¡¡Salí en la procesión!!

Hola, soy Clara, ¿os acodarais de mí?

Hoy celebramos la Bendición de Ramos y la procesión de la Borriquilla y del Niño del Remedio y ¡¡¡yo fui portadora del Niño del Remedio!!!.

Como sabéis durante todo el año nos reunimos y este último mes tuvimos alguna reunión más para preparar la procesión.


Para mi fue muy emocionante. Llegamos a las 11 y 20 y nos pusimos nuestras capas y medallas de la cofradía (las medallas las hicimos nosotros durante este año).

Luego hicimos una Oración y fuimos con el Niño hasta la capilla del Remedio. Allí fue la Bendición de los Ramos. Había muchísima gente, pero Don Javier bendijo todos los ramos y todas las personas. Mi abuela comentó luego que eso está muy bien que hoy en día se necesitan muchas bendiciones.

Después salimos en la procesión. Fue impresionante portar al Niño del Remedio, ser sus pies y, como dice mi abuela, sacar la catequesis a la calle.

La imagen de la Borriquilla acompañada de muchos niños iba detrás de nosotros. Nos íbamos relevando en el recorrido. Los mayores, entre las que me incluyo, lo portamos al principio y lo llevamos para entrar en la iglesia.

Fue un día de sol precioso y lo pasamos muy bien, por eso quiero dar las gracias a Don Javier, a Consuelo y Tere. También a Paola y a Pilar y a las dos Flores por ayudarnos y permitirnos llevar al niño del Remedio.

Rosquillas sinodales

Los catequistas tenemos un pequeño grupo sinodal. Yo lo estoy disfrutando mucho, sólo somos 6 pero tenemos repredentadas todas las edades estados civiles y religiosos.

Al principio yo no entendía muy bien por qué era necesario un sinodo de la sinodalidad, pero, ya desde la primera reunión, me voy dando cuenta que este sínodo va a a servir para aprender a caminar todos juntos como Iglesia.

Rezar juntos, hablar y debatir los temas, escuchar a los demás, nos ayuda mucho a crecer como personas y como comunidad de fe.

Y más si, como en la última reunión, lo acompañamos de unas rosquillas tan estupendas como las de la foto (realmente esas fueron las que comimos). La proxima vez, además de rosquillas, habrá café y refrescos.

¿Os animais?

La palabra en el tiempo 94

Estamos inundados y saturados de imágenes, vídeos,  noticias, reportajes,  que nos llueven torrencialmente desde el los móviles que llevamos en el bolsillo,  o los nuevos canales de televisión que vamos adquiriendo. Esta pronta sucesión de emociones, sorpresas, escándalos, sobresaltos y bombazos, despiertan un instante nuestras emociones, pero   apenas dejan rastro en nosotros. Todo es momentáneo. De ahí que se califique a la cultura y ambiente social actual de efímero, de intrascendente. Se presta poca atención a la importante, a los problemas y situaciones humanas. Afecta predominantemente a la política, en la que constantemente estamos viendo escenas de teatro tragicómico y mutuas acusaciones.  Mientras tanto el mundo agrícola mal sobreviviendo, las luz por las nubes y sin puestos de trabajo para los jóvenes.

Esto que intentamos describir y que sufrimos, afecta poderosamente al hombre de hoy. Contribuye a que apenas dediquemos tiempo a cuidar la interioridad,  a pensar y razonar por nuestra cuenta teniendo convicciones propias y sobre todo oyendo la voz de nuestra conciencia. Es más, hay atentados manifiestos que buscan dominar y anular nuestra conciencia, que es el pilar y la  fuente de nuestra  libertad. Se trata a la persona como si fuera nada más un producto evolutivo de la naturaleza, un organismo singular. Nosotros mismo nos hundimos en los dicho por Epicuro: Comamos y bebamos que mañana moriremos”

No sé si los avatares y consecuencias de la pandemia nos harán reflexionar y preguntarnos quiénes somos y qué nos espera.  Para despertarnos de la tentación de superficialidad estamos viendo ahora la brutalidad  con que está siendo atormentada la europea nación ucraniana y el valor y resistencia de sus habitantes, hombres y mujeres. Todo por sus convicciones y defensa de su libertad. Por ellos una oración, un golpe de corazón.

El próximo domingo, 2º d Cuaresma, Jesús nos encenderá las luces largas para ver que la vida tiene un gran valor,  es un don de Dios, que no debemos malgastar. Aunque tengamos que afrontar dificultades y tribulaciones, estamos llamados a alcanzar,  como él y con él, la glorificación. Sí, esa que soñamos y esperamos.

La palabra en el tiempo 89

En la mañana del domingo pasado, España estuvo en vilo deportivo. Tuvimos que retrasar la hora de comer para ver el glorioso, sudado e inteligente final del tenis. Nadal, nuestro Nadal, después de perder los dos primeros sets del Open de Australia, increíblemente se reponía y  se superaba hasta ganar el partido. Nadal volvía a situarse en la cima del ranking del tenis mundial. Mucho se ha dicho de su juego, de su izquierda fabulosa, pero mucho se ha dicho de la fortaleza mental  y de su madura personalidad. Su fuerza interior es la que le empuja siempre, hasta “in extremis”, a combatir contra sus limitaciones y  errores, a sobreponerse a la frustración y remontar sus bajones.

