Cuarto Domingo de Pascua

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor

Homilía

Estamos en el mes de mayo. Brota la naturaleza con pujanza, se llenan los rosales de flores. Hoy lo novedoso es que, por fin, podemos hacer una salida tasada de casa después de la cincuentena que llevamos enclaustrados. Es como si volviéramos a la vida.

Lo hacemos acompañados de la Virgen María a quien dedicamos siempre este mes de mayo con el rezo del rosario, que ojala volviera a ser la oración de las familias, y la dedicación de las primeras flores. Por fin la Pascua hace soplar la brisa de la vida.

Este 4º domingo de Pascua tiene nombre. Es el Domingo del Buen Pastor, una de las figuras alegóricas con las que se denominó el Señor para descubrirnos el misterio de su Persona. Para decirnos quién era el para nosotros. Él es como el pastor para las ovejas. Antes,  este domingo era el día del párroco. Una forma de expresar que la parroquia es como una familia. Se ha perdido. Muchas veces pienso que no tener cada domingo una motivación que ayude a encontrar más sentido a la celebración ha hecho que la liturgia dominical caiga en la rutina. La celebración es para la vida y hay que darle motivaciones de la vida a la celebración para que despierte deseos de vernos, de encontrarnos, de querernos y nos comuniquemos nuestra alegría, nuestros sentimientos, a veces también nuestro dolor y tristeza.

Por cierto, que hoy se celebra “el día de la madre”, que aunque tenga aspectos comerciales, las madres, todas las madres, las que nos  han dado la vida, la mayor grandeza de la mujer, bien merecen una fiesta en que les manifestemos nuestro cariño. También la Virgen María tiene como su mayor título ser “la Madre de Jesús, la Madre de Dios”

La finalidad de este 4º domingo de Pascua es descubrirnos y recordarnos el “cómo” quiere Jesús que se nuestra relación con él. Qué trato desea que tengamos con él.  Quiere que sea una relación cordial, afectuosa, de intimidad, el “tú a tú” con nosotros. Por eso se hizo hombre como nosotros, buscando cercanía. Podía haberse encarnado en otra modalidad de mayor importancia, de élite, de super-hombre, de hombre fantástico, de los tienen magia y  poder. Se hizo hombre pobre, esclavo, como pidiéndonos respuesta a su amor,  a su estado de necesidad.

Lo dice muy bien este pasaje del comienzo del capítulo 10 de San Juan donde nos expone la parábola del buen pastor. Esta figura del pastor es propia de una cultura agrícola, pero tuvo una gran importancia porque además de un oficio o dedicación era también un título importante que daba a los grandes personajes. Precisamente por lo que llevaba ser pastor y dedicar toda la vida a las ovejas.

De hecho en este pasaje la alegoría es doble. Jesús es el Buen Pastor pero es también “la Puerta” del aprisco, del corral,  donde se guardan y refugian las ovejas.  “Yo soy la Puerta”, nos dice. Nos puede extrañar esa simbología tan vulgar, una puerta. Pero puede ser muy intuitiva para nosotros en estos momentos, en que esperamos abrir la puerta para salir del obligado y larguísimo encierro. La vida tiene o puede tener muchas puertas de salida. ¿Por qué puerta queremos salir nosotros? ¿Nos ha cambiado o nos va a cambiar algo la vida este trauma existencial que hemos padecido?

“Yo soy la puerta, el que entra por mí se salvará”, salvar la vida, ahora nos damos más cuenta del valor de la vida, de que no la podemos echarla a perder, de que lo podemos malgastar en superficialidades. Ahora es el momento de preguntarnos en qué la empleamos…si nos dedicamos a lo esencial.

Por la Puerta de Jesús se puede  “entrar y salir”, es la puerta de la libertad. Podemos hacer el doble movimiento de entrar y salir, a veces necesitamos entrar y estar con él, que nos ilumine, nos fortalezca;  y tenemos que salir, no podemos quedar encerados. Él nos dice que “saca las ovejas fuera”. Es “la Iglesia en salida” en la que nos insiste el papa Francisco, que no se encierra en sí misma, que no se acobarda, que sale al mundo, a la realidad que viven las persona, ahora con problema de la salud y con el problema económico y social que nos viene encima y que va a sumir a muchos en  la pobreza y la necesidad. Es aquella iglesia de la que nos hablaba ya cuando el Concilio el santo Juan XXIII de una iglesia que tiene que abrir puertas y ventanas… una iglesia de católicos confesantes, que saben que su fe da respuestas a la vida.

Jesús quiere una relación cordial, no distante, no de pregunta y respuesta de catecismo. De amigo, de intimidad, de corazón! porque sus ovejas conocen su voz y el pastor las llama por nombre. Es una relación personalizada. Posiblemente hemos perdido el timbre de voz de Jesús. Sabemos cosas, aunque cada vez menos, sobre todo las nuevas generaciones, porque tampoco de él y con él se habla en casa.  Tenemos cierta cultura religiosa pero desconocemos su voz, no oímos nuestro nombre cuando nos llama.

¿Por qué puerta vamos a salir de este encierro? Nos dice hoy que él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. Ahora nos damos cuenta del milagro de la vida que somos cada uno. Y vemos que Jesús nos quiere seguir regalando y dando vida. ¡Nos manda vivir! Es el imperativo que llevamos grabado en lo más honde de nuestro ser. Y vivir no solo es el funcionamiento orgánico, físico, es principalmente amar, es  tener esperanza, es sentir deseo de más felicidad, es luchar por valores sobre todos espirituales, la justicia, la paz, la honradez, la verdad…, es cuidar los sentimientos, es abrirse y disfrutar con los demás, es vivir como Jesús. Porque Jesús vino a enseñarnos a vivir. Y revelarnos el misterio de la vida que, aunque tengamos que dar muchas curvas, es punto final de nuestra existencia. La vida de relación con Él, la vida espiritual es parte esencial de nuestra salud integral. La fe anima a vivir, da vida, porque disipa nuestros temores, ilumina nuestras dudas, fortalece nuestras debilidades, agranda nuestro amor. Nos tenemos que dejar conducir por el Buen Pastor a las verdes praderas  a las que se entra y sale por Él que la Puerta que entrando tiene mejor salida. Amén

ORACIÓN

Señor, Jesús:

Seguimos intentando disfrutar,

a pesar de las contrariedades que sufrimos,

de este tiempo pascual

en el que Tú nos ofreces la vida nueva

para renovar y enriquecer la nuestra.

Con expresivas alegorías

nos sigues enseñando a conocerte más

y poder ahondar en nuestra amistad.

Hoy nos dices que eres para nosotros

un “Buen Pastor”

que das la vida por nosotros

y que nos conoces como somos,

con nuestras alegrías y nuestras penas,

con nuestros buenos deseos

y nuestros problemas.

Nos haces una invitación a confiar en Ti,

a sentir tu cercanía, a seguir tus pasos,

porque nos llevas a “verdes praderas”

que nos hacen fuertes y robustecen

el sentido de la vida.

Nos dices, también, que eres

la Puerta” por la que podemos entrar

a una nueva forma de vivir y

quien entra por Ti, se salvará”,

encontrará nuevos horizontes,

no la malgastará, gustará la alegría

de ese don tuyo. Por esa puerta

debemos entrar con libertad.

Tú no impones, invitas yendo delante,

como el Buen Pastor,

con tus obras y palabras.

Señor, tenemos que reconocer que

a nuestra fe la falta vitalidad, fortaleza,

testimonio, por nuestra pobre

y distante relación contigo.

Tú eres la fuente de la vida.    Amén.