Resulta que me dijeron las catequistas que escribiese un cuento de los sacramentos explicando lo que son. Bueno… he de decir que se me había olvidado un poco. Así que decidí quedar por videollamada con la abuela y los peregrinos.

Ellos se conectaron un poquito antes y estuvimos hablando de nuestras cosas. Tampoco se acordaban mucho de qué son los sacramentos.

Cuando se conectó la abuela, le dije:

-¡Abuela, queremos entender qué son los sacramentos! ¿Para qué sirven? ¿Cómo funcionan? Pero esta vez … no queremos que se nos olvide.

La abuela sorprendida dijo:

– bueno…sabréis que la comunión es un sacramento.

-Sí y el bautismo. Contestamos todos  la vez…

Bueno vamos a empezar …¿qué son los sacramentos.?

 Todos ellos han sido creados (instituidos) por Él, por Dios, y por eso, los sacramentos son la forma que tiene Dios de enviarnos su cariño y su fuerza, es Él mismo quien los realiza a través de distintos medios.

¿Y para qué nos los dio? Para darnos la gracia.  Anda que está palabra tiene su gracia..le dije-.la oímos mucho pero ¿qué quiere decir?…pues , para darnos, junto con su amor, la fuerza necesaria para luchar contra las dificultades de la vida. 

Algunos son para momentos tan especiales que sólo se reciben una vez en la vida. Otros son tan necesarios que cuanto más los recibamos mejor. Os lo voy a explicar con mi reloj.

Mi abuela tiene un reloj muy bonito y antiguo, tan antiguo que todos los días tiene que darle un rato a una rosquita. Ella lo llama “darle cuerda”.

Sus padres se lo regalaron cuando terminó el bachiller, yo no lo sabía, pero nos lo contó a los peregrinos y a mí el otro día.

-¿Con tu reloj, abuela?

-Sí, con mi reloj. Cuando yo estaba terminando el bachiller me costaba un poquito ponerme a estudiar, digamos que era un poco… perezosa.

-¿Perezosa tú, abuela? Pero ¡si no paras de hacer cosas!

-El caso es que, cerca de mi casa, había una relojería. A mí me gustaba mucho mirar los relojes. Un día mis padres me preguntaron. “¿Cuál es el que más te gustaría tener?” Yo enseguida les contesté y les señalé este reloj. Entonces, mis padres entraron conmigo en la relojería y, no solamente preguntaron el precio, sino que lo encargaron para final de curso. Y, en el acto, pagaron una señal. Entonces me dijeron: “Si sacas el curso con buenas notas, el reloj será tuyo. Y estamos tan convencidos de que así va a ser,  que lo hemos reservado”.

«Cada vez que me entraban ganas de vaguear, pensaba en el reloj y me ponía a estudiar. Muchas veces, cuando estudiaba, venía mi madre a traerme un bocadillo o unas galletitas; o venía mi padre, me daba muchos ánimos y me preguntaba sobre los problemas que hacía o las lecciones que estudiaba.

Mis notas mejoraron muchísimo y terminé el Bachiller con unas notas muy buenas. Las llevé a casa muy contenta y, ese mismo día, fuimos a la relojería a por él.

Este reloj es como un “sacramento con mis padres de la tierra”.  ¿Sabéis que significa? El sacramento nos lo regala Dios al igual que mis padres el reloj, ellos me mostraron su confianza y su cariño, como Él cuando nos lo entrega, sabiendo que yo iba a cumplir mi promesa de estudiar. Y aquel reloj, me animó en aquellos momentos que yo no tenía ganas de estudiar, como el sacramento me ayuda a ser mejor con los demás y conmigo misma. 

También, me sirve el reloj para explicar la necesidad de sacramentos que tiene nuestra alma: al igual que mi reloj, si no tiene cuerda se para, nuestra alma sin los sacramentos se debilita. ¡¡¡No lo olvidéis !!!»

¡Yo creo que ya no se me olvida.!

¿Os ha gustado?

Mi abuela tiene un reloj muy bonito y antiguo, tan antiguo que todos los días tiene que darle un rato a una rosquita. Ella lo llama “darle cuerda”.

Sus padres se lo regalaron cuando terminó el bachiller, yo no lo sabía, pero nos lo contó a los peregrinos y a mi el otro día.

Resulta que me dijeron las catequistas que escribiese un cuento de los sacramentos explicando lo que son. Bueno… he de decir que se me había olvidado un poco. Así que decidí quedar por videollamada con la abuela y los peregrinos.

Ellos se conectaron un poquito antes y estuvimos hablando de nuestras cosas. Tampoco se acordaban mucho de qué son los sacramentos.

Cuando se conectó la abuela, le dije:

-¡Abuela, queremos entender qué són los sacramentos! ¿Para qué sirven? ¿Cómo funcionan? Pero esta vez no queremos que se nos olvide.

-Mirad los sacramentos son la forma que tiene Dios de enviarnos su cariño y su fuerza para ayudarnos a hacer las cosas para evitar las tentaciones. Algunos son para momentos tan especiales que sólo se reciben una vez en la vida. Otros son tan necesarios que cuanto más los recibamos mejor. Os lo voy a explicar con mi reloj.

-¿Con tu reloj, abuela?

-Sí, con mi reloj. Cuando yo estaba terminando el bachiller me costaba un poquito ponerme a estudiar, digamos que era un poco… perezosa.

-¿Perezosa tú, abuela? Pero ¡si no paras de hacer cosas!

-El caso es que, cerca de mi casa, había una relojería. A mi me gustaba mucho mirar los relojes. Un día mis padres me preguntaron. “¿Cuál es el que más te gustaría tener?” Yo enseguida les contesté y les señalé este reloj. Entonces, mis padres entraron conmigo en la relojería y, no solamente preguntaron el precio, sino que lo encargaron para final de curso. Y, en el acto, pagaron una señal. Entonces me dijeron: “Si sacas el curso con buenas notas, el reloj será tuyo. Y estamos tan convencidos de que así va a ser que lo hemos reservado”.

«Cada vez que me entraban ganas de vaguear, pensaba en el reloj y me ponía a estudiar. Muchas veces, cuando estudiaba, venía mi madre a traerme un bocadillo o unas galletitas; o venía mi padre, me daba muchos ánimos y me preguntaba sobre los problemas que hacía o las lecciones que estudiaba.

Mis notas mejoraron muchísimo y terminé el Bachiller con umas notas muy buenas. Las llevé a casa muy contenta y, ese mismo día, fuimos a la relojería a por él.

Este reloj es como un “sacramento con mis padres de la tierra”. Con él me mostraron su confianza y su cariño, así como con los bocadillos y las galletitas y las conversaciones con ellos.

También me sirve el reloj para explicar la necesidad que tiene nuestra alma de los sacramentos: al igual que mi reloj, si no tiene cuerda se para, nuestra alma sin los sacramentos se debilita. ¡¡¡No lo olvideis !!!»

Yo creo que ya no se me olvida.

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