Viernes Santo

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1 — 19, 42 (pincha para leer)

Reflexión sobre el Viernes Santo y la Pasión del Señor

Hoy hace casi 2000 años que por mandato de la  autoridad y la petición ignorante de un pueblo, unos soldados hincaron en la cima de en un monte llamado Calvario, una cruz  en el que habían clavado  un reo inocente, torturado, desangrado,  pero inhiesto, dócil a las voces del verdugo, como quien sabe de antemano que aquella cruz estaba preparada para su último momento. Va morir con dignidad, va a hacer verdad que la vida no se la quitan, la da, la entrega. Aquella cruz para él deja de ser vil instrumento de castigo, para ser pódium de victoria. Aquel palo seco vuelve a ser árbol de la vida, con sabia nueva, dando aquel fruto que el coma de él vivirá para siempre, tendrá  con él una nueva vida. La muerte de aquel condenado fue tan misteriosa, atípica  y singular que fue uno de los soldados, como por inspiración divina, el que dio con la clave de aquel suceso, cuando mirándole, exclamo: “¡Verdaderamente este era Hijo de Dios!

Sí, en aquella cruz finalizaba su vida entre nosotros, la que comenzó en el seno de la Virgen María,  el que nació en la pobreza de Belén, Jesús de Nazaret, el hijo de María y José,  el Mesías anunciado por los profetas del A.T., el Hijo de Dios, el Maestro, el Señor, el Salvador.

En el zenit de la tarde de aquel viernes santo, con el trasfondo de la luz mortecina que se va apagando, se recorta la silueta de aquella cruz.  El palo vertical une la tierra al cielo;  el horizontal ofrece el abrazo del cielo a la tierra. Allí, en el Calvario,  sucede el episodio más importante de la historia de la humanidad. Allí muere el Hombre-Dios, allí la muerte ha sido vencida y surge victoriosa, resucitada, la vida.

Jesús de Nazaret, divide el tiempo y la historia. Antes de Cristo y después de Cristo. Fue una señal, para quien lo quiera ver, de la intervención divina. No ha sido un hecho anodino. ¡Cuánta literatura se ha escrito, cuánto debate se ha entablado! Aquel que siendo Dios se hizo hombre y asumió nuestra naturaleza humana desvela el misterio del hombre, su origen y su destino, lo que es y lo que  espera.

Hay una tendencia  malsana, secularizante, de arrancar y quitar las cruces de edificios y espacios, de descrucificar y descristificar todo, como si  lo cristiano fuera un maleficio o una superstición. Es intentar arrasar la vida pasada,  la historia vivida, la cultura engendrada,  que sembrada de evangelio, lleva el honor y la dignidad bien ganada de apellidarse cristiana. Hasta ahora además de signo de referencia de la fe,  la cruz era signo y ejemplo  de un hombre humilde, hijo de un artesano, que sin poder ni riqueza, pasó por el mundo haciendo el bien, con la misión de construir un Reino de verdad y de vida, de bondad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. ¿Por quién le quieren sustituir? ¿Hay alguien en la historia que le pueda suplantar? ¿Se puede desconocer el numerosísimo grupo de personas   -diría que millones, los más, anónimos- que a lo largo de la historia movidos por su ejemplo han hecho grandes cosas por la humanidad?

¿La cantidad de  crucificados enfermos, atribulados, que ahora hacen frente, hacemos frente, a esta  situación,  o han muerto en paz -solos como el Señor- con la promesa de la vida nueva, en quién encontramos consuelo y esperanza? La cruz no es signo de destrucción, sino de salvación. Allí volvió a surgir la vida.

Muchos conocen la famosa frase ni Nietzsche  que “Dios ha muerto”. No habla de la no existencia de Dios, sino de que lo hemos matado nosotros. Pero se suele desconocer que él mismo después se preguntaba : “¿Dónde va ahora la tierra? ¿Nos persigue el vacío? ¿Tenemos que convertirnos en dioses?” No le habremos matado, pero estamos bastante lejos, le vamos abandonado, nos vamos exiliando de él. ¿No será esta la peor calamidad de este momento?

Hoy, en la liturgia de Viernes Santo no se celebra Misa, Eucaristía.  La de este día, es una celebración antigua que la iglesia ha querido mantener. Tiene cuatro pasos: la lectura de la Pasión del Señor, la oración universal, la adoración de la cruz y la recepción de la sagrada comunión, que nos llena de amor y de fortaleza para ser discípulos y seguidores de Jesús.

