Los sociólogos que analizan el devenir de la cultura y los valores de nuestro tiempo llaman la atención por el auge que está tomando el individualismo, el narcisismo, el atractivo seductor de la moda, el culto al cuerpo en comparación con el cultivo del espíritu. En definitiva, que estamos resbalando lentamente hacia una preocupante superficialidad.

Tan es así, que hasta las relaciones humanas que debieran estar llenas de afecto y consideración de las persona, por ser personas, están cayendo en el mercantilismo. Se impone el criterio de “… si me interesa..”, “te doy en la medida que tu medas”. Cada vez son menos los que actúan por altruismo, por bien de la humanidad, “a fondo perdido”.

En el amor lo decisivo es dar. El que ama sabe dar gratis, da porque ama. Este amor auténtico, el que brota del corazón, es creador y genera fuerza para vivir y dar vida. Es el amor cristiano. Es el amor que mueve a los misioneros, como a Juan Alonso, nativo del pueblo allerano de Cuérigo, que está siendo beatificado hoy en Santa Cruz del Quiché, en Guatemala, allí donde dio y entregó su vida martirialmente, asesinado por la fuerzas paramilitares el 15 de febrero de 1981, hace ahora cuarenta años. Fueron convulsos aquellos años guerracivilistas que causaron la persecución y el martirio de misioneros y catequistas. Tres misioneros y siete catequistas, el papa Francisco,  los ha proclamado beatos, camino de los altares.

Sobre la sangre reciente y el testimonio vivo y conmovedor de estos mártires se creó la misión asturiana en los años ochenta. Apunto estuvieron los cuatro sacerdotes asturianos misioneros de  sufrir el mismo destino.

El próximo domingo, 4º de Pascua, San Juan nos cuenta la parábola del Buen Pastor, el que da la vida por sus ovejas. Eso hizo con infinito amor y generosidad Juan alonso y tantos misioneros.

Él oyó, siendo niño, a su anciano párroco de Cuérigo en una de sus homilías: “La vida es pa dala”. No se le olvidó y así lo hizo. Juan, gracias por su sangre y testimonio.

sociólogos que analizan el devenir de la cultura y los valores de nuestro tiempo llaman la atención por el auge que está tomando el individualismo, el narcisismo, el atractivo seductor de la moda, el culto al cuerpo en comparación con el cultivo del espíritu. En definitiva, que estamos resbalando lentamente hacia una preocupante superficialidad.

Tan es así, que hasta las relaciones humanas que debieran estar llenas de afecto y consideración de las persona, por ser personas, están cayendo en el mercantilismo. Se impone el criterio de “… si me interesa..”, “te doy en la medida que tu medas”. Cada vez son menos los que actúan por altruismo, por bien de la humanidad, “a fondo perdido”.

En el amor lo decisivo es dar. El que ama sabe dar gratis, da porque ama. Este amor auténtico, el que brota del corazón, es creador y genera fuerza para vivir y dar vida. Es el amor cristiano. Es el amor que mueve a los misioneros, como a Juan Alonso, nativo del pueblo allerano de Cuérigo, que está siendo beatificado hoy en Santa Cruz del Quiché, en Guatemala, allí donde dio y entregó su vida martirialmente, asesinado por la fuerzas paramilitares el 15 de febrero de 1981, hace ahora cuarenta años. Fueron convulsos aquellos años guerracivilistas que causaron la persecución y el martirio de misioneros y catequistas. Tres misioneros y siete catequistas, el papa Francisco,  los ha proclamado beatos, camino de los altares.

Sobre la sangre reciente y el testimonio vivo y conmovedor de estos mártires se creó la misión asturiana en los años ochenta. Apunto estuvieron los cuatro sacerdotes asturianos misioneros de  sufrir el mismo destino.

El próximo domingo, 4º de Pascua, San Juan nos cuenta la parábola del Buen Pastor, el que da la vida por sus ovejas. Eso hizo con infinito amor y generosidad Juan alonso y tantos misioneros.

Él oyó, siendo niño, a su anciano párroco de Cuérigo en una de sus homilías: “La vida es pa dala”. No se le olvidó y así lo hizo. Juan, gracias por su sangre y testimonio.