Una de las facetas de su larga vida deportiva es su capacidad de afrontar el sufrimiento y encajar y reconocer con humidad sus reveses sin echar las  culpas a nadie encarando sus responsabilidades. “No ha sido un partido suficientemente bueno y tengo que corregirlo”, confiesa con sinceridad  Según declaraciones de su tío Toni ha sido educado en esa pedagogía desde muy pequeño. Ese es el secreto.

Tenemos que reconocer que el ambiente y la cultura dominante  que respiramos ahora en esta España nuestra es el revés de su moneda, tanto en lo personal, en lo social y sin duda en lo político. Lo que se practica es la permisividad, la dejadez del esfuerzo, la aversión a los compromisos, el menosprecio de los valores, y…  ¿por qué no decirlo abiertamente?, hablando en cristiano, el no reconocimiento de nuestra culpas y pecados. Así es difícil lograr una superación a lo Nadal. Gozamos con sus éxitos pero no imitamos su mentalidad, su fuerza espiritual.

Del caso de Nadal, encontramos un paradigma en el evangelio de San Lucas del próximo domingo. San Pedro como Nadal tuvo éxito en la aquella pesca milagrosa por fiarse de la palabra de su educador. Y, porque reconoció  con humildad que era un pobre pecador, alcanzó el ranking en el campo evangelizador. Jesús, el Señor le entregó la copa del Reino, las llaves de la Iglesia.

La palabra en el tiempo 88

Todos nos quejamos de que vivimos con muchas prisas, a golpe de reloj,
que el tiempo cunde poco. Además de poner en riesgo nuestra salud,
sobre todo nuestro corazón, una vida tan acelerada nos dificulta ser
reflexivos y cuidar nuestra vida interior, nuestro carácter, sí, nuestra vida
espiritual. Además, nos lleva a vivir más expuestos al ambiente, al
exterior, a la moda. Es una de las características de nuestro tiempo “vivir a
la moda”. Admira la celeridad con que se impone el llevar los vaqueros
estéticamente rotos, o de pitillo que convierten las piernas en frágiles
columnitas de arte jónico, o las bufandas frondosas y largas como estolas
clericales. “En el mundo actual todas las ideas de felicidad acaban en las
tiendas”, observó el gran sociólogo Bauman.
Pero también se poniendo de moda el ser un “descreído”, el ser
arreligioso, aunque alguna vez invoquemos por miedo a Santa Bárbara. El
dictado de la moda se impone también en los gestos, ideas, incluso en las
creencias que deberíamos defender. Hoy se necesita coraje y valor para
ser fiel a las propias convicciones. No se lleva ser católico, ir a misa, incluso
casarse en la Iglesia. Fácilmente nos dejamos arrastrar por los
convencionalismos sociales.
Nos da miedo ser diferentes, a pesar de que hoy la sociedad es plural. El
catolicismo español necesita un viento de fortaleza. Nos pesan demasiado
las críticas cansinas del nacionalcatolicismo pasado y los pecados actuales.
Ahora con la información sesgada y equivocada del inmatriculaciones. Los
bienes de la Iglesia, además de haberlos conservado y cuidado, son para
las actividades y beneficencia de las personas.
Nos toca hacer un ejercicio de humildad y de reconocer y pedir perdón
por nuestros errores y pecados. A ello nos invita el papa y nos anima con
su ejemplo. Pero es el momento del testimonio, de la autenticidad, de
dejarnos guiar por la “luz” que llevamos dentro.
El próximo domingo , en el evangelio de San Lucas, también Jesús es
extraño en su pueblo. Allí, de sus labios salió el dicho tan conocido de que
“Nadie es profeta en su tierra”. En la España actual, es verdad.

La palabra en el tiempo 87

Ante la crisis social y económica que provocó la pandemia, desde
instancias gubernamentales se adelantó enseguida que: “No vamos a
dejar a nadie atrás”, argumentando que el Estado tiene recursos
poderosos y no dejaría hundirse a los ciudadanos.
“Una cosa es predicar y otra dar trigo”, dice el conocido refrán.
Tristemente no ha sido así. La crisis ha superado todas las predicciones. Lo
acaba de constar el reciente informe de Caritas elaborado por su
prestigiosa Fundación FOESSA en el que han trabajado más 30
investigadores de diez universidades y entidades sociológicas.
En ese informe, tan citado y dado a conocer estos días en los informativos
de todos le medios de comunicación, entre los muchos datos que ofrece,
hay dos muy preocupantes: Uno, que más de 600 mil familias tienen
todos sus miembros en paro y carecen de algún tipo de ingreso periódico
que les permita cierta estabilidad. El segundo es, la cantidad
estremecedora, que indigna, de 2,7 M de jóvenes para los que no hay
mercado de trabajo, lo que les impide afrontar algún proyecto de futuro
que les permita vivir con dignidad.
Caritas sigue siendo esa mano solidaria, humana y cristiana que trata de
paliar y socorrer estas necesidades. “Tuve hambre y me disteis de comer,
tuve sed….” Es la iglesia Hospital de la que habla el papa Francisco. Acaba
de ser premiada por CC.OO.
El próximo domingo, en el evangelio de San Lucas, Jesús presenta su
programa de misión en la sinagoga de Nazaret, con sorpresa y
consternación de sus paisanos. Proclama que viene a anuncia la Buena
noticia a los pobres y a liberar a los oprimidos. Cuando la iglesia sigue
cumpliendo este programa, acierta. Lo hace tan bien, que es reconocible
como guiada por el Espíritu, el Espíritu de Jesús.