La proclamación de la Pasión del Señor del Viernes Santo es siempre la del evangelista San Juan. La Pasión y Muerte  del Señor nos la narran los cuatro evangelistas. Cada uno según su propia óptica y estilo. Como podréis ver, ésta de San Juan, más que un relato dolorido dando relieve al sufrimiento, es una contemplación serena, calmada, donde Jesús no está abatido, destruido, acabado,  sino que domina la situación con seguridad, sin poder, sin violencia, pero con ánimo templado, valiente, sin venirse jamás abajo. Comienza en el Huerto de los Olivos, saliendo al paso  de Judas  y  la soldadesca,  dándoles cara: “¿A quién buscáis?”, les pregunta. “¡Soy yo!”, contesta con aplomo y firmeza.

Ante la pregunta de Pilatos de si era Rey, no se calla, no se acobarda, dice abiertamente que lo es, pero que su Reino no es como los de aquí, de poder, vanidad, oropeles,  de riquezas y apariencia. Jesús por estos reinos no lucha, los abomina. Sabemos de qué Reino y valores se trata. El primero el de la verdad. “Qué es la verdad?, le requirió Pilatos. Hoy también, ante tanta mentira, habría que hacer esta pregunta. ¡Él es la verdad de la vida!

Ni por un momento asoma indicio alguno del triunfo de sus adversarios. Llegados al lugar del Calvario le crucifican. Levantan su cruz  en medio de otras dos (san Juan no dice que son ladrones, porque vino a salvar a los pecadores). ¡Ha llegado la hora!  Es la revelación suprema del amor de Dios. Ahora Dios nos demuestra hasta donde nos ama. Ahora sentimos que el amor de Dios es siempre, siempre, infinito. Ahora se hace verdad que “el nombre de Dios es Misericordia”. El amor de Dios es más fuerte que la muerte.

Inhiesto, sereno, con dignidad, como quien ha llegado triunfante a la meta, como Señor del tiempo y de la historia,  pronuncia tres frases, que componen parte de las llamadas “siete palabras de Cristo en la Cruz”. Tres son de este evangelio de san Juan.

Viendo a su Madre llorosa, dolorosa, pero entera, mujer fuerte,  y  al joven discípulo, el único que aguantó la tragedia: “Mujer;  ahí tiene a tu hijo”, “Hijo ahí tiene a tu madre”. Su madre, lo único que le quedaba nos la da también en la cruz . María comienza al pie de la cruz una nueva maternidad. La que hemos experimentado todas las generaciones cuando le suplicamos:  ”Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”

La segunda palabra es fruto del agotamiento, de la deshidratación: “Tengo sed” Sí tiene sed, está desangrado y el organismo se lo pide. Pero siente   otra sed,  la de nuestro amor, la de nuestra confianza, la de nuestra fidelidad, la de una iglesia más suya,  la de un mundo más fraterno, más justo. Este mundo da síntomas de agotamiento. Ojalá, que no osemos  saciarle la sed con vinagre.

Su última palabra, es escueta, lacónica, serena: “Todo está cumplido”. Pone sello de oro a su misión. Ha dado testimonio de la verdad y de la bondad de Dios. Ha hecho de su vida y de la cruz una fuente de amor y de perdón. Bebiendo en esta fuente podemos construir su Reino. Comienza ahora ahora nuestra tarea y nuestra misión.

Esta ha sido la gran intervención de Dios para la salvación del mundo.

Tengamos un gesto de amor y de agradecimiento para él, esta tarde de Viernes Santo,  desde la cruz de nuestra situación. Que nos dé su fortaleza de desear y  ser capaces de resucitar con él a una vida más de su Reino. Amén

ORACIÓN

Señor, Jesús:

Esta tarde de Viernes Santo te buscamos a Ti.

Con tantos quehaceres y preocupaciones,

nos olvidamos de Ti.

Pero hoy hemos vuelto a revivir

el drama de tu pasión.

Es lectura y reflexión obligada para un cristiano.

Necesitamos verte, escucharte,

adorarte, besar con humildad tus pies.

Sabemos que íbamos a encontrarte en la Cruz.

Llegaste ahí por la grandeza de tu amor,

con dignidad, sin perder la compostura.

Estás ahí porque no has querido

violentar la libertad del hombre.

No has querido defenderte con armas y violencia,

has querido luchar sólo con el corazón.

Ahora comprendemos que tu Reino

es un reino de amor, de justicia, de paz.

Esa Cruz a la que estás cosido

es una hoguera de amor,

una denuncia de la injusticia, y un clamor de paz.

Pilato, al sacarte al balcón escarnecido y torturado, dijo

“Este es el hombre”.

Nunca se dijo una verdad tan grande.

Ni por un momento tuviste la tentación

de abandonar tu misión, renunciar a tus convicciones,

o perder la confianza en el Padre.

Señor, en esa cruz lo vemos:

El amor genera vida. Señor, nos abrumas.

Nos entregas hasta tu Madre.

Toda madre es generadora de vida.

Que mirando tu Cruz, esperemos la nueva vida.

