La Palabra en el Tiempo 106

Atravesamos una crisis de desmoronamiento y pérdida de credibilidad de
las instituciones sociopolíticas que son básicas para la democracia, la
convivencia y el progreso de una nación. Se suele citar como fecha clave
del descontento y el comienzo de los engañosos populismos el 15M de 2011 .La gravedad de la crisis la confirma el Eurobarómetro, institución
sociológica de la Comunidad Europea, que en sus últimos estudios
informa que el 90% de la población española desconfía de los partidos
políticos y el 76% no se fía ni del Congreso ni del Gobierno. Asusta el
porcentaje. La incredulidad alcanza hasta los Medios de comunicación,
que debieran ser los garantes de una sociedad bien informada. En el fondo
se detecta un desplome de la ética y la moral ciudadana, donde la mentira
es lenguaje corriente, la vida se ha convertido en moneda barata política
y el fraude es pecado venial. Sin valores una sociedad no se sostiene, se
desmorona y se vuelve violenta y agresiva.
La misma Iglesia en España pasa por una etapa difícil. Ha perdido
credibilidad también. En este momento en que tenía que jugar un papel
importante infundiendo espíritu, alentado valores, tendiendo puentes,
saliendo a la calle, a las periferias, como dice el papa Francisco, está lenta,
falta de creatividad, con alarmante problema de vocaciones y de personas
y generaciones alejadas e indiferentes hacia la propuesta evangélica, que
es una propuesta llena de humanismo, fraternidad y generosidad. Ahí está
Cáritas salvando el momento.
El próximo domingo, en el evangelio de San Lucas, tres personas se
acercan a Jesucristo por distintos motivos. En la respuesta de Jesús a cada
uno podemos encontrar directrices para superar este desconcierto y
atonía: Jesús no nos engaña, no hay que mirar atrás, hay que afrontar el
futuro con decisión. Si somos menos, tenemos que ser más
comprometidos. No podemos escondernos en nostalgias y tiempos
pasados, el Reino de Dios, que es el verdadero “estado de bienestar” de
las personas, está esperando que pongamos la mano en el arado. La
Iglesia no se apoya en poderes humanos sino en Jesucristo y en los
discípulos que siguen a Jesucristo. Es el momento de la confianza en él y
reformar viejas y muertas estructuras.

La Palabra en el Tiempo 105

Es voz común que atravesamos una crisis en la educación en valores. Hay una
exaltación mal interpretada, sobre todo en los adolescentes, de la libertad
que la convierte en libertinaje. Se nota en el trato indiferente que se da a las
personas ancianas mermadas en sus facultades, y se airea sobre todo en el
lenguaje grosero, malsonante, soez e irreverente que con tanta facilidad se
utiliza. Quiero aludir hoy, concretamente, a la blasfemia, demasiado
frecuente y facilona y que denota el tono barriobajero y pobretón del léxico
que se utiliza. La utilización del lenguaje sagrado debiera ser una línea roja
porque puede herir sensibilidades profundas de las personas. La libertad
exige respeto.
Pocos saben, además, que la palabra “Dios” es antiquísima que se respetó
siempre por todos los pueblos. Proviene el idioma sánscrito, significa “día” y
que los griegos matizaron como “luz diurna, luz brillante”, que da vida, que
permite ver y que fundamenta el sentido de nuestra vida.
En la antigüedad a los dioses se les vieron como omnipotentes, lejanos,,
justiciero, vengativos, intolerantes. Así los concebían los antiguos,
sospechando que había algo-alguien misterioso del que dependía todo, la
creación y la vida, la suerte de la vida La revolución que trajo el cristianismo
con la revelación que nos hizo Jesús fue extraordinaria y catártica. Nos quitó
todos los miedos y sospechas. El Dios verdadero, no el imaginado por el
hombre, sino el que nos manifestó Jesucristo es todo lo contrario, es Amor,
es Padre lleno de misericordia. Más todavía, es Trinidad, es familia, es
comunión de personas. Hemos dedicado demasiado tiempo, incluso en la
catequesis, a intentar inútilmente descifrar el misterio de Dios. Nos
sobrepasa. Si no, no sería Dios. De ahí, el mantra:“esto es más difícil de
entender que el misterio de la Trinidad”
El próximo domingo celebramos la Fiesta de la Trinidad. Un día, no para
hacer silogismos sobre la vida divina, sino para dejarnos inundar por ella.
Celebrar que Dios es amor, y, aunque me sorprenda, no puede no amarme.
Esa es su identidad. Y recordar que hemos sido creados a su imagen y
semejanza. Por eso nuestra felicidad está en amor. Pertenecemos a ese
Dios-Trinidad.

