La Palabra en el tiempo 16/07/21

Va ganando terreno y haciéndose usual el adjetivo calificativo con que el
gran sociólogo Bauman ha descrito a la sociedad actual: “una sociedad
liquida”. El líquido es inestable y adquiere la forma del continente en que
se contiene. Carece de firmeza. Vivimos un mundo cambiante y movible.
Con una particularidad preocupante, no busca ni educa en profundidad.
Los modelos sociales que se exhiben en los mass media son de personas
hedonistas, narcisistas, egoístas, que llenan pantallas y páginas. Ahora en
verano mucho más. Podemos conocer y enterarnos de todas los avatares,
dramas o intimidades de los famosos en curso. Todo ello contribuye a
favorecer una mentalidad superficial que va acrecentando la banalidad de
la vida y, lo que es peor, la banalidad del mal. Nos vamos acostumbrando
al “todo vale”.
Una consecuencia evidente de esta mentalidad líquida es que aquellos
saberes que contribuyen a la configuración de una personalidad madura,
estable, dotada de valores fundamentales como son la filosofía, la
sociología, la historia, la poesía…la teología, que contribuyen a tener
ideas, opiniones, convicciones propias están ahora, en esta sociedad
líquida, en baja, archivadas. Pensar no está de moda. Piensan por
nosotros, somos maleables. ¿Somos personas líquidas? No estaría mal
pararse a revisar si estamos afectados de esa “posmodernidad”.
En el evangelio de San Marcos del próximo domingo, Jesús, el Señor, nos
invita a estar con él en un sitio tranquilo. Estas vacaciones pueden servir
también para serenar nuestro espíritu, ese interior nuestro que poco
cuidamos. Y con él hacer una revisión, un discernimiento, afianzar
nuestras convicciones y certezas. La paz interior es la mejor salud del alma
y del cuerpo.
Hoy es la festividad de la Virgen del Carmen, la patrona de las gentes del
mar. Asturias tiene un largo litoral con pueblos, villas y ciudades que
celebran esta fiesta. El verano es un calendario de fiestas del Señor, de la
Virgen y de numerosos santos. Hacen verdad lo que quiere el papa
Francisco: el evangelio es fuente de alegría.