Nada te turbe, nada te espante. 29/1/2020

FELICIDAD Y CALIDAD DE VIDA

Todos buscamos la felicidad. Los psicólogos dicen que es una tendencia universal del ser humano, que la llevamos en las entrañas. Algunos la califican de vocación, en la línea de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola que nos invita a descubrir que hemos sido creados para ser felices, aunque engañados, le estropeamos a Dios el proyecto. Se la describe como una mezcla de alegría y paz interior que invade todo nuestro psiquismo, dando como resultado un estado de ánimo, de alma,  que nos hace sentirnos contentos con nosotros mismos. Hoy no se habla mucho de esto. Es un tema demasiado espiritual. Como el lenguaje todo lo cambia y lo desfigura, ahora no se dice que “soy feliz”, sino que tengo una buena “calidad de vida” y en política la condicionan al  calificativo de “progresista”  prometiéndonos que seremos felices en “el país de las maravillas”.

De todas formas, es importante porque hasta la ONU le dedica un día especial: Día Internacional de la Felicidad y le asigna el 20 de marzo, porque “la felicidad y el bienestar son aspiraciones universales de los seres humanos”. Lo curioso es que fue iniciativa de un pequeño país asiático desconocido, Bután, entre China y la India que afirma que es más importante el paradigma de la Felicidad Nacional Bruta que el Producto Nacional Bruto.

Lo cierto es que tiene mucho que ver con el amor, la esperanza, la confianza (¡que son las virtudes teologales!), el sentirse querido, el tener  un proyecto que dé sentido a la vida y una visión positiva de las cosas y un cierto equilibrio y armonía entre la cabeza y el corazón. Por eso, se suele preguntar si los creyentes tienen más posibilidades de ser felices. No salen mal parados en las encuestas. Contamos con la experiencia contrastada por muchos de que Dios nos ama, él que es la fuente del misterio del amor, tiene sentido la vida (la nada asustó a los más  acendramos marxistas y agnósticos que como Horkheimer se lamentaba de que o hay victoria sobre la muerte o no hay justicia para todos), nos espera un segundo capítulo que solo vislumbramos y tenemos confianza en Jesús, como maestro, que pasó por este mundo haciendo el bien.

El próximo domingo, Jesús en el evangelio nos sorprende señalándonos un camino para lograr la felicidad. Lo asegura con éxito. Es el que él ha vivido. Son las bienaventuranzas, el no poner el corazón y la ansiedad en el poder y las riquezas, el estar al lado de los pobres y los que sufren, el ser compasivos, compresivos y tener grandeza  para perdonar, el secundar valores limpios y nobles y el no arrugarse o acobardarse ante las dificultades y denostadores.

Por  este camino quiere llevar el papa Francisco a la Iglesia de este tiempo. Algunos de los de dentro no se lo ponen fácil.  Aunque minoritarios, decepcionan por lo que representan. Añoran estilos más doctrinarios y rigoristas. Prefieren  una iglesia acorazada que misionera, “en salida” a una cultura nueva. ¿Quieren volver a suscitar las controversias del Concilio? Se ha pagado un precio alto por guardar el paño en el arca.

Javier Gómez Cuesta

La Palabra en el tiempo 31/1/2020

La educación escolar en España sufre con demasiada frecuencia sobresaltos y debates. No hemos sido capaces de lograr un pacto escolar como tienen todos los países desarrollados. La pariente pobre es siempre la clase de religión  a la que enseguida amenazan con recortes o despido de las aulas. aunque la mayor parte de los padres  –el 70%-  la quieren y la solicitan para sus hijos. El último conflicto buscado fue el embrollo del llamado pin parental.

Eso no debe hacer olvidar que la principal formación y educación se recibe en la familia. Es muy cierto que la familia es la primera escuela y a los padres les compete la responsabilidad de la educación de sus hijos, sobre todo la educación en valores que es lo que ellos mejor pueden transmitir. La honradez, la sinceridad, la nobleza, la solidaridad, el respeto,  el esfuerzo y capacidad de sacrificio…y la fe, la dimensión religiosa.

Posiblemente, dadas las circunstancias estresantes de la cultura actual, y la mansalva de redes de comunicación  e información de fácil acceso, hoy esta misión de los padres de ha vuelto más difícil. Pero es fundamentalmente necesaria. No se les puede dejar a la intemperie. La familia es especialmente importante para la transmisión de la fe. Una familia que no reza, que no practica, que no tiene a Dios presente en su vida…no puede esperar que sus hijos valoren el ser amigos de Jesús, el Señor.