Palabras con Silencio 18

NADIE ES UNA ISLA
“Nadie es una isla, completo en sí mismo…” Esta aseveración pertenece a una de las
Meditaciones del gran poeta místico inglés del XVII, John Donne y que se han hecho
famosas porque pertenecen a la dedicatoria de una de las novela novelas más
populares de E. Hemingway: “Por quién doblan las campanas”, que sin duda muchos
hemos leído en nuestros tiempos de bachillerato. De esa Meditación XVII toma el
título: “La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la
humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las
campanas: doblan por ti”. Hoy que todo lo estamos reduciendo a lo efímero, hasta la
muerte, es bueno releer esta reflexión. Cada vez se muere más sólo.
Vamos encaminados hacia la sociedad de la soledad, concluyen algunos sociólogos
ante el porcentaje de las personas que viven solas, unas por necesidad o elección y
otras, las más, por exclusión, abandono y carencia de compañía. Lo paradójico es que
nunca hemos tenido tantos artilugios de comunicación y fáciles de manejar y, sin
embargo el sentimiento de soledad sigue creciendo en la población española. Y lo
sorprendente es que la soledad afecta cada día más a los jóvenes que son los peritos
en las redes digitales. En estas investigaciones leo que el 80% de los ciudadanos con
edades comprendidas entre los 18 y 25 años declara “sentirse solo” (que no estarlo) y,
como dato significativo, es entre los de estudios universitarios donde más se
incrementa (67,1 %), dato que puede relacionarse por la dificultad en contar trabajo o
tener que emigrar. Lo triste es que prestamos poca atención y preocupación a estas
situaciones. En una de sus viñetas humoreaba El Roto: “No necesitáis pensar. Vivís en
una sociedad avanzada”. Asturias figura entre las comunidades autónomas con mayor
porcentaje de hogares unipersonales, el 29,7 % .
El hombre, la persona, es un “ser en relación”. Así lo define hoy la antropología
filosófica. Es un ser abierto a la comunicación, capaz de escucha y respuesta, de
diálogo, de comunión. Es más, es una criatura abierta y hasta necesitada de encuentro,
y abierta a la trascendencia, ese dinamismo que le lleva a intuir que necesita
encontrarse con Alguien que le llene y le plenifique, que colme su deseo.
El cristianismo, para esa pregunta inevitable, de quién somos y por qué somos así,
tiene la respuesta de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Y el Dios
que nos reveló Jesús de Nazaret es Trinidad, es comunión, es relación, es familia, es
Amor, no puede no amar. Esa es su esencia e identidad. Por lo que somos y sentimos,
descubrimos quién es Él, y porque Él es así, a su semejanza somos nosotros. De ahí la
grandeza de la persona en este planeta azul. No somos una isla.

