Hola amigos:

Después de unas semanas sin escribiros, vuelvo a contaros como va el cate y las cosas que hacemos los peregrinos con mi abuela.

Esta semana hemos hablado del reino de Dios, que dice mi catequista que podemos encontrar ¡ya! aquí, en la tierra.

Nos contó una historia de un señor que encontró un tesoro en un campo, pero el campo no era suyo, así que vendió sus cosas y su casa y todo cuanto tenía y con ese dinero compró el campo.

Nos explicó que las personas que encontramos a Jesús y decidimos seguirle nos encontramos con ese gran tesoro.

A la salida mi abuela nos dijo que íbamos a hacer una visita a unas religiosas que eran amigas suyas la hermana Esperanza y la hermana Catalina. La hermana Esperanza había estudiado con mi abuela y, entonces, era muy guapa, la mas guapa de la clase y que además sus padres tenían mucho dinero, pero ella no era feliz.

Una vez fue al cole una misionera y les contó que su vida no había  sido feliz hasta que descubrió lo que el Señor quería para ella y a partir de ahí su vida cambió.

Llegamos a un piso grande y nos recibieron dos monjitas muy felices, una de ellas, a pesar de ser de la edad de mi abuela, era muy hermosa. La hermana Esperanza y la hermana Catalina estaban cuidando de 10 niños de entre 12 y 2 años y se les veía a todos muy felices. Una niña nos explico que sus papás no podían cuidar de ella y que por eso vivían con la Hermana Esperanza y La Hermana Catalina; que al principio ella había estado muy triste pero que ahora estaba contenta porque eran muy buenas y que de vez en cuando podía ver a sus papás.

Yo le pedí a la hermana Esperanza que nos contase del el día que se Jesús le pidió que lo dejase todo por él.

Ella sonrió y nos contó que, a pesar de que tenía de todo, ella sentía que le faltaba algo y que, cuando hablaba de ello, nadie la entendía hasta que un día, oyendo a una misionera, sentía en su corazón que alguien le decía:

Eso es lo que he elegido para ti, para que seas feliz. Ese día fui a hablar con la misionera y ella me explico que eso era la llamada de Jesús. Así que en las primeras vacaciones me fui a hacer una experiencia a un convento y allí fui muy feliz, entonces estudié enfermería y me hice religiosa.

Luego pude ir a las misiones y ayude a abrir un hospital, una escuela y la iglesia donde daba catequesis.

Hace unos años tuve que volver por culpa de una enfermedad, y cuando me dijeron que no podría volver allí sentir en mi interior que Jesús me decía que ahora me necesitaba aquí con los niños que no pueden estar con sus papás.

Fran le dijo: ¿Y cuando te fuiste al convento, que te dijo la gente?

-Bueno pues algunos no lo entendieron, en especial un amigo muy especial que yo tenía, pero cuando volví de aquellas vacaciones tan feliz y con tantas ganas de seguir a Jesús entendieron que yo había encontrado mi tesoro escondido.