El próximo domingo se celebra la fiesta de la Presentación del Niño en el templo. La fiesta de las candelas. El Evangelio acaba diciendo que  el Niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría. El evangelio es la mejor sabiduría en valores para tus hijos.

Nada te turbe, nada te espante 22/1/2020

COLABORACIÓN LEAL Y GENEROSA

Correcta y pronta ha sido la felicitación y saludo que le ha hecho llegar el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Ricardo Blázquez, al Presidente de Gobierno una vez elegido. Le adelanta que la colaboración de la Iglesia será “leal y generosa”, dos adjetivos expresivos de la mejor voluntad. Al mismo tiempo, han salido también algunos temores episcopales que, opiniones del partido, han considerado exagerados porque con estilo más cuidado o libre se han hecho eco de lo que se comenta en  la mayor parte de los medios de comunicación por la índole novedosa de la coalición que va a gobernar. Estos temores pudieran verse justificados por los pronunciamientos imprecisos y poco atinados de algunos miembros del gobierno y del adelanto del programa pactado donde se enumeran algunos temas que podrán levantar conflictividad y desacuerdo como es la enseñanza, la ley de libertad de conciencia  o la eutanasia.

Estamos en una nueva etapa. Me ha dado por releer las memorias publicadas del tardío cardenal Fernando Sebastián que sin duda fue el asesor y persona de confianza del cardenal Tarancón en el momento de la transición. Puede decirse que Sebastián puso la sabiduría y Tarancón el talante. En ellas, cuenta las reuniones que tuvieron con el gobierno socialista cuya comisión presidía Alfonso Guerra y en la que hubo desde el principio lealtad, respeto y reconocimiento y, al final, generosidad por ambas partes para logar acuerdos para el bien común de los ciudadanos, que es de lo que se trata. Se me oculta que  ahora el pueblo soberano tenga ardientes deseos de acometer cambios. Más bien los temen porque no se tiene confianza de que se van a mejorar.

Pero ya que anuncian que van a intensificar y cuidar especialmente el área social, me atrevo a sugerir que ningún colaborador mejor en ese campo que la Iglesia católica que profesan la mayor parte de los españoles, por el origen del cristianismo y por la práctica concreta de actuación de la iglesia. El inicio del cristianismo es una persona, Jesús de Nazaret, hijo de artesanos, que nació pobre, emigrante, que buscó como colaboradores a obreros de la mar, que pasó por aquel mundo curando, llamando al amor y al perdón, dando ánimos de que es posible un mundo más humano, mostrándonos  que Dios es padre, que nos creó a su imagen y semejanza, no como muñecos, ni expoliador ni enemigo del hombre, y que entregó su vida como testimonio de su verdad. ¡Vamos! que puede ser el mejor ejemplo de buen ciudadano. Es verdad que nos asoma a las puertas de la trascendencia, de la vida eterna;  algunos sienten vértigo, pero el que no quiera pasar se queda sin lo que más desea: vivir para siempre.

Y la Iglesia, por ceñirnos a lo que vemos, a su entrada están los pobres y su mejor servicio, además del sacramental, es el de caritas que conoce bien todo el que lo necesita, que no son pocos. Y los templos hasta se prestan para reivindicar derechos sociales, como hemos visto en la catedral, y de ellos se sirven infinidad de coros para dar conciertos contribuyendo a la cultura y suelen ser un extraordinario punto de referencia turística por la arquitectura y el arte. Ningún edificio es tan del pueblo como un templo parroquial.

Por eso, no nos sienta bien que nos quieran relegar a lo privado. ¿Por qué no somos europeos, también en esto? La Iglesia tiene vocación pública y después de veinte siglos es experta en humanidad. Trabaja por establecer una convivencia donde reine la justicia, la verdad, la fraternidad y la paz. El papa Francisco la describe como una “iglesia en salida y hospital de campaña”, porque como dice el evangelio del próximo domingo: “Jesús anunciaba el Evangelio curando las enfermedades y dolencias del pueblo”

Javier Gómez Cuesta

La palabra en el tiempo 24/01/2020

“Mens sana in corpore sano”: decía ya el poeta romano Juvenal en pleno imperio romano. Sigue siendo una buena consigna. Últimamente hay un interés, a veces obsesivo, por el cuidado del cuerpo. Los fines de semana se organizan eventos deportivos que convocan a personas de todas las edades. El sábado se ha convertido en el día del deporte. Los padres, al finalizar la jornada escolar llevan a sus hijos a la práctica de futbol, kárate, baloncesto, natación…

