La Palabra en el Tiempo 106

Atravesamos una crisis de desmoronamiento y pérdida de credibilidad de
las instituciones sociopolíticas que son básicas para la democracia, la
convivencia y el progreso de una nación. Se suele citar como fecha clave
del descontento y el comienzo de los engañosos populismos el 15M de 2011 .La gravedad de la crisis la confirma el Eurobarómetro, institución
sociológica de la Comunidad Europea, que en sus últimos estudios
informa que el 90% de la población española desconfía de los partidos
políticos y el 76% no se fía ni del Congreso ni del Gobierno. Asusta el
porcentaje. La incredulidad alcanza hasta los Medios de comunicación,
que debieran ser los garantes de una sociedad bien informada. En el fondo
se detecta un desplome de la ética y la moral ciudadana, donde la mentira
es lenguaje corriente, la vida se ha convertido en moneda barata política
y el fraude es pecado venial. Sin valores una sociedad no se sostiene, se
desmorona y se vuelve violenta y agresiva.
La misma Iglesia en España pasa por una etapa difícil. Ha perdido
credibilidad también. En este momento en que tenía que jugar un papel
importante infundiendo espíritu, alentado valores, tendiendo puentes,
saliendo a la calle, a las periferias, como dice el papa Francisco, está lenta,
falta de creatividad, con alarmante problema de vocaciones y de personas
y generaciones alejadas e indiferentes hacia la propuesta evangélica, que
es una propuesta llena de humanismo, fraternidad y generosidad. Ahí está
Cáritas salvando el momento.
El próximo domingo, en el evangelio de San Lucas, tres personas se
acercan a Jesucristo por distintos motivos. En la respuesta de Jesús a cada
uno podemos encontrar directrices para superar este desconcierto y
atonía: Jesús no nos engaña, no hay que mirar atrás, hay que afrontar el
futuro con decisión. Si somos menos, tenemos que ser más
comprometidos. No podemos escondernos en nostalgias y tiempos
pasados, el Reino de Dios, que es el verdadero “estado de bienestar” de
las personas, está esperando que pongamos la mano en el arado. La
Iglesia no se apoya en poderes humanos sino en Jesucristo y en los
discípulos que siguen a Jesucristo. Es el momento de la confianza en él y
reformar viejas y muertas estructuras.