Quería contaros mi experiencia aunque no me conozcáis, tengo 8 años, hasta hoy siempre he pensado que ser malo era mi forma de ser y que yo no podía ser bueno, en el cole siempre me castigan y me riñen, mis padres, el poco tiempo que pasan conmigo, también me riñen constantemente. Y hasta hoy yo creía que yo era malo y que no podría cambiar.

Mi abuela me lleva siempre a la catequesis, pero hasta hoy yo procuraba no escuchar nada de lo que decían allí y pasar el tiempo distrayéndome y distrayendo a los demás porque esas cosas de la catequesis no me interesaban, pensaba que no eran importantes porque en mi casa siempre están demasiado ocupados con cosas importantes (o eso dicen) y nunca me han hablado de Dios. Cuando mi tío supo que yo iba a hacer la comunión me dijo que no hiciera caso que todo eso eran cuentos para engañar a los niños.

Pero hoy fue muy diferente, hoy en donde damos la catequesis, había una gran cruz y Jesús en ella, la tenían allí por que la iban a preparar para las procesiones.

De cerca pude ver la corona de espinas que Jesús tenía en la cabeza, entonces le pregunté a la catequista. ¿Porque está así?¿Quien le ha hecho eso?

Mi catequista se quedó un poco sorprendida de que yo preguntase y enseguida me dijo, “Por mi, y por ti”.

-¿Por mi? pero si yo ni había nacido en esa época.

Entonces ella me dijo.

-Mira el mal entró en el mundo mucho antes que nosotros naciéramos, pero la elección de si somos buenos o malos depende en cada momento de nosotros. Cuanto más mal hacemos más sufrimos. Jesús quiso recibir el castigo para que nosotros sepamos lo mucho que nos ama, para que sepamos que, si aceptamos su sacrificio, Dios nos lo perdonará todo y que cuanto antes le aceptemos a él más felices seremos aquí.

-Pero yo no puedo ser bueno, yo ya nací malo.

-¿Quien te ha dicho eso?

-Todo el mundo , mis padres, mis profes, mis compañeros…

-Pues todos ellos se equivocan: Mira, Jesús es Dios, es todopoderoso, no derramó su sangre en vano y el sabe todo lo bueno que hay en ti.

-¿Yo tengo cosas buenas?

-Pues claro que sí, piensas, eres alegre, un buen deportista e incluso a veces eres cariñoso y muy habilidoso.

-Pero, ¿cómo sé que eso es posible?

-Pues mira, Jesús, la noche antes de morir, tomó pan y dijo:

“Tomad y comed todos de él porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros.”

-Después tomo el caliz y dijo :

“Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que sera derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.”

 -Y… ¿cómo sé yo que estoy entre esos muchos?
-Verás, para que Jesús te salve sólo tienes que aceptar su salvación, querer y creer que él te puede salvar
-Pero luego se murió así que …
-Murió, sí, pero, como es Dios, al tercer día hizo una cosa que sólo Dios puede hacer, al tercer día resucitó de entre los muertos. Eso, sólo Dios puede hacerlo y lo hizo porque nos ama muchísimo,  somos tan valiosos que nos compró con el precio de su sangre.
-Vale, pero y ¿qué pasa si vuelvo a ser malo, digamos por error?
-Si te caes, pero sigues confiando en él, ahí tienes el sacramento de la reconciliación, por el que le pides perdón, te perdona y te da las fuerzas para ser bueno. Y tienes la eucaristía, que es su cuerpo y sangre, que recibirás el día de tu primera comunión y que es alimento y fortaleza para tu alma .
Entonces me acerqué a la cruz, le besé los pies a Jesús y le dije, “Perdóname Jesús, voy a intentar ser bueno, sé que yo solo no puedo, pero sé que tu sí puedes salvarme. Ayúdame.” 
No os lo vais a creer pero creo que Jesús me sonrió y ahora ya no pienso que soy malo, pienso que Jesús me quiere mucho y que lo ha dado todo por mi y yo quiero aprender a querer como quiere Jesús y, aunque sé que no es fácil, él estará a mi lado para que no me olvide.