Menos interés, incluso descuido, se pone en el cuidado del alma. Es manifiesta y lamentable la pérdida de valores y la poca educación del carácter y de los sentimientos. Y hablando del alma, es bueno recordar aquello de Calderón de la Barca, que no debiera olvidar ningún español: “el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”

Desgraciadamente nos abandonamos a vivir en una cultura que, aunque de raíces cristianas, se va alejando o va oscureciendo la imagen de Dios. Las ideologías contrarias, aunque minoritarias, demuestran más eficacia que la vitalidad de nuestra fe. Descuidamos la práctica dominical, la oración comunitaria y personal con Jesucristo. Acudimos a él cuando nos apura la vida. ¡Vaya hijos de Dios que somos!

En el evangelio del próximo domingo, Jesús nos pega un toque. Nos dice que tenemos que convertirnos y nos invita a seguirle. El seguimiento de Jesús es el mejor deporte para cuidar el alma. Y ya sabes, “el alma solo es de Dios”. Si el sábado el día del deporte, el domingo es el día del Señor.

La Palabra en el tiempo 17/01/2020

Vivimos esta época con el sobresalto de que gran parte de las instituciones que fundamentan el Estado y la convivencia social están atravesando una crisis preocupante. Pero hemos de tener en cuenta que las instituciones las sostienen las personas.

Hasta la institución de la familia que, ocupaba el primer puesto en el aprecio y valoración, como las más querida y estimada, ha perdido ese pódium. Ahora lo ocupa el trabajo, el tener trabajo, y en segundo lugar ¡sorpréndete! El viajar, el conocer mundo. El deseo de formar una familia se queda solo con “medalla de bronce”, pasa al tercer puesto. La tan aludida y lamentada crisis de valores provoca estos cambios..

La iglesia misma como institución atraviesa un “túnel oscuro”. Da la impresión de que no logra alcanzar el sueño de San Juan Pablo II de saberse situar para evangelizar este nuevo siglo XXI, que está resultando desconcertante, convulso y contradictorio.

Es la hora de los testigos. En esta cultura líquida se necesitan “testigos sólidos”, de convicciones arraigadas para los retos que nos esperan. No es la hora del optimismo, pero tampoco de la dejadez y el pesimismo.

En el evangelio del próximo domingo, Juan el Bautista nos invita  a hacer nuestro su testimonio y convertirnos en testigos fieles y responsables de Jesucristo.

Somos los discípulos y seguidores los que formamos la institución de la Iglesia, los que mostramos su cara, los que con nuestro testimonio le damos consistencia para que cumpla su misión. Nos ha tocado vivir este momento y tenemos que afrontarlo con decisión, nunca con miedo.

Nuevo encuentro de la Cofradía del niño del Remedio

El próximo sábado día 25 de Enero, a las 11:30 será nuestro primer encuentro de este año.

Como siempre en el centro parroquial.

Sois maravillosos vosotros y vuestras familias. Agradezco de corazón que sigáis formando parte de esta cofradía de grandes cofrades

Gracias a vosotros nuestro Domingo de Ramos tiene un color especial: el rojo, el del Niño del Remedio

La Palabra en el tiempo

Comenzamos un nuevo año. Con buen corazón, nos hemos deseado que sea feliz. Todos hemos de poner nuestro empeño por  alcanzar esa felicidad y esa paz. No comienza con los mejores augurios para la convivencia según los acontecimientos políticos que hemos vivido estos días en el parlamento. Hemos de resistirnos a la división y enfrentamiento de las dos Españas y cuidar de los viejos fantasmas nuestra convivencia fortaleciendo con la fe  la fraternidad. La fe es para la vida.

Aunque el marco exterior y el ambiente que respiramos tiene importancia, puedo intentar mejorar mi vida personal. Algunos se proponen dejar de fumar, practicar más deporte, ir al nutricionista o al endocrino para mejorar su alimentación, llevar una vida más ordenada…Está muy bien. Ya rezaba el viejo adagio: “mens sana in corpore sano”

Pero no basta. Hay una dimensión interior, espiritual a la que le prestamos poco atención. Y la felicidad y la paz, la serenidad, se asientan en esa estrato espiritual. Hay dos experiencias importantes que suelen tener éxito: El sentirse amado, querido. Y el descubrir que la vida tiene sentido. Las dos tienen su origen en descubrir a Dios como Padre. Es el mensaje de este próximo domingo. Como a Jesús en el Jordán te dice a ti: “Eres mi hijo/a amado” y eso siempre, ya desde tu bautismo.