Palabras con Silencio 17

DÍA MUNDIAL DEL ESPÍRITU
El calendario del año está lleno de Jornadas y Días Internacionales o Mundiales sobre
diferentes acontecimientos, problemas, enfermedades, situación del planeta,
colectivos de personas, alimentos…La mayor parte de estas jornadas han sido
propuestas a la ONU o por la ONU. Repasando este mes de junio tenemos que celebrar
el Día Mundial del Medio Ambiente, de los Océanos, contra el Trabajo Infantil, del
Donante de Sangre, de las Viudas, del Yoga, del Solsticio (¡cómo no!), de la
Administración Pública… y hasta del Parlamentarismo, donde lo haya y no imperen
gobiernos autocráticos tan conocidos e incompresiblemente soportados, demasiado
actuales para estas alturas de la historia. Se trata de sensibilizar y llamar la atención
sobre esas cuestiones o retos y la necesidad de colaborar para su logro o remedio.
Entre tanta variedad echo de menos una que me parece fundamental: “La Jornada o
Día Mundial del Espíritu”, con la importancia que tiene para la vida humana, de tal
manera que el “espíritu” es el que nos identifica y nos distingue. En el espíritu, en la
vida interior, en la espiritualidad en sentido amplio, en el alma como dice el pueblo,
está la riqueza humana y personal. En nuestro espíritu reside la autoestima, esa
valoración que debemos tener de nosotros mismos. Comentan los sicólogos que anda
un tanto baja y pesimista. Lo retratan la enormidad de antidepresivos que se
consumen. De ese interior espiritual brota y surge la necesidad de trato y relación con
los demás que se concreta en la fraternidad, la amistad, la solidaridad. La grandeza de
la persona se mide por la bondad de su corazón, por el espíritu que le mueve, por la
grandeza de su alma.
El próximo Domingo es la gran fiesta cristiana de Pentecostés, la efusión del Espíritu
Santo sobre los discípulos de Jesús, que transformó en testigos valientes aquellos
amigos miedosos para emprender la gran gesta de sembrar el evangelio de la dignidad
de la persona por el mundo entero, gesta que sigue viva después de dos mil años.
Nada se le puede igualar. Todo por la fuerza del Espíritu.
Deberíamos proponer a la ONU crear la Jornada del Espíritu y festejarla este día de
Pentecostés. Hasta el nombre tiene buen marketing. El Espíritu Santo que nos envía
Jesús da sentido a nuestra vida, ilumina su misterio, le da esperanza y nos revela que
somos hijos de Dios, no fruto del azar, lo que eleva notablemente nuestra autoestima.
Y además enardece nuestro corazón para algo tan necesario como amar a los demás y
colaborar por una sociedad más fraterna y solidaria. A la vista del mundo en que
estamos y la situación anímica que padecemos, es urgente celebrar el Día Mundial del
Espíritu. Tenemos que cuidarlo mucho más. Pentecostés es su día.

La Palabra en el Tiempo 104

El calendario del año está lleno de Jornadas Internacionales o Mundiales sobre
diferentes acontecimientos, problemas, enfermedades, situaciones del planeta,
alimentos…La mayor parte de estas jornadas han sido propuestas a la ONU o
por la ONU. Así tenemos el Día de la erradicación de la pobreza, de las víctimas
del Holocausto, la jornada de la Madre Tierra, del paludismo, del ELA, el Día del
sin-tabaco, de la libertad de prensa, de las ballenas y delfines, de la asistencia
humanitaria…. Se trata de sensibilizar y llamar la atención sobre esas cuestiones
o retos y la necesidad de colaborar para su logro o remedio.
Entre ellas no veo una jornada o día Mundial del “espíritu”, con la importancia
que tiene para vida humana de tal manera que nos identifica y nos distingue.
En el espíritu, en la vida interior, en la espiritualidad en sentido amplio está la
riqueza humana y personal. En nuestro espíritu reside la autoestima, esa
valoración que debemos tener de nosotros mismo y que dicen los sicólogos que
anda un tanto baja. Ahí también está la necesidad de trato y relación con los
demás que se concreta en la fraternidad, la amistad la solidaridad. La grandeza
de la persona se mide por la bondad de su corazón, por el espíritu que le
mueve.
El próximo Domingo es la gran cristiana de Pentecostés, la efusión del Espíritu
Santo sobre los discípulos de Jesús, que tuvo el efecto extraordinario y
calificativo de transformar a aquellos amigos miedosos encerrados en su casa,
en testigos valientes y emprender la gran gesta de sembrar el evangelio por el
mundo entero, gesta que sigue viva después de dos mil años. Nada se le puede
igualar. Todo por la fuerza del Espíritu.
Deberíamos proponer a la ONU crear la Jornada del Espíritu y festejarla este día
de Pentecostés. Hasta el nombre tiene buen marketing. El Espíritu Santo que
nos envía Jesús da sentido a nuestra vida, lo ilumina, le da esperanza y nos
revela que somos hijos de Dios, no fruto del azar, lo que eleva notablemente
nuestra autoestima. Y además enardece nuestro corazón para amar a los
demás, para colaborar en un mundo más fraterno y solidario. A la vista del
mundo en que estamos y la situación anímica que padecemos, necesitamos
urgentemente celebrar la Jornada del Espíritu. Pentecostés es su día. Lo
invocamos: “Ven Espíritu santo, llena los corazones de los fieles y enciende en
ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu que renueve la faz de la tierra”.

