No están los tiempos para muchas alegrías. La pertinacia de la pandemia y las dificultades para superarla y las que nos crea en la convivencia y en la vida laboral y económica, han ido amortiguando mucho aquella euforia primera de música en los balcones que auguraba su pronto remedio. Pero la alegría es esencial para vivir. Es propio de los seres humanos reír. Incluso los filósofos medievales definieron a la persona  como “homo risibilis”, “onmis homo risíbilis est”, todo hombre es capaz de reír. Ninguna otra criatura ríe. La risa natural brota sobre todo de la alegría interior. Es la que se manifiesta principalmente en forma de sonrisa, que define el temperamento y el carisma de la persona. Supone en estado de gozo interior por tener una visión positiva de la vida y sentirse en paz  con los demás y, si se es creyente,  con Dios.

Son muchos los que están convencidos de que la alegría y la risa es medicinal. Relaja las tensiones, favorece el dinamismo interior y el obrar con libertad, facilita la comunicación con las personas, crea confianza y ayuda a vivir. Lo dice hasta Freud, “el buen humor ayuda a vivir”. No ríen los intolerantes y amargados.

De entre las muchas cosas que se hablan del papa Francisco es que “hace más alegre la fe”. El mismo dijo que no se puede ser cristiano con cara de vinagre. Al preguntarle cual era el secreto de su alegría, contestó que rezaba desde hace más de cuarenta años la oración de Santo  inglés Tomás Moro: “Dame Señor, un poco de sol, algo de trabajo y un poco de alegría. Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla y una buena digestión…”

La cincuentena pascual en la que estamos es el tiempo de alegría sana y espiritual, la que llena el corazón. El próximo domingo, San Lucas en el evangelio, nos cuenta uno de los encuentros de Jesús Resucitado con los discípulos. . Les desea la paz. Y añade Lucas,  que tanta era la alegría que sentían al ver a Jesús que casi no podían creer”. La paz, el gozo interior y la alegría son dones pascuales. Haz lo imposible por encontrarte con Jesús Resucitado y te los comunicará. ¡Aleluya!