Amén

Martes Santo

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».
Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».
Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio

Jesús acaba de celebrar con sus discípulos la Cena de despedida. Fue una cena solemne, que preparó con todo detalle, donde hizo gestos llamativos, rompiendo rituales, tanto al darle el trozo de pan a da uno y decirles: “Esto es mi cuerpo”, “Esto soy yo”, como al pasarles su copa para que beban “la sangre de la nueva Alianza”. Y muy llamativo ha sido también el gesto de lavarles los pies. Es el recuerdo que quiere que guarden siempre de Él: La cena de la fraternidad y el lavado de los pies arrodillado como signo de humildad y sencillez, como signo de servicio. Era oficio de esclavos.

En sobremesa sucede el pasaje del evangelio de San Juan que se proclama este Martes Santo: Es la traición de Judas

Jesús va a ser traicionado por Judas, por la multitud que le aclamaba en la entrada de Jerusalén y …negado por Pedro.

1.- Tiene que ser terrible cuando experimentas que el amor y la amistad y el haber hecho el bien tiene como respuesta la traición o la negación. Te defraudan aquellos en los que tú has  puesto la confianza.

Esto es una prueba más que nacimos del amor, por amor y para amar. Lo contrario nos desarma, nos destruye. Lo que más duele es lo que afecta al amor. No olvidemos que la mejor definición de Dios es “Dios es amor”. Al ver estos días tantos ejemplos, gestos de amor, vemos que hemos nacido para ello y que el amor mueve y cambia el mundo.

2.- Al contemplar y reflexionar sobre esta escena del evangelio, tenemos que valorar y darnos cuenta del amor y de la fidelidad de Dios para con nosotros. Dios me es fiel, siempre, aunque yo no le sea fiel. La cruz es el signo eminente de la fidelidad de Jesús. Dios me es fiel para que le sea fiel también en  los otros.

3.- Es el momento de cuidar el corazón. El corazón se puede ofuscar. Cuando tenemos un corazón cerrado y sobre todo cerrado a la voz de Dios, a lo que nos dice la Palabra de Dios y lo tenemos todo abierto y sin cuidado a lo malo que oímos a nuestro alrededor, podemos hacer lo que no queremos hacer. Tenemos que repensar y corregir con la gracia y el amor de Dios, dejándonos mirar por él,  sobre nuestras falsedades, dobleces, inconstancias,…

El Señor conoce nuestro corazón. Conoció el corazón de  Judas que sabía que lo iba a entregar. Había perdido su corazón. El Señor conoce también nuestro corazón. Déjate amar y mirar por él

Oración.-

Señor, Jesús:

Hemos comenzado a acompañarte, a seguirte,

a sentirte en esta pasión que comienzas a sufrir

con la traición de uno de tus discípulos,

en el que tú confiabas.

Vemos que podemos pasar del amor a la ofuscación.

Tenemos que saber cuidar el corazón

y lo único que puede habitarlo es el amor.

Acudimosr a ti para que nos llenes

todos los días de ese amor tuyo entregado,

gratuido, gozoso.

Escuchando tu Palabra, siguiendo tu vida,

aumenta el amor y la deseos de amar, como camas tú.

Te damos gracias porque estamos viendo

que es verdad que el amor vence al mal.

Que el amor mueve al mundo.

Y que hemos nacido para amar y ser amados.

Quiero dejarme amar por ti

y ayúdame a serte fiel siempre. Amén

Domingo de Ramos

Con este Domingo comienza la Semana Santa. Una semana singular, excepcional, creativa, religiosa, popular, muy popular en esta España nuestra, que algunos quieren laica en contra de la tozuda realidad. Aunque con el concilio Vaticano II han ganado relieve y significación las celebraciones litúrgicas, no hay duda que lo que el pueblo fiel, el pueblo sencillo, cristiano a su manera,  vive y sintoniza con la procesiones, la salida a la calle, horas y horas, días y noches, de bellas y artísticas imágenes que casi hablan y  que nos cuentan y nos recuerdan esa historia imposible de olvidar, porque se renueva cada año, en lo litúrgico reviviendo sacramentalmente  la pasión, muerte y resurrección del Señor y en la calle representado escenas que levantan el alma , emocionan y hasta hacen llorar. Los pueblos de España son una procesión silenciosa y sonara. Este año solo en el alma. Ojalá nos impregne de fe el hondón de nuestro ser, donde está la raíz de nuestro yo, de nuestra identidad. Lo valoraremos más o menos. Pero esta gesta de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, creído y adorado es el quicio de la historia, es la luz que ilumina la historia. Es la respuesta a que la vida tiene sentido. Es lo que nos asegura que “la muerte no es el final del camino”. Es la que prueba que el amor vence al mal.