Palabras con Silencio 16

El que tenga oídos para oír que oiga
En una frase evangélica de esas que se ha hecho popular. Es lo contrario a “por un oído
me entra y por otro me sale”, también muy popular y expresiva. Estamos perdiendo
capacidad de escucha en la cultura del ruido. Hasta en las tertulias políticas o
deportivas, hablan todos a la vez, el moderador se ve negro para imponer orden;
“tienen oídos y no oyen”, sentencia también el evangelio. Viene esto a cuento porque
este domingo próximo es la Fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos, antes también
muy popular como día de Primeras Comuniones y de ferias y festejos populares en los
pueblos de la España vacía.
En la Iglesia Universal es la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, creada
durante la celebración del Concilio Vaticano II en 1963. Este acontecimiento eclesial
hizo ver ya la importancia de los mass media. Gracias a ellos -prensa, radio y ya tv- el
Concilio llegó a todos los rincones del mundo, y profetizó y adelantó la importancia
que iban a tener en el futuro de la civilización. El papa Pablo VI en el mensaje para la 1ª
Jornada, en mayo de 1967 dijo que con, “la maravilla de las comunicaciones, la
convivencia humana adquiría nuevas dimensiones y el hombre se ha convertido en
ciudadano del mundo”.
Hoy, en opinión de muchos analistas, estos medios atraviesan un momento difícil. “Mi
visión sobre la credibilidad de los medios es muy crítica… Las causas básicamente son
dos, la banalización de los contenidos y el alineamiento político”, afirma un experto
reconocido.
También la comunicación en la Iglesia padece la misma enfermedad. En España, la
información religiosa está bajo mínimos, a no ser noticias escandalosas. Este papa es
mediático, pero para muchos sus apariciones y entrevistas levantan desconcierto y
alarma, como la que concedió a Jordi Évole (¡lo que tuve que escuchar!) o al fundador
del diario de gran tirada “La Republica” Eugenio Scalfari. Ante la lectura selectiva que
se estila, cada uno lee, oye o ve lo de su cuerda, es la única forma de llegar con el
mensaje a los indiferentes, alejados y contrarios. El mensaje de este año quiere ayudar
a curar la crisis. Es complementario del anterior que planteaba la necesidad de “ir y
ver” para contar con verdad la información. Ahora nos dice que es necesario
“escuchar”, verbo decisivo en la gramática de la comunicación. Pero añade algo
fundamental: la escucha no tiene que ver solamente con el oído, su sede es el corazón.
“Corde audire”, decía ya S. Agustín. Me suena al Principito, que lo esencial solo se ve “y
se oye” con el corazón. Es la forma de que la comunicación colabore a una humanidad
más fraterna. Cansados de enfrentamientos, necesitamos información veraz y cordial.
Con prensa así el desayuno sienta mejor.

Palabras con Silencio 15

¿Por qué no soy más feliz?
Es una pregunta que nos debiéramos de hacer, una cuestión humana importante que
nos debiéramos de plantear. Juntamente con el imperativo de vivir, la felicidad es uno
de los impulsos más hondos y fuertes que sentimos todos. Cosa distinta es que lo
logremos en la media que lo deseamos. No atravesamos tiempos de ideales
espirituales. Ni los místicos, ni los filósofos, ni éticos y moralistas son ahora apreciados
y escuchados. Tampoco los sociólogos-demógrafos que lanzan el grito de alerta por la
baja de la natalidad. En el II Foro de la Familia, el papa Francisco ha dicho que “La
natalidad es la verdadera emergencia social”. Es la mayor pobreza trágica que afecta a
los seres humanos en su mayor riqueza: traer vidas al mundo. Uno de los momentos
de amor más intenso de la pareja es la decisión de generar un hijo. El amor se hace
vida. En España seguimos cegados, volvemos a la trampa del aborto más fácil todavía.
Es imposible casarlo con el desafío de la natalidad. Nos engañamos en remediarla con
los perros. La ideología contra la evidencia. Hay progresismos que recuerdan “Un
mundo feliz” de A.Huxley.
La felicidad se basa en el amor que es la fuerza vital que nos mueve para todo. El
amor es mucho más que un deber que debemos cumplir o una tarea moral que nos
podemos proponer. Es la vida misma lograda o frustrada. Sin amor no se puede vivir.
Estimula lo mejor de nosotros, genera los mejores sentimientos, acrecienta lo más
positivo de nuestras facultades, nos abre a la claridad de pensamiento y
discernimiento, despierta la creatividad, hace que lo cotidiano lo vivamos de forma
positiva y ofrezcamos siempre lo primero la sonrisa.
En esta cultura del bienestar se exageran y se lamentan las exigencias y sacrificios que
comporta el amor y sobre todo el generar y educar vidas humanas; se ocultan y
pocovaloran sus efectos y consecuencias positivas. Vivir desde el egoísmo, el desamor,
la indiferencia o la insolidaridad, esteriliza la vida. Lo que significa el amor lo estamos
viendo en los sucesos de la invasión de Ucrania y lo hemos comprobado en muchos
momentos difíciles de la epidemia del covid. ¡Qué gestos de heroísmo, de humanidad,
de solidaridad! Se ha hecho verdad el axioma cristiano de que “el amor salva al
mundo”. Muchas veces tenemos que vernos en el abismo para corregir la orientación
de nuestro caminar. Es posible que vuelva a renacer en nosotros el deseo de
fraternidad o, al menos, de “amistad social”, como se apunta en la “Fratelli tutti”
Siempre se pensó que el amor era cosa divina. Fue Jesús de Nazaret el que nos
recomendó: “Amaos unos a otros, como yo os he amado”. La única forma de ser feliz.

