Os voy a contar la Nochebuena que hemos tenido los peregrinos.

Mi abuela habló con los papás de todos nosotros y el día 24 a las 10 fuimos todos a  su casa. Nos acompañaban los papás de Tomás y sus hermanas.

La abuela les dio las gracias a los papás de Tomás porque, sin ellos, no sería posible que, esta Nochebuena, pudiéramos hacer juntos lo que la abuela hace con el abuelo todos los años.

Bueno –dijo la abuela– hoy es el cumpleaños del niño Jesús y vamos a ir a su encuentro, quizás no seamos capaces de reconocerlo, pero recordad que dijo Jesús “todo lo que hagáis por uno de estos mis hermanos pequeños por mi lo hacéis”

¿Vamos a llevar comida a los pobres? -pregunto Susana.

La abuela le contesto que vamos a llevarles, a una serie de personas, lo que necesitan, que todos, de alguna manera, tenemos nuestras pobrezas aunque no las sepamos ver porque la pobreza no es ser sólo pobre de dinero, pero lo mejor es que os cuente lo que pasó.

Había muchas cajas y las repartimos entre el coche de los abuelos y el de los padres de Tomás; nos subimos en los coches y nos fuimos.

La primera casa no estaba lejos, pero allí no dejamos nada más que una bandeja pequeñita con unos cuantos mazapanes de los que hace mi otra abuela, Marta, que había ido a llevarle a mi abuela un montón esta mañana.

Llamamos al timbre y nos recibió una señora un poco mayor que mi mamá. Nos dio un montón de besos y nos llevo al salón de la casa donde estaban sus padres. Su madre estaba en una silla de ruedas porque se había roto una cadera y su padre estaba allí sentado, se alegró mucho de vernos.

Han venido a cantarnos unos villancicos -dijo su hija. Entonces la abuela le dijo a ella que se fuera que si no no le iba a dar tiempo.

Disfrutaron mucho, la madre de la señora de vez en cuando nos preguntaba por nuestros nombres, el padre de la señora nos decía cosas, pero parecía que no entendía muy bien porque nos preguntaba lo mismo una y otra vez. Se les veía muy felices con muestra visita.

Se nos paso el tiempo rápido y la señora volvió y nos dió las gracias. Había aprovechado para hacer las compras.

La abuela nos explico que su padre tenía alzheimer y su madre se rompió la cadera. La señora vivía con ellos pero no podía dejarlos solos. Y que no tienen muchas visitas.

-Como veis en esta casa no hay pobreza material pero falta compañía y comprensión, su hija ha podido salir tranquila un ratito y sus padres que no salen mucho han tenido una visita que les ha alegrado la vida.

En la siguiente casa que fuimos todo era muy diferente. Era una casa pequeñita y hacia mucho frío. Nos abrió una señora que no hacía más que darle las gracias a mi abuela.

Luego vistamos varias casas mas y nos fuimos a comer a una hamburguesería.

Por la tarde fuimos a varias casas pero os voy a contar sólo tres por que si no estaríamos muuucho tiempo.

En una de ellas había muchos niños y fuimos a jugar con ellos, no tenían play, ni wii, ni nada de eso pero lo pasamos muy bien jugando al parchís y a la oca y cosas así. Al salir de aquella casa Susana le dijo a la abuela que ahora ya entendía lo de las pobrezas y que ella, al estar con aquellos niños, se dio cuenta que aunque ella tenía de todo, muchas veces no tenía con quien jugar y que, aunque aquellos niños no tenían dinero, se tenían unos a otros.

Antes de ir a la casa siguiente pasamos a recoger a una señora de la edad de mi abuela, pero no subió con nosotros se quedó abajo con el abuelo.

Subimos a la casa y llevamos mazapanes y cantamos un par de villancicos la señora que vivía allí nos dijo:

-¡¡¡Ay!!! para mi que estoy tan sola, esto es una alegría.

La abuela le dijo entonces: -No tienes por que estar sola, si quisieras perdonar tu hermana estaría encantada de venir a vivir contigo.

La señora primero se sorprendió y le dijo: -Lo he pensado tantas veces… Pero seguro que ella no quiere venir … Seguro que ella no me perdona.

La abuela le dijo: -Si la tuvieras aquí… ¿Qué le dirías?

Pues yo le daría un abrazo bien grande.

En ese momento la abuela saco el movil y llamo al abuelo, el abuelo subió con la otra señora y las dos se dieron un gran abrazo y nos dieron las gracias. Luego nos fuimos y las dejamos hablando muy contentas.

En la última casa a la que fuimos había una chica joven con un bebé, además de comida le llevamos pañales, ropita y muchas otras cosas. Nos dejo sujetar a su hijito y no hacía más que darle gracias a mi abuela. Decía que su hijito era lo mejor que tenía.

Fuimos todos juntos a la misa del gallo que en nuestra parroquia es a las 8 de la tarde, antes de entrar los papás de Tomás le dieron las gracias a la abuela, le dijeron que, cuando la abuela pidió ayuda para que todos pudiéramos ir, aceptaron pues ya tenían curiosidad de conocerla por las cosas que les contaba Tomás, que les  había encantado ser peregrinos por un día y, lo que es mejor, con toda su familia y que hoy se habían dado cuenta de lo ciegos que ellos están, pues hasta hoy no habían sido capaces de ver lo que pasa realmente en el mundo, lo que verdaderamente importa. Y que por favor los tuviera en cuenta para cualquier aventura de este tipo en la que necesitasen su ayuda.

Entonces la abuela sonrió y les hizo un regalo:”Una concha de peregrino”, pero encima estaba el niño Jesús.

A la entrada de la misa estaban también los otros papás y juntos oímos la misa. Luego la abuela les recordó que la cena de Navidad era el cumpleaños de Jesús y para todos era “un anticipo del reino de los cielos”.

Después  mis abuelos, Fran y  yo nos fuimos a la casa de la abuela Marta (no en la que viven siempre sino a la del pueblo) donde nos juntamos unas 60 personas.

Al llegar mis abuelas se dieron un gran abrazo y la abuela Rosa le contó todo a la abuela Marta. Ya que todo lo que se había preparado lo habían hecho entre las dos. La abuela Marta estaba feliz aunque, de broma, le dijo a mi abuela Rosa: “Algún año no te quedarás la parte mejor” a lo que mi abuela le dijo “Marta, Marta, Rosa tiene la parte mejor y no le será arrebatada“.

Fue una Nochebuena muy feliz.