Este Domingo de Ramos tiene dos dimensiones, dos caras, dos aspectos, Uno de gozo, de júbilo, al conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén aclamado y aplaudido. Los niños hebreos fueron  los que con especial alegría le cantaron, le vitorearon  con ramos  palmas y le corearon.

  Aquí, en nuestra parroquia de Gijón queremos reproducir y hacer que los niños vivan especialmente ese momento. Son los protagonistas de este día. Tienen que llevar después la palma o el ramo bendito a los padrinos. Es una gozada verlos subidos en la carroza de la borriquina, cumpliendo aquello de Jesús en Evangelio: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Van con su amigo Jesús, el mejor del mundo. Entusiasma ver esa plazuela de Jovellanos con cientos de niños  levantando en sus manos los ramos y palmas y contemplar la alegría en sus caras inocentes. Procesionan también al Niño del Remedio, pequeña imagen tradicional en Gijón, en ese Gijón oculto, que llevan a hombros los niños cofrades  ataviados con su capa roja.  No es teatro, ni entrenamiento, ni engaño, es  proponer a los niños un líder, un ejemplo a seguir. Alguien a quien a quien merece la pena admirar e imitar.

Queremos hacer un mundo mejor, más humano, más solidario. ¿No es Jesús el mejor ejemplo para ellos? ¿Hay alguien que se le pueda igualar en valores humanos, en amor, entrega, en amistad, en cariño por los padres, en ayuda a los pobres y necesitados? Nuestra equivocación es aficionarlos a otros “ejemplos de pacotilla”, a que sean famosos por lo que ganan, cuando ellos nunca podrán llegar a eso. O a jugar como Messi, o Ronaldo…  A lo que debemos orientarles es a ser buenas personas, buenos cristianos. Eso sí lo pueden sr y lo deben ser. Este año no podremos salir  teniéndolo todo preparado. Pero en la pagina web de la parroquia, (www.parroquiasanpedrogijon. es) podréis encontrar otras iniciativas para este semana Santa con los niños obligado a estar encerrados en casa

El segundo aspecto de este Domingo de Ramos, es más triste, más dramático Este día se proclama en la Misa como evangelio el pasaje de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (Mt.26, 14 – 27,66)  Es el evangelista que nos corresponde este año. Nos cuenta la historia de la Pasión del Señor, para que nos unamos a ella y  revivamos uno a uno  todos los avatares y zarandeos, injurias y burlas del Señor, desde que fue prendido en el Huerto de los Olivos, hasta la muerte en cruz en el calvario. Este año, con dolor y con angustia, la semana santa está en la vida real que sufrimos. Todos somos Jesucristo  cargados con la cruz de la enfermedad maligna y  desoladora, temida o soportada, camino calvario, pero  subimos con la esperanza  de la salud y de recuperar una vida renovada, una vida nueva ;  y también de una vida resucitada para los que en soledad tienen que dejarnos. Las ambulancias son los pasos y los hospitales los calvarios. En esta misma situación que atravesamos, habría que analizar que parte de debe al azar y que parte se debe  a la falta de cuidado, de amor, de cuidado y de jugar a ser semidioses. Gritamos libertad, igualdad… pero nos falta la fraternidad, mucha fraternidad.

Especialmente hiriente e impactante, que nos deja sin palabras, es ese pasaje de la pasión de San Mateo (27,41 ss) cuando  los escribas y fariseos le recriminaban a Jesús ya clavado en el madero de la cruz despectivamente diciéndole: “A otros ha salvado y él no se puede salvar.  ¡Que baje de la cruz!” Esa es la reacción de muchos ante el sufrimiento, salvarse uno mismo sin pensar en los demás. Sorprendentemente, Jesús no responde, guarda silencio. Es el silencio de la comprensión, de la compasión, del amor.

Otra vez el misterio del mal… que nos circunda, nos agrede, nos martiriza,  busca destruirnos.  Y Dios ¿no podría acabar con el mal? Esa es la gran cuestión que atraviesa la historia de la humanidad y que ahora a boca jarro se nos ha presentado a nosotros. El mal es consecuencia de nuestra fragilidad y finitud y  pero también de nuestra libertad mal empleado, de nuestros odios, rencores,  del afán desmesurado de dinero y poder. Dios tendría que hacer milagros todos los días. Él nos enseña que al mal se le vence con el bien. Y esa es la lección que nos está dando en la cruz, y que no acabamos de aprender. Hacen falta toneladas de amor y de perdón que una forma sublime de amor. La fuente está en la cruz

Jesús ahí en la cruz, ante tantas recriminaciones e insultos, abre los labios  y el corazón para una súplica quejosa que le sale del hondón del alma. “Dios mío, Dios mío, ¿por  qué me has abandonado?” No  suplica que le salve, que le baje de la cruz, sino que no le abandone en este momento de extremo sufrimiento. Es el testimonio que Jesús, Dios-hombre, que sufre como nosotros y con nosotros. Cuando pasamos por una situación crítica como la de ahora, mirándole a la cruz,  tenemos a quien a acudir, a quien clamar, porque él nos va a comprender. ¿Sería Dios, nuestro Dios, si no hubiera sufrido e incluso afrontado la cruz como nosotros?

