Crece cada día el rechazo y la indignación por las reformas y nuevas leyes
que afectan la vida ética y moral de la ciudadanía como la tristísimamente
famosa del “sí es sí”, (¡vaya nominación!). oficialmente “Ley de Libertad
Sexual” que ha sacado tantos violadores a la calle o disminuido sus penas;
o la ley “trans” que permite ya a los adolescentes cambiar de sexo y que
aplicada en otros países está en retroceso. A estas dos, hay que sumar la
ley de Protección Animal. Comparada con la última del aborto, deja
patidifuso, porque se protege más al animal que al “nasciturus”, al niño en
gestación. Lo positivo de esta situación es que se vuelve a recuperar el
valor de la ética y la moral tan olvidadas y minusvaloradas. No cuentan
para un gobierno autodenominado “progresista”, calificativo engañoso.
Pero le están haciendo templar y asomando al peligro, estas estas leyes de
ideologías trasnochadas y totalitarias.
Sin una ética y moral compartida la vida social se volvería salvaje y nos
regiríamos por la ley de la selva. Las personas y los pueblos, por una
predisposición natural y por la experiencia vivida, vamos distinguiendo lo
bueno de lo malo. Sabemos que matar, mentir, robar… es malo. Y que dar
a cada uno lo suyo, respetar, decir la verdad…es bueno y nos hace felices
y podemos ayudarnos, cuidarnos y compartir los bienes y la vida.
Así se van forjando los valores humanos y los virtudes y fustigando y
denunciando los vicios y las maldades. Nuevos grupos y partidos padecen
la pulsión del esnobismo. Censuran y desprecian el pasado y se creen
iniciadores de una nueva antropología. La realidad los delata.
El próximo domingo encontramos en el evangelio de San Mateo
recomendaciones de Jesús que nos vienen como anillo al dedo. Toca
cuatro preceptos o mandamientos que vienen avalados por la vida y
tutelados por un pueblo que ser fiel al Dios creador: “ No matarás, no
cometerá adulterio, no repudiaras a tu mujer, no jurarás en falso”. Nos
advierte que todo mal comienza en el corazón del hombre. ¡Qué
importante es el corazón y qué poco lo cuidamos!

Por Diego