La palabra en el tiempo 77

Son muchos los escritores españoles que han escrito y denunciado que la envidia es un pecado nacional, el pecado más grave de os españoles. Cervantes, en los consejos a su escudero Sancho Panza le advierte que “es la raíz de infinitos males y carcoma de virtudes”. Unamuno la fustiga como “la íntima gangrena española”. Camilo José Cela hace comparaciones y apunta que “el español arde en el fuego de la envidia, como el inglés se quema en la hoguera de la hipocresía y el francés se consume en la llama de la avaricia”. Con humor y agudeza la ha descrito Fernando Díaz Plaja en su famoso libro: “El español y los siete pecados capitales”, donde demuestra que la envidia define el carácter español por encima de la ira, la soberbia y la gula,  confesando con sinceridad que aunque  describa estos pecados, él mismo no se libra de ellos, como indígena de esta piel de toro que es. Algunos, descaradamente, afirman que la envidia en España es un defecto tan de nominación de origen como el chorizo de Cantimpalo,  el vino jerez, el jamón ibérico o el aceite puro de oliva.

El envidioso nunca está contento consigo mismo, con lo que es, con lo que tiene. Mira de reojo a los demás y está comparándose con los otros, deseando compulsivamente estar por encima de ellos, sabiendo más, y sobre todo teniendo más.

Vivimos una sociedad en que, casi sin darnos cuenta, nos está empujando a establecer nuestras relaciones en clave de competitividad. Ya desde niños  se nos educa para ser competitivos. Es una de las características de la educación actual: muchos saberes y pocos valores.  Los niños presumen de la marca que llevan sus tenis y  su ropa.

El antiguo catecismo de preguntas y respuesta, nos enseñaba que contra los siete pecados capitales, había siete virtudes. Contraponía: Contra envidia, Caridad.

El próximo domingo,  San Marcos en el evangelio, nos muestra a  Jesús criticando con ironía a los fariseos que se preocupan ostentosamente de aparentar, despertando la envidia de los demás porque se creen los mejores. Y nos hace mirar a una pobre viuda que con humildad se desprende de los poco que tiene para ayudar a los demás. Sí,  lo más cristiano y lo más humano es: contra envidia caridad