La Palabra en el tiempo.14/05/2021

Los medios de comunicación social siguen siendo uno de los grandes avances de nuestro tiempo. Nos facilitan estar informados al momento de todos los sucesos del planeta, aunque estén a miles de kilómetros de distancia. Y no solo saber de ellos, sino verlos a través de la pantalla del teléfono, de la tableta,  de la Tv.

Precisamente estas nuevas redes de comunicación han permitido a catedrales y parroquias el poder participar “on line” en las distintas celebraciones cultuales o catequéticas durante  muchos meses de pandemia por la Covid-19 en los que hemos tenido que sufrir un confinamiento que nos imposibilitó asistir presencialmente a la Misa dominical y a los niños a la catequesis.

La Iglesia cayó en la cuenta de la importancia de los medios  de comunicación durante la celebración del Concilio Vaticano II, en los años 60 del pasado siglo XX. El mismo Concilio, realizado en la Basílica Vaticana, convertida en aula conciliar, fue entonces el evento más y mejor comunicado. Desde entonces, todos los años el día de la Ascensión, el Papa convoca una jornada de reflexión sobre  la situación actual de estos medios advirtiendo que deben servir para el progreso y la mejora de la dignidad  y de la convivencia de las personas y de los pueblos.

Este año, haciéndose eco de la crisis que atraviesan muchos de estos medios, sobre todo el periodismo de papel, y de la hiperinformación  que corre por otras redes plagadas de “fake news”, critica la información de “fotocopia“ y generada en los “palacios”, sin salir a la calle,  “sin gastar los zapatos” para ser notarios “in visu” de los acontecimientos. Y transmitir y comunicar la verdad de los hechos. Para la buena información hay que ir y ver, comunicación por “encuentro” con la realidad de la vida. Pone el ejemplo del sufrimiento y el drama que pueden padecer los países pobres sino les llegan las vacunas.

El próximo domingo es la fiesta de la Ascensión del Señor que se despide dejándonos un encargo  una misión de comunicación: Ir por todo el mundo y anunciar y comunicar el Evangelio.  Hay que hacerlo “saliendo a la calle”, gastando zapatos”, y no con fotocopias, sino con la  experiencia de la propia vida.