PALABRAS CON SILENCIO POR D. JAVIER GÓMEZ CUESTA
Este campeonato mundial de futbol 2026 puede recibir muchos apelativos: El mundial de las prórrogas, de los penaltis, de los porteros, de los goles decisivos en el “ultimu minutu”, el de peor fútbol en comparación con los anteriores, el de la quinta eliminación de La Canarinha, el de Messi con 39 años y 8 goles, el de la
retirada de Cristiano Ronaldo con 41, el de la furia roja española después 16 años en blanco, el de Lamine Yamal (que esperan algunos)… Pero también, los medios de comunicación internacionales informativos y deportivos, le añaden otra: El Mundial de la Fe. En esta línea el gesto más llamativo fue el circulo que formaron algunos de los jugadores de la selección alemana y de la “cenicienta” Curazao, después del 7-1, para rezar juntos, imagen que se hizo viral, “porque el futbol también puede unir culturas y pueblos”, justificaron los participantes y “durante el partido somos rivales pero después todos somos hermanos”. Conforta oír esto en un mundo tan embarullado y enfrentado. Me recuerda lo del evangelio del
domingo pasado: los sabios y entendidos armándola, jugando al poder, provocando la violencia y los sencillos de corazón tendiendo redes de fraternidad y entendimiento. Es una pena que el deporte caiga de bruces en el pozo del dólar. Lo de los poderosos Trump e Infantino, sin comentarios En el campeonato participan 1248 jugadores, de 48 naciones, de las que 12 tienen mayoría musulmana. En los campos vemos ya gestos religiosos cristianos como el santiguarse y musulmanes, estos más profusamente como el suyut, el acto de postración islámico en el que el jugador toca el suelo con la frente y las palmas de
las manos en actitud de agradecimiento a Alá. Entre las manifestaciones religiosas- los croatas comenzaron el torneo con una celebración Eucarística- han sido muy comentadas las del noruego Erling Haaland, de familia luterana que, después de festejar su doblete dejando fuera a los brasileños, no quiso atribuirse el mérito reconociendo con sencillez que ha sido un don de Dios. Parecida ha sido la
confesión de Messí con sus 8 goles y alta edad, razonando, que todos entrenan igual que él y podían realizar el mismo juego, pero que a él le dotó Dios de esa extraordinaria facultad que tiene que hacerla rendir, como en la parábola de los talentos del evangelio. Muchos se plantean si los jugadores de los distintos equipos, al rezar y pedirle ganar, no ponen a Dios en un conflicto. ¿A quién atiende?. ¿Tiene predilectos? La oración o manifestaciones religiosas en el futbol, puede tener la justificación que le dieron algunos, de la fe que une culturas y pueblos, competimos pero somos hermanos. Y tiene, a mi manera de ver, el poner en juego toda la energía espiritual y los mejores valores para realizar un trabajo (aquí un partido) con toda responsabilidad que, además, afecta a tantas personas. Luego sucederá lo de
Einstein: “Dios no juega a los dados”. En el golpeo y trayectoria del balón también juegan “variable ocultas” que determinan el resultado. Y no olvidemos el refrán: “En el mesa y el juego se conoce al caballero”
Javier Gómez Cuesta

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