Por eso, este semana crucificados de miedos, de cifras, de personas que van cargadas con la cruz, de lágrimas… vamos a  pedirle al crucificado, a Jesús Crucificado, el Hijo de Dios, que no baje de la cruz, porque  como hombre sufre,   como Dios nos salva, nos cura, nos redime, nos da la vida, nos hace participes victoriosos de su  Resurrección. Amen

ORACIÓN

Señor, Jesús:

Hoy, en esta fiesta

del Domingo de Ramos,

te he aclamado como lo que eres para mí,

el Hijo de Dios, el Salvador.

Aquel en el que creo y en el que tengo

puesta toda la esperanza.

En esta semana que llamamos santa

nos vas a demostrar

la verdad de tu vida.

El relato de tu pasión y

el proceso ignominioso que sufriste

me ha conmovido;

la oración en el huerto y

el prendimiento,

el interrogatorio ante Caifás y Pilato,

las negaciones de Pedro,

la condena injusta, la burla de tantos,

la crucifixión y, al fin, la muerte.

Y esto todo por mí.

Para decirme lo que soy

para Dios y para Ti.

Cristo  crucificado;

dame tu Espíritu de entrega

a la voluntad del Padre;

dame tu coraje para aceptar

las cruces de la vida;

dame tu consuelo y fortaleza

en las dificultades;

dame tu buen juicio para no

echarme atrás en tu seguimiento;

y que sea sensible al sufrimiento

de los hermanos.

Y que esta Semana Santa sepa estar

a la altura de un testigo de tu historia

y de tu vida.

Amén

Viernes de la semana de Pasión

Hoy es viernes de Dolores
Hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la liturgia
católica celebraba este viernes antes del Domingo de
Ramos, o viernes de Pasión, una fiesta mariana a la
Virgen Dolorosa, o también popularmente “Fiesta de los
Siete Dolores del Virgen María”
Se pedía al pueblo cristiano que contemplara a la Virgen
María acompañando a Jesús en su Pasión y Cruz. Como la
fiesta litúrgica de esta advocación de la Virgen “Nª. Sra. de
los Dolores” se celebra propiamente el día 15 de
septiembre, al día siguiente de la fiesta de “La exaltación
de la Santa Cruz que es el día 14 de septiembre, el concilio
la suprimió como fiesta litúrgica para que no hubiera
duplicados, pero el pueblo cristiano siguió conservándola
en muchos pueblos y naciones celebrando una procesión

con su imagen que nos prepara para el clima religioso de la
Semana Santa.
Los Siete Dolores o también “Angustias” de la Virgen son:
1ª. La Profecía de Simeón cuando la presentación en el
templo (Lc. 2, 22-35)
2º. La huida a Egipto (Mt.2, 13-15)
3º. La pérdida del Niño en el templo (Lc 2, 41-50)
4º. El encuentro con Jesús en la calle de la amargura
(estación del ViaCrucis)
5º. La crucifixión de Jesús (Jn 19, 25-30)
6ª. El descendimiento del cuerpo de Jesús de la Cruz (Mc
15, 42-46)
7º. La sepultura de Jesús. (Jn.19, 38-42)
Aunque son de devoción popular, todos estos siete dolores
y angustias los encontramos en los relatos de la pasión de
los cuatro evangelistas.
Podemos levantar nuestro corazón a esta Madre de
Dolores pidiéndole, que ella que sabe lo que es el
sufrimiento humano y que tuvo que consufrir con su Hijo
Jesús, nos ayude e interceda por nosotros en este dolor y
sufrimiento que atravesamos. Como a ella, una espada de
dolor, de incertidumbre, atraviesa nuestro corazón
Le suplicamos con confianza que vuelva a nosotros esos
ojos misericordiosos y maternales. Que alivie a los
enfermos, que pase este cáliz de amargura y pronto
recuperemos la vida sana, que sea también una vida
nueva, donde Jesús y su evangelio sean el centro de
nuestra vida.
Como a ella, una espada de dolor, de incertidumbre,
atraviesa nuestro corazón.