La Palabra en el Tiempo 103

No cesan los conflictos y las guerras. La invasión de Ucrania por el ansia de
poder y soberbia del presidente Putin de Rusia ha roto todos los esquemas y
fulminado todas las previsiones de lograr la paz en este planeta azul. Los
bombardeos que causan tantas muertes inocentes, desbaratan tantas
familias, destruyen tantos pueblos y ciudades y hacen imposible la vida
debieran hacernos pensar más y preguntarnos por qué las organizaciones
internacionales que hemos creado para lograr la paz, como la ONU, no lo
consiguen. Hay algunas reflexiones que debemos hacernos. La primera,
pensar y saber a quién elegimos para el gobierno. Aristóteles afirmaba que el
hombre de Estado debía reunir tres condiciones: amor a las leyes,
competencia en lo que atañe a su cargo y virtud y justicia adecuadas.
Cicerón añadía que debía estar dotado de integridad excepcional, lo que
significa amor a la verdad, no mentir jamás y buscar sinceramente el bien
común. Poco progresamos. Es vieja y actual la reflexión.
Nada de esto los encontramos en muchos gobernantes actuales. No
sobresalen por sus virtudes, sino por sus vicios: ambición, soberbia,
enfrentamiento, afán de poder, mentira y engaño, odio, nacionalismo,
populismo… Nuestro parlamento hoy no es un escenario de diálogo y
elaboración de leyes justas y éticas,… No es el más idóneo para alcanzar el
bien común, la solución de los problemas y la convivencia respetuosa, en
definitiva, la democracia que soñamos y anhelamos en la transición. Se
derriba lo construido, se sueltan los fantasmas del pasado.
Es necesario volver a suspirar por “la cultura de la paz”, en la que se
resuelvan los problemas por cauces dignos del ser humano. No estamos
hechos para vivir en un continuo enfrentamiento, como algunos pretenden y
practican. Tenemos obligación de crear un clima de diálogo social, de
“amistad social”, como reclama el papa Francisco en la Fratelli Tutti. Y sobre
todo, estar convencidos de que la paz se asienta principalmente en la verdad.
La mentira y el engaño engendran siempre violencia.
El próximo domingo, en el evangelio de San Juan, Jesús nos dice: “La paz os
dejo, mi paz os doy, no como la da el mundo”. Sabía lo se traía entre manos.
La paz es un don de Dios. Echa sus raíces en el corazón humano.

