“Si conocieras el don de Dios…”

Vivimos muy entretenidos en cosas muy superficiales. Cada vez somos más indiferentes a los grandes problemas del mundo que afectan a otros: El hambre, la pobreza, las migraciones y huidas de sus países por la miseria y las persecuciones tribales, las guerras y persecuciones religiosas, las sequías  prolongadas y la carencia de agua potable, la falta de atención a la salud… ¡A cuántas situaciones somos indiferentes! Están lejanas y las imágenes de la TV ya no nos conmueven.

Hasta que aparece un microscópico virus  y desestabiliza y pone del revés todo nuestro mundo desarrollado y adelantado convirtiendo en desiertos nuestras ajetreadas ciudades. Entonces salimos de la indiferencia. Exigimos que todos se preocupen de nosotros y pronto, médicos, investigadores, autoridades, servicios hospitalarios… Incluso nos molesta que nos pidan sacrificios inevitables para hace frente a la situación.

Dios nos habla por los signos de los tiempos. Estamos en Cuaresma. Es tiempo de reflexión  y austeridad, la felicidad no está en el consumir. Es tiempo de caridad y solidaridad, tenemos que luchar por un mundo más justo y fraterno. Es tiempo de oración y búsqueda del sentido de la vida. Como a la Samaritana del evangelio del próximo domingo, Jesús también nos dice: “si conocieras el don de Dios”. ¡Si valoraras la vida como un don de Dios! Te ayudaría a salir de esa superficialidad e indiferencia.