Palabras con silencios.

                                         El carisma femenino en la Iglesia

Uno de los eventos que constituyó  esta semana un “boom”, especialmente en los programas deportivos de la radio, ha sido el llenazo del Nou Camp para la celebración del partido de la champions femenina entre Madrid y Barcelona. 91.553 espectadores y, ¡hay que añadirlo!, espectadoras. No se ahorran calificativos. No solo ha sido algo “histórico”, sino que ha tenido “impacto mundial”. Y los goles, “de la mejor factura”. Es como si con este éxito se hubiese alcanzado el “Everest” de la promoción e igualdad de la mujer. Nada se dice de los contratos de las jugadoras. Seguro que el de Benzama y  el de la centrocampista Claudia Zornoza, que marcó el golazo espectacular, aguantan diferencias cuantitativas abismales. La igualdad económica todavía se resiste, aunque con seguridad la lograrán. La mujer  es constante.

Menos publicidad y por lo tanto,  poco conocimiento y eco difusivo, han tenido noticias recientes que suponen un avance sin igual en la responsabilidad y misión de la mujer en la Iglesia. Hace unos días, el 23 de enero, el papa Francisco confirió ministerios de lector y acólito a la mujer que la facultan a subir al altar, antes vetada. La iglesia ha sido férreamente masculina en el gobierno  y en el culto, no en su feligresía.

En la fiesta de San José, devoción muy estimada por él, por sorpresa, se hizo pública la nueva “Constitución Apostólica “Praedicate Evangelium” sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia en el mundo” Trascendental documento en el que se abre la gran novedad de que los laicos, varones y mujeres, pueden recibir cargos de primera responsabilidad en el gobierno y magisterio de la Iglesia. Nueve años llevó su elaboración y los analistas dicen que, rigurosamente redactada,  no sobra ni una coma. Era el encargo de los cardenales recibido por el cardenal Bergoglio en el pre-cónclave y se cimienta en lo esencial del olvidado Concilio Vaticano II. Lo femenino cambiará el rostro de la Iglesia. Lo necesita.

Y queda por reseñar el  número muy creciente de mujeres teólogas, muchas de ellas en las cátedras de las principales Universidades. Hasta ahora solo hubo teólogos y algunas santas  escritoras, como Teresa de Jesús. La reflexión y el discernimiento del magisterio tiene ya carisma femenino.

Es curioso el pasaje del evangelio de San Juan donde escribas y fariseos, varones,  le llevan a la mujer sorprendida en adulterio. ¿Y el varón dónde quedó? Jesús no es machista. Por eso, sagazmente les increpa: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Se escabulleron uno a uno.