La Palabra en el Tiempo 102

Desde los albores de la humanidad se ha considerado que el corazón es un
órgano muy importante de nuestro cuerpo. Funciona desde nuestro estado
embriológico hasta el último instante de nuestra vida. Lo solemos cuidar con
esmero por los sustos que nos puede dar. Después de cierta edad solemos
acudir periódicamente al cardiólogo para prevenir o curar disfunciones que
puedan poner en peligro el ritmo de su palpitar.
También desde los comienzos, tanto en la cultura oriental como la occidental, se
ha visto una relación esencial entre el corazón y el amor. Lo que si es cierto es
que nos preocupamos más del órgano corporal que bombea la sangre que
oxigena y nutre nuestro cuerpo que de la realidad espiritual del amor que
también es necesario y fundamental para vivir. Has tael psicoanalista Freud, de
tanta influencia en la cultura actual dijo esa sentencia que se ha hecho viral: “Si
amas sufres, si no amas enfermas”.
El amor es un misterio. Se confunde o identifica con la vida, es la vida misma.
Una vida llena de amor es una vida plena, una vida sin amor es una vida
frustrada, perdida.
La realidad hoy es preocupante. Nunca se cantó tanto al amor, es español y en
inglés y los cantautores y grupos musicales famosos y no tan famosos, reúnen a
miles y miles de jóvenes, que se arraciman a oírlos y llevan esa canciones
sonando es sus auriculares mientras caminan por la ciudad. Sin embargo, nunca
el amor ha sido tan frágil, tan individualista, tan narcisista. Tres evidencias: la
pronta ruptura de las parejas, la tensa relación de los hijos con los padres, las
desesperaciones de los adolescentes. Y se aprende a amar en la familia, se
generan las amistades en el colegio y se cultivó el amor generoso y de calidad
en las parroquias, porque el Dios cristiano es amor. Es la fuente del amor. Ahí
está su misterio. Hoy son muchos los que no beben de esta fuente. Otras
fuentes no son potables, están contaminadas.
El próximo domingo, 5º de Pascua, San Juan nos recuerda, la consigna que nos
dejó Jesús y que nos debe identificar: Que nos amemos unos a otros, pero con
amor de calidad: como el suyo. Hay que ir con el cántaro del corazón a su
fuente. La única que sacia la sed y colma la vida.

Palabras con Silencio 14 (Savia Nueva)

Oímos o leemos con frecuencia, como si fuera un mantra, que estamos en un cambio de ciclo o de era. Es notable el abismo ideológico, cultural hasta religioso entre generaciones. Sufrimos un cierto cansancio agotador. La pandemia pertinaz nos ha dado la puntilla. Y sin poder superarla, aparece un conflicto bélico por el ansia expansionista de un descerebrado que, sin poder detenerle, asola un país y descompone a Europa.
Siempre me ha hecho pensar cómo una humanidad que ha alcanzado tantos progresos y que tiene tantas universidades, que ha logrado tantos adelantos tecnológicos y tantos premios nobel y personas preparadas en todos los campos del saber humano, no sea capaz de resolver los problemas que se le presentan. Además de los señalados, tenemos planteados el cambio climático, la pobreza que avanza y la riqueza que se concentra, las migraciones incontenibles por razón de la miseria, el hambre y la violencia, la corrupción económica, la falta de seguridad, la discutida valía de políticos y gobernantes, la mentira y el engaño, la superficialidad y manipulación mediática, los conflictos religiosos por intolerancias y fanatismos… Podemos seguir.
Pero más que los problemas propios de una sociedad frágil y limitada, que para vivir tiene que luchar, desconcierta el que se vea como aplastada, desganada, apática, aguantando el chaparrón y viendo cómo pequeños grupos extremistas se hacen con el mando y el poder. Se ha emponzoñado tanto el panorama, que los que pudieran con solvencia ponerse al servicio de la “caridad política” tienen miedo, con razón, a ser aniquilados. El papa Francisco lo reconoce. Dice por ello que “es tiempo de mancharse las manos”.
Hace falta savia nueva. Para encontrarla y recuperarla se requiere una buena educación y formación. En España no somos capaces de lograr una buena ley que además de saberes imprima valores. Eso es educar. La última reforma la critican severamente, por fin, los intelectuales de diversas ramas. El ejemplo hoy es la de Finlandia. Pero no se la imita. Se oculta que una de las claves es la enseñanza religiosa que elige libremente cada familia según su creencia. Además del buen trato escolar y la esmerada preparación de los docentes, se la concibe como fuente de valores sociales y personales que redunda en la cívica y respetuosa convivencia. Otra fuente de savia nueva tiene que ser la familia, desconcertada ante la distinta mentalidad de los jóvenes y el descontrol de los adolescentes. Son llamativos los enfrentamientos de los hijos a esa edad con los padres por una libertad caprichosa, adelantada y mal administrada.
Necesitamos líderes dotados de humanidad. Jesús de Nazaret fue el más importante. Merecer la pena escucharlo y seguirlo.