Lectura del santo evangelio según san Juan 19,25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su
madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y
María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto
quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Palabra de Dios

Oración
María, Madre de Jesús y Madre nuestra:
Estamos a las puertas de la Semana Santa
en la celebramos la pasión, muerte
y resurrección de Jesús.
Nadie como tú vivió tanto sufrimiento y dolor
y nadie con tú sintió tanto gozo
y alegría al verle resucitado.
Hoy celebramos con devoción popular tus dolores,
esos momentos que nos cuentan los evangelios
en los que tuviste que afrontar tanto dolor y angustia.
No hay mayor dolor que ver
sufrir y morir al hijo de las entrañas.
Y sin causa justificante, sino por hacer el bien.
Por eso te llamamos Dolorosa.
Te sabemos firme durante todo el calvario
y al pie de la cruz.
Tu amor de madre te sostenía,
porque sabes que el amor
es más fuerte que la muerte.
Tú Hijo Jesús es el vencedor del mal y de la muerte.
Danos hoy fortaleza, consuelo, fe y esperanza.
Atravesamos un momento de calvario en nosotros.
Son muchas las personas envueltas en el dolor.
Intercede por nosotros

para que Jesús nos libre de todo mal
y nos haga gustar y gozar una vida nueva
que ponga siempre el sentido,
la orientación y la esperanza en él. Amen

Miércoles de la semana de Pasión

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Le replicaron:
«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron:
«Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo:
«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron:
«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
Jesús les contestó:
«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio de hoy

Este semana anterior a la Semana Santa e la llama de pasión para invitarnos a acercarnos más  a Jesucristo y convivir y sentir con él estos acontecimiento últimos de su vida. Que no sea solo recuerdo histórico, sino vivencia. Que la Pasión de Jesús sea com-pasión nuestra con él. Ante las circunstancias que estamos viviendo, la pasión de Jesús  está en todos nosotros de una manera de otra, todos con sufrimientos, todos torturados por esta pandemia….Ojala que los más lleguemos  gustar una vida renovada  y si alguno es llamado,  la resurrección

1.- En el pasaje del evangelio de San Juan que corresponde a este miércoles de la semana de Pasión encontramos una frases más conocidas y  dichas del evangelio aunque algunos piensan que es de un filósofo: “La verdad nos hará libres” Es de Jesús.

Naturalmente que hay que vivir en el verdad, y no en el mentira, en el engaño, en las medias-verdades. Así, en la mentira, no puede convivir, sería inaguantable la vida social Y algo de esto está pasando ahora. Jesús mismo maldice el mundo de la mentira.

Pero de la verdad que habla Jesús es la de su Palabra. Vivir en la verdad es vivir teniendo como norma de vida su Palabra. Él nos dice que la escuchó de Dios.

2.- Y a continuación nos dice que “el pecado es la esclavitud” Es una experiencia palpable, esclavos de egoísmo, de superficialidad, de rencores, del dinero, de soberbia, de perezas…El pecado no nos deja vivir como personas con dignidad, pero sobre todo como hijos de Dios. Nos esclaviza a las pasiones de este mundo. La experiencia la tenemos todos.

Lleguemos ahora a esta convicción

Oración.-

Señor, Jesús:

 A veces pienso que tu vida

es la clave para entender nuestra vida.

Es difícil entender por qué haciendo el bien,

el final de tu vida fue la pasión, muerte

para llegar a la resurrección. 

Nosotros pasamos momentos oscuros,

de sufrimiento y pasión .

No entendemos bien por qué tenemos

que atravesar esos momentos.

Queremos ver en tu vida la respuesta,

La luz que lo ilumina.

Hoy nos dices que “la verdad nos hará libres”,

pero no la verdad humana,

sino la verdad de tu palabra,

Tú eres esa Palabra y en Ti

encontramos la verdad de nuestra vida.  Amen

Martes de la semana de Pasión

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
-«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
-«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
-«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
-«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
-«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
-«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

Palabra del Señor

Jesús sigue en el templo y continúan las discusiones sobre su origen divino. Vuelve la pregunta: “¿Quién eres tú?”

1.- Tercos, tercos, los judíos no admiten su identidad, esperaban al Mesías anunciado por no así. Jesús se esfuerza en hacerles ver que es aquel del que hablan la Escrituras. No admiten su palabra, le cierran el corazón. A pesar de que ven sus obras. Hoy piensan hasta que está loco y por eso llegan a decir que se va a suicidar.

Puede ser que también nosotros discutamos con él, porque pensamos que tiene que obrar de otra manera. Tenemos que abrirle corazón. Así entenderemos y acogeremos su Palabra.

2.- “Donde yo voy no podéis venir vosotros”. Jesús apuntaba que  aquí no es el lugar definitivo de la vida. Él venía a anunciar la Vida nueva. Hay una nueva dimensión de la vida y no es este mundo donde se puede disfrutar.

3.- “Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, veréis que soy yo” En la cruz se revela la identidad de Jesús. “Tanto amó Dios al hombre que entrego a su hijo…”  El mejor testimonio es el del centurión romano que al verle morir, la actitud con que entregó la vida, exclamó: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”. Hoy hay mucha gente movida por amor que está dando testimonio… para alcanzar la vida, una via nueva, que tiene también otra dimensión. Solo se descubre desde el amor sacrificado, entregado.