El jarrón roto

Es triste, pero esa es la realidad. Estamos reproduciendo al antiguo drama de las dos Españas. No estuve muy atento a la sesión de investidura. Las fiestas navideñas, sus celebraciones y tradiciones son prioritarias. Debieran de haber sido respetadas. Pese a todo, me ha parecido notar una distancia grande entre la calle y el parlamento. La política cuando se revuelve conflictiva, puede agriar o reventar incluso las reuniones familiares. Así me consta de alguna. En otras mesas, por precaución y consenso, fue tema vetado. Leyendo, oyendo o viendo opiniones y comentarios en las diversos medios de comunicación, dan como cierto y comprobado que la llamada transición del 78 ha llegado a su fin. Vuelven a enfrentarse las dos Españas y se teme que se azucen los viejos fantasmas. Por las redes sociales circula de todo. Me acuerdo de la alegoría del jarrón de porcelana japonesa roto. Qué fácil es romperlo y que trabajoso recomponerlo. Qué fácilmente se destruye y qué difícil restaurarlo

Yo acudo con frecuencia a los versos teresianos: “Nada te turbe, nada te espante… con la paciencia todo se alcanza, solo Dios basta”, para tener paz. Y para tratar de entender lo que pasa y poder vislumbrar el futuro que se presenta, me he encontrado con el pensamiento del filósofo y sociólogo francés de actualidad, Gilles Lipovetsky, que la analiza  en dos libros que tienen por título: “La era del vacío” y “De la ligereza”, los dos muy sintomáticos y poco halagüeños ¡Qué descripción de la cultura en la que estamos inmersos! Meses atrás anduvo por esta tierra nuestra que  conoce bien. A propósito de los populismos, de los que mucho se habla, se deja decir: “Que los movimientos populistas son la traducción de la inseguridad profunda”  Y  reflexiona así: “La autoconciencia ha sustituido a la conciencia de clase, la conciencia narcisista sustituye a la conciencia política”. Este domingo he leído de él algo más preocupante y es que no será la moral la que salve al mundo sino la técnica porque de lo que se trata hoy es de resolver los problemas para vivir bien, el bienestar a cualquier precio y el bienestar que buscamos es… material.

A lo largo de esta lenta travesía por el desierto que ha sido el tiempo de las elecciones y la investidura, no hubiese venido mal una reflexión argumentada y serena ofrecida por la Iglesia española. Es bueno recordar lo de Pablo VI de que la iglesia es experta en humanidad. Lo está demostrando el papa Francisco. Me consta que muchos la han echado en falta. Hay valores humanos y situaciones sociales de envergadura en juego: la verdad, la justicia, la fraternidad y la libertad. Lo humano es evangélico. Desde el concilio Vaticano II la iglesia ha sabido situarse y cumplir su misión. Hoy nadie discute el papel que desempeñó en la transición  con el cardenal Tarancón al frente. Y después, con D. Gabino Díaz Merchán y el documentos “Los católicos en la vida pública”. Un poco más de peso podrían tener ese 70% de la sociedad española catoliaca con el aval de la tradición de la Doctrina Social de la iglesia.

El próximo domingo se conmemora el bautismo de Jesús en el Jordán, el inicio de su vida pública que a nadie dejó indiferente. En el bautismo recibimos los cristianos la efusión del Espíritu Santo y sus dones, el de fortaleza, ciencia, sabiduría… Todos necesarios para una iglesia en salida y para recomponer el jarrón  roto de la transición. El Espíritu Santo puede actuar como el kintsugi japonés para reparar la porcelana. Es polvo de oro que refuerza las roturas.

Javier Gómez Cuesta

La Palabra en el tiempo

Entre los días festivos de la Navidad, hay uno dedicado a la Sagrada Familia. Es el próximo domingo. Nos puede pasar desapercibida la fiesta, aunque la característica más sobresaliente de estos días es la familiar, la vida familiar. Además, los niños están de vacaciones, con la cual la familia no solo está unida, sino “reunida” y nos dedicamos, unos a otros, más tiempo y más atenciones.

