La Palabra en el tiempo 98

Estamos en las vísperas de la Semana Santa, la semana que merece más el adjetivo de religiosa, cultual, cultural, popular, turística, deportiva … y otros calificativos que se le podían añadir. Para muchos cristianos practicantes y alejados, testimoniales y nostálgicos, seguirá siendo “santa”  por lo que en ella se celebra en los templos y en las calles de muchas ciudades y pueblos de España. No tiene parangón con el modo de celebrarlo en otras naciones europeas. Sí lo hemos transmitido a la América Hispana  Conmemoramos la esencia, el cimiento, la verdad en que se fundamenta nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Y lo realizamos con una estimable combinación de lo litúrgico y las manifestaciones de devoción popular. 

Después de dos años, impedidos por la pandemia, se nota, se palpa entusiasmo  en Cofradías y Hermandades de poder sacar sus pasos devocionales y artísticos  y en los niños llevar sus palmas el Domingo de Ramos. Sin esta dimensión religiosa, será una semana más, rutinaria y plana. Si nos paramos a contar la influencia que el misterio de Cristo ha tenido en el arte, en la música, en la pintura, en las tradiciones populares, en resumidas cuenta en la vida y en el alma  de España, quedaremos admirados.  

Ningún otro acontecimiento tiene tanta fuerza de transformación que repercuta positivamente en los sentimientos y comportamientos religiosos y sociales. 

La persona necesita, cada vez más, cuidar su espíritu, la esencia de su ser , de su “yo” individual. Este semana santa y, añado, espiritual, por lo que se celebra y cómo se celebra, pueda ayudar a cultivar, ahondar,  orientar,  y sanar y curar esa dimensión tan esencial como olvidada.

El próximo domingo es Domingo de Ramos. Tiene dos momentos, el de la aclamación y procesión con las palmas y el del proclamación del relato de la Pasión del Señor, este año según el evangelista San Lucas.  Su realidad hiriente y conmovedora  es hoy  Ucrania. Allí se está volviendo a vivir el drama del Calvario. Los vemos por la tv,  allí, al rojo vivo, están los  miles de inocentes crucificados.