Oración.-

Señor, Jesús:

Queremos abrirte el corazón

y escuchar de ti una palabra

de consuelo, de esperanza.

Haznos ver el valor de esta vida,

que tú mismo encarnaste para ser como nosotros,

y  poder creer  que nosotros

podemos también alcanzar la tuya.

Que nos llenemos de amor,

que nos movamos por amor,

que estemos convencidos que el amor vence al mal.

Te vamos a contemplar levantado

 en la cruz dentro de pocos días.

Será en la intimidad de nuestros hogares.

Podemos así abrirte el corazón

de una forma más personal e íntima.

Que te vemos como el Salvador

y proyecto en cada uno de nosotros

la luz de su vida nueva,

de esa nueva dimensión

llena de vida y resurrección

Amén

La palabra en el tiempo: Quinto Domingo de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:
-«Señor, el que tú amas está enfermo».
Jesús, al oírlo, dijo:
-«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.
Solo entonces dijo a sus discípulos:
-«Vamos otra vez a Judea».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
-«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
-«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo:
-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó:
-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
-«¿Dónde lo habéis enterrado?».
Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
-«¡Cómo lo quería!».
Pero algunos dijeron:
-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
-«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».
Jesús le replicó:
-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Y dicho esto, gritó con voz potente:
-«Lázaro, sal afuera».
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
-«Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor

Homilía

La Palabra en el tiempo.29/03/2020

En el camino cuaresmal  tan accidentado este año, encerrado en nuestros hogares, algo inimaginable, con ánimo preocupado y angustiado, llegamos a este quinto domingo de Cuaresma. En el evangelio de San Juan se nos narra un hecho fundamental que va a ser lo que provoca el desenlace definitivo de la condena  y castigo  “a muerte en cruz” de Jesús.

La resurrección de su amigo Lázaro, que llevaba cuatro días muerto, es el gran signo  realizado por Jesús que constituye la prueba viva de su divinidad, de que es el Hijo de Dios, de que es el Señor de vivos y muertos. Tal como nos lo cuenta el evangelista, vamos a ver que Jesús es “verdadero hombre y verdadero Dios”

Este pasaje evangélico proclamado y leído hoy, en estas circunstancias  tan anómalas, extrañas, sobrevenidas sin esperarlo, de incertidumbre, de búsqueda de amparo, de luz, de esperanza y de ánimo,  nos lleva también a plantearnos preguntas que normalmente rehuimos, nos molestan, nos parecen demasiado serias, nos obligan a pensar y hemos perdido la costumbre, pero ahora  nos vemos obligados: ¡Qué es la vida?, ¿cómo vivirla?,  ¿tiene que acabar con la muerte?,  ¿Por qué la muerte?, ¿la vida es misterio o simplemente algo orgánico?

Muchas reflexiones podemos hacernos releyendo este pasaje que conocemos desde pequeños, porque es de los más sorprendentes y espectaculares de la vida de Jesús. Debemos tener en cuenta que al evangelio de San Juan se le llama el evangelio de los “signos”, porque los milagros que se narran quieren demostrar la identidad de Jesús. Nos quieren ayudar a responder a esa pregunta de siempre y tan personal: ¿Quién es Jesús?

1.- Sorprende y llama la atención el ver a Jesús tan humano. Emociona la amistad que tenía con aquellos tres hermanos de Betania, a los que visitaba con frecuencia y donde descansaba de su andar por los caminos anunciando e instaurando el nuevo reino de Dios (que nos un territorio sino una nueva forma de vivir, de relacionarse con Dios-Padre y con los hermanos).  Tan humano, tan entrañable, que Jesús lloró (por tres veces lo señala el evangelio), se conmovió  ante la muerte de su amigo Lázaro y al verle sollozando, los asistentes exclamaron: ¡Cómo o quería!

El amor de Jesús no es teórico o platónico o figurativo, es amor real, humano, como el que sentimos nosotros. ¡Es verdadero hombre! Y tiene los valores humanos de la amistad, de la fidelidad, del cariño. El amor, que tanto deseamos, es un don de Dios, es el gen de Dios que nos identifica como hechura suya: amamos porque Dios nos amó primero, cuando nos dio la vida.

Por eso brota el amor en estas circunstancias tan dramáticas, tan de necesidad de ayuda de unos a otros, tan de salvarnos juntos. Estamos amasados con amor, con el amor de Dios, y ahora brota y sale de nosotros de mil maneras, sobre todo de la gente sencilla, de las personas normales y brota espontáneamente y creativamente. Tenemos que amarnos para salvarnos.

