Tengo muchísimas cosas que contaros: ayer hubo una fiesta muy grande en el cielo. ¿Qué como lo sé?

Pues porque mi catequista nos dijo que, cuando un pecador se arrepentía, había fiesta en el cielo y ayer nos confesamos los niños que vamos a comulgar en el mes de mayo.

Pero primero os contaré que la semana anterior nuestra catequista nos explicó de qué iba lo del sacramento de la Reconciliación. Nos dijo lo siguiente:

-Imaginaros que habéis desobedecido a vuestros padres y os dais cuenta de que, por vuestra desobediencia, están tristes… ¿qué hacéis?

-Pues le pedimos perdón -contesté yo.

-Como Dios quiere mucho también a vuestros padres, Él también sufre y, para pedirle perdón a Él, nos dejó el sacramento de la Reconciliación, que también se puede llamar de la Penitencia o Confesión.

-Y Dios, ¿lo perdona todo?

-Si, Dios quiere perdonarlo todo, pero para estar seguros de que la confesión es válida, se tienen que cumplir las siguientes condiciones.

1.- Examen de conciencia: Eso es pararse a pensar en todas cosas que hemos hecho mal, que han ofendido a Dios, verlas una a una. Para prepararlo podemos fijarnos en los mandamientos, pero también en esas cosas que nuestra conciencia nos dice que no están bien. Por ejemplo, si le di una mamá una mala contestación y me doy cuenta que no ha estado bien.

2.- Dolor de los pecados: Pienso que hubiera sido mejor no hacerlos, me arrepiento de haberlos hecho. En el ejemplo de antes, me doy cuenta de que mamá se ha puesto triste por mi mala respuesta y me doy cuenta de que no quería disgustarla.

3.- Propósito de la enmienda: No querer hacerlo nunca más. En el ejemplo de antes, es proponerme no volver a contestarle mal más a mamá.

4.- Decir los pecados al confesor: Los que son muy gordos son los pecados mortales y hay que confesarlos siempre. Para que un pecado sea mortal tienen que tener:

  • Materia grave. Es decir, que van contra los mandamientos de forma muy grave.
  • Pleno conocimiento. Sé que lo que estoy haciendo es muy malo y ofende a Dios.
  • Pleno consentimiento. Es decir, que no lo hago en contra de mi voluntad.

No podemos comulgar si estamos en pecado mortal.

Los pecados veniales, debo de confesarlos todos, aunque si no confieso alguno la confesión sigue siendo válida pero es mejor que los digamos.

No debemos tener miedo a decir los pecados al sacerdote, pues no pueden decirles nuestros pecados a nadie, eso se llama secreto de confesión. Además nos comprenden muy bien porque ellos también han cometido pecados.

5.- Recibir la absolución: El sacerdote puede negarnos la absolución si considera que alguna de las condiciones anteriores no se da, o en caso de un pecado muy, muy, muy grande .

6.- Cumplir la penitencia: El sacerdote nos va a pedir que recemos u a oración o hagamos alguna cosa que nos ayude a reparar nuestras faltas.

Después nos explicó muy bien cómo se confesaba uno, el examen de conciencia que venía en el libro y nos recomendó que hiciéramos en casa nuestro examen de conciencia.

Al llegar a casa le dije a mamá que si me ayudaría a hacer el examen de conciencia y me dijo que si. Juntas íbamos leyendo las preguntas y yo, tras las explicaciones de mamá, fui apuntando muchas cosas. Me puse un poco triste. Mamá me dijo que estaba muy bien darnos cuenta de lo que tenemos que mejorar, pero que también tenemos que pedirle ayuda a Dios para mejorar y tratar de no volver a hacerlo más.

Así que el viernes fuimos la la iglesia y allí tuvimos un acto muy bonito que había preparado nuestro párroco. Cuatro de nuestras catequistas, haciendo diferentes papeles, leyeron la parábola de la oveja perdida. Una historia muy bonita de una oveja que se equivocó de camino. Pero Jesús, que era su pastor, no paró hasta encontrarla.  ¡Qué alegría cuando la encontró!

Don Javier nos leyó algunas preguntas del examen de conciencia y pedimos perdón por algunas de ellas.

Llegó el momento importante el de la confesión yo estaba muy nerviosa pero luego todo fue muy bien y, cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí muy contenta.

Y luego fuimos a la capilla donde está el sagrario y a Jesús le rezamos la oración que nos pusieron de penitencia. Con los nervios, no me acordaba muy bien, pero las catequistas nos ayudaron. Era mi primera confesión…¡He recibido otro sacramento!,¡y por primera vez! otro regalo de Jesús, y ya está todo listo para recibir a Jesús en mi corazón.

Papá y mamá fueron también y se confesaron. Luego fuimos al centro parroquial y me dieron un paquete de ¡¡¡¡CHUCHES!!!!. Tomamos unos refrescos. Fue muy bonito.

Voy a procurar ir a confesar cada mes y tratar de ser mejor cada día.

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