La palabra en el tiempo 101

España es diferente, fue el eslogan publicitario en los años sesenta, siendo ministro el irrepetible Fraga Iribarne, para hacer propaganda del turismo con playa y sol de la nación. Se difundía en ingles por toda Europa. “Spain is different”. Tuvo mucho éxito, cambió la imagen de España. Se trataba de hacer frente a otro dicho, de nuestros vecinos chuavinistas; valiéndose de la leyenda negra, nos decían que “África comenzaba en los Pirineos”. Cincuenta años después este latiguillo ha tomado más bien un cariz negativo. Se cita aludiendo a diferencias estrambóticas o distorsionantes analizando lo que sucede en esta piel de toro con relación a otros países del entorno europeo.
Dentro de estas anomalías, podemos citar hoy lo de la enseñanza. Padeciendo uno de los mayores índices de fracaso escolar, no somos capaces de elaborar una ley que supere este problema. Puede más lo partidista e ideológico. La enseñanza más que como bien común se le utiliza como arma. La última reforma ha levantado hasta la protesta de los intelectuales, que estaban muy callados. Lo curioso es que se suele poner como ejemplo el sistema educativo de Finlandia, pero ese ejemplo no se imita. En concreto, allí se cuida la enseñanza de la religión, de todas las religiones, según la elección de las familias. Es más, se tiene como una de las claves del éxito educativo en valores sociales y personales. Aquí, cada ley reformada que sale es más restrictiva. Con los dirigentes actuales no hay esperanza de cambio. También en el área de las humanidades se sufre el mismo recorte. Sí, Spain is different.
El próximo domingo, 4º de Pascua, en el evangelio de San Juan se alude brevemente a la parábola del Buen Pastor, una imagen muy simbólica e idílica para expresar quién es Jesús para nosotros. Nos invita a escuchar su voz y luego, con libertad, a seguirle. Los que lo han hecho con fidelidad a lo largo de la historia y han recibido su enseñanza tejida de valores humanos, nos han dejado un mundo mejor.

La palabra en el tiempo 100

La quiebra de nuestros vínculos afectivos no solo afecta a la relación conyugal, cuyo balance es arduamente preocupante. Afecta también a otros amores como el de los hijos a los padres que se sienten abandonados en su ancianidad o enfermedad, incluso el de los padres a los hijos, oyendo con frecuencia relatos escalofriantes de maltrato. Perjudica también a la consistencia y calidad de nuestras amistades cada vez más tenues y pasajeras o interesadas. Y se va diluyendo nuestro amor a la Patria que se vuelve moneda de cambio para aquellos políticos que más obligados están a defenderla.
Estamos creados para amores estables y fieles si queremos de verdad buscar la felicidad en este mundo. De lo contrario se irá generando un sentimiento de soledad derivado de esas esenciales relaciones afectivas que se han vuelto tan frágiles y superficiales. Nos va carcomiendo la desazón de no poder contar con nadie ni encontrar apoyo emocional en las dificultades que sin duda se nos puedan presentar. La soledad la connotan ya como un sentimiento frecuente en la satisfecha sociedad occidental. ¡Cuántas personas viven y mueren solas!
Esta fragilidad afectiva dificulta y daña nuestra vida cristiana. La Iglesia es una fraternidad, una asamblea que se reúne cada domingo convocada e invitada por Jesucristo Resucitado. Nuestra relación con Jesucristo y con la iglesia es más importante la del corazón que la de la inteligencia o la razón. La fortaleza de los vínculos afectivos y comprometidos se han debilitado mucho. La prueba evidente es la baja práctica dominical y sacramental. La credibilidad en la iglesia está cimentada sobre todo en el amor afectivo y efectivo que brotan los dos de nuestra personal y amorosa relación con Jesucristo. Dios es amor, es la fuente del amor. Otra fuentes son engañosas
El próximo domingo, 3º de Pascua, el pasaje evangélico de San Juan lo deja claro. Jesús es un buen amigo que tiene con sus discípulos gestos entrañables. Los invita a una comida de playa donde el cuida que las brasas no se apaguen. Y a Pedro no le examina de doctrinas, sino de corazón grande