2ª .-Lo que provoca el llanto y las lágrimas de Jesús es la muerte de su amigo Lázaro y ver llorar desoladas a sus hermanas Marta y María. La muerte es un drama ante  el que sentimos y experimentamos la impotencia. Nos agarramos a la medicina que puede curar en muchas ocasiones, pero no es omnisciente y todopoderosa. Ahora mismo encuentra mil dificultades. Jesús, como hombre también experimenta este drama que le afecta en su corazón y por eso llora. Pero va a ser la ocasión para anunciar quién es él, a qué ha venido y cuál es el mensaje principal que podemos recibir en este mundo finito, frágil, limitado. Anuncia: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”  Nos manifiesta así que se hizo hombre, pero que él es  ¡verdadero Dios! fuente, origen y esperanza de la vida

Uno de los deseos más fuertes, más hondos, que pujan en nosotros queriendo lograr alcanzarse es el deseo de vivir. Es que somos vida, es nuestra esencia. Queremos vivir a toda costa. Nos agarramos a la ciencia, a la medicina porque queremos prolongar más y más nuestra vida. Queremos ser inmortales, aunque eso sería imposible. Habría llegado el momento o llegaría en que no habría sitio para todos en este planeta azul que maltratamos y por eso nos da disgustos. Esta “casa común” es para vivir, no para explotar.

Tenemos sí una vida orgánica, -ahora amenazada por el virus- que es parte del biocosmos, de la biosfera. Pero somos algo más. Nuestra vida trasciende esa biosfera, alcanza un nivel más, se abre al conocimiento, al pensamiento, razona, imagina, discurre, toma decisiones, busca la libertad, la felicidad, necesita amar y sentir amor. Quiere saber más, por eso se hace preguntas de futuro, que van más allá de este mundo,  piden una nueva dimensión.

Estas dos lecciones o enseñanzas podemos recibir de Jesús hoy rememorando este pasaje de la resurrección de Lázaro.  Esta resurrección del amigo es el signo de “quién es”, como hombre que nos quiere con amor de verdad, no imaginario y quién es  como Dios,  Señor de la vida, dador de vida, vencedor de la muerte. En él podemos poner toda nuestra confianza. Solo nos pone una condición como a la Marta del evangelio: “¿Crees esto?

Comenzaba la narración señalando que las hermanos de Lázaro  le mandaron recado diciéndole: “Señor, el que tu amabas está enfermo”. Esa puede y deber nuestra actitud y oración: ¡Señor, tú que nos amas tanto, ahora estamos pasándolo mal, el misterio del mal nos acecha y nos atenaza! Como hizo ayer el papa Francisco en la plaza del Vaticano. Solo la lluvia hecha lágrima lo contemplaba

Y Jesús vendrá en nuestra ayuda. Y animará a su Madre María a venir con él. Ella que es “salud de los enfermos”. Amen

Señor, Jesús:

Tú siempre te muestras a favor de la vida.

Toda tu vida ha sido una siembra de vida.

Tú has querido revelarnos

con claridad que has venido

“para tengamos vida,

y vida en abundancia”,

vida para siempre, vida eterna.

Hoy te vemos “devolviendo a la vida”

a tu amigo Lázaro,

Como hiciste con tus discípulos,

quieres robustecer nuestra esperanza

y confirmar nuestra fe.

Nos estás anunciando la Pascua de Resurrección

donde te vas a mostrar

como el vencedor de la muerte.

Ningún sentimiento es tan fuerte

en nosotros como querer vivir y,

sin embargo, somos reticentes y

nos pueden las dudas

de tu promesa de vida.

Señor, quítanos esta losa que nos oprime.

Que tu Palabra de vida nos haga

ver la gloria de Dios.

Señor, nos admira, en este pasaje del evangelio,

tu humanidad, tu sentimiento de amistad.

Esta familia de Betania

tenia siempre las puertas abiertas para ti.

Por eso se escaparon las lágrimas

y te emocionaste.

Te apresuraste a ayudarlos.

Tú tenías el corazón abierto para ellos.

Es esta sociedad en que vivimos

van escaseando los valores humanos.

También, como hombre,

tienes mucho que enseñarnos.

Darás la talla en esta Semana Santa.

Señor, que tu vida sea nuestra vida.

Amén

Sábado de la cuarta semana de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».
Otros decían:
«Este es el Mesías».
Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».
Los guardias respondieron:
«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron:
«También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».
Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».
Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».
Y se volvieron cada uno a su casa.

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio de hoy

Continúan las discusiones sobre Jesús y su identidad en el templo de Jerusalén. En aquella cultura judía el enorme templo era el centro de la vida social. Además estaban en fiestas, la fiesta de las Tiendas o Tabernáculos, una de las más importantes. Duraba siete días. Recuerda una de las fiestas más importantes de os judíos, de antes y de ahora que es la fiesta de las Tiendas o Tabernáculos, que duraba siete día. Recordaban las chozas del tiempