nos van a contar muchas partes de esta historia que no están aquí, pero que nos hablan de lo mucho, muchísimo, que nos ama ese artista tan grande que es nuestro padre, que es Dios.

Aquí está Jesús en medio de nosotros

Hola amigos, esta semana el juego de los peregrinos ha sido muy divertido.

Sabéis, si tenemos un mapa y todo. Mi abuela lo sacó del bolsillo y nos ha prometido que nos daría uno a cada uno. Es un mapa de donde vivía Jesús. Hoy anduvimos mucho, con la imaginación, clarpale5o.

Primero estuvimos en el río Jordán y allí mi abuela nos contó cuando se bautizó Jesús:

Estaba Juan Bautista, que era primo de Jesús, en el Jordán y les decía que el bautizaba con agua pero que el que venía detrás de el bautizaría con el Espíritu Santo. Y que él no era digno de desatarle ni la correa de la sandalia.  Y Jesús le pidió a Juan que lo bautizara y que cuando Jesús salió del agua vino el Espíritu Santo en forma de Paloma y se oyó: Este es mi hijo amado, en quien me complazco.

Mi abuela nos dijo que el día de nuestro bautismo pasamos a ser Hijos de Dios y también somos sus hijos amados en quien se complace y que a partir de ese día somos miembros de la Iglesia.

Entonces, Silvia interrumpió a la abuela y le dijo: ¿Pero la iglesia no es el edificio donde vamos a misa?

Se ve que no había atendido mucho porque mi catequista nos explicó muy bien la diferencia entre la Iglesia que somos todos los bautizados y los edificios de las iglesias donde nos reunimos los bautizados. Mi catequista nos contó que todos y cada uno de los bautizados formamos la Iglesia.

Mi abuela entonces nos dijo que ahora íbamos a ir con la imaginación a Galilea cerca del lago y que teníamos que estar muy atentos a lo que nos decía Jesús: “Donde dos o más están reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”

¿Abuela? -dijo Fran- entonces Jesús está aquí con nosotros.

Pues claro que sí -dijo la abuela-  y también estaba en la catequesis y por supuesto el domingo en misa. Y por eso es muy importante hablarle: cuando estamos juntos o cada uno a solas. Y es muy importante que recemos juntos  aquí, en la catequesis y luego la familia junta.

Por la noche antes de dormir, le conté a papá y mamá lo que habíamos hablado y a mi papá se le ocurrió una idea muy buena: a partir de ahora vamos a rezar todos juntos por la noche. Buscamos un lugar especial en el salón y allí pusimos un crucifijo muy bonito y a su lado a la Virgen de Covadonga. Luego, juntos, hicimos la señal de la cruz y después papá dijo: Señor, como estamos aquí todos juntos, sabemos que estas con nosotros y por eso te damos gracias, por nuestra familia y por lo mucho que nos quieres. Mamá y yo también dijimos algunas cosas. Después rezamos todos juntos el Padre Nuestro, el Avemaría y el Gloria. Fue muy bonito. Lo mejor de todo es que ahora lo hacemos todos los días.