Sí, la familia sigue siendo la institución más valorada, también por las nuevas generaciones –es la que ocupa el primer lugar en las encuestas más actuales- ,  sin embrago la familia tradicional atraviesa una fuerte crisis de estabilidad y de modelos de vida. Es altamente preocupante el elevado número de rupturas y separaciones. Se ha inoculado en el ambiente, el que es casi imposible un amor fiel  y permanente. Eso del “para siempre,… ya veremos”, cuando una de las notas esenciales del amor, es la fidelidad en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas… Y , por otra parte, va siendo el modelo de vida más frecuente de la pareja, “la unión de hecho”, sin formalidad jurídica,  ni celebración religiosa.

El matrimonio católico sacramental ha descendido vertiginosamente en los últimos veinte años. Actualmente no llegan al 25% de los que se contraen. Problemática seria que contrasta con la poca atención que se le presta. La pastoral matrimonial es la base de la educación religiosa y de la transmisión de la fe. Acertadamente se ha dicho siempre que la familia es la primera iglesia. Dios hecho hombre, nació vivió y se educó en el seno de una familia. La que llamamos Sagrada. Toda familia tiene mucho de sagrada. De ella depende nuestra felicidad.

Publicado en Radio cope viernes 27 de diciembre 2019

“¿PARA QUÉ TU NAVIDAD?”

Es un verso  provocativo del buen poeta y ya anciano obispo Pedro Casaldáliga en la Araguaia brasileña. En su poesía lamenta que ya no hay gloria en las alturas, ni en la tierra paz. Y que a José y a María (inmigrantes)  algunos no les dan lugar y que con modos imperialistas tampoco a los ángeles les dejan en público cantar. Hay que añadir la perturbada situación sociopolítica ¿kafkiana? que padecemos. No vendría mal un apagón temporal de la  vidriosa actividad parlamentaria para que afloraran con naturalidad los nobles sentimientos propios de este tiempo navideño y poder disfrutar  las  bellas y familiares tradiciones que identifican nuestra cultura y dan sabor y gusto a la vida.

Se nos  puede olvidar saber celebrar la Navidad. Requiere poder abrir el corazón al gozo y la alegría interior, y tener capacidad de silencio y admiración para contemplar el acontecimiento que la motiva. Se nos va atrofiando la facultad de lo espiritual para descubrir la dimensión transcendente que tienen algunos signos o eventos históricos. Así, nos cuesta trabajo o somos impermeables a admitir que Dios pueda habitar junto a nosotros y ser cercano.  Siempre me ha llamado la atención la imagen o concepto de Dios que manejan agnósticos y no-creyentes; tiene más que ver con “algo” abstracto y causal que con un Dios personal que ha tenido la iniciativa de presentarse en el tiempo de un modo cercano para entablar una relación cordial: “En el principio ya existía la Palabra y la Palabra era Dios…se hizo carne y acampó entre nosotros”, nos dice S. Juan en el evangelio de este día. Un Dios creador tiene que sostener y dar sentido a la creación. Un Dios Padre tiene que manifestar el amor a sus hijos.

Es frecuente sufrir la tentación y consentirla de intentar ser “dios” de nuestra vida o arrebatar la misión de Dios en la vida social, jugando a “number one”, imponiendo ideologías y comportamientos utilizando el poder y la fuerza. El intento acaba siempre en frustración personal y fracaso colectivo. Experiencias personales e históricas, hoy  también actuales, no faltan. El camino es el inverso, no somos nosotros lo que tenemos que usurpar la función de Dios, es Dios el que toma la iniciativa  y viene a nosotros, asumiendo nuestra condición y no por la fuerza del poder sino por la del amor. Lo realiza con hechos, no con teorías. “La palabra se hizo carne”, “un Niño nos ha nacido”. Quería manifestarnos el amor que nos tiene, y el niño es sin duda la realidad más expresiva. No se presenta como un poderoso en el palacio del emperador, sino como un niño pobre que, desde el pesebre y no desde el trono, va a enseñarnos la fuerza del amor,  no la del miedo y el terror. Lección que no somos capaces de aprender.

La Navidad no es una celebración merengue. Tiene dimensión revolucionaria.  De hecho la desencadenó. Ha tenido más fuerza el pesebre de Belén que el despacho oval de Washington. Nos hace ver que merece la pena ser hombre, descifra el misterio que somos y habitamos, despierta sentimientos nobles de generosidad y justicia, invita a la reconciliación, reclama y defiende  la dignidad humana, acaba con las diferencias de lengua, raza y color y hasta puede curar nuestra soledad existencial. Navidad es ¡versión de Dios en pequeñez humana!

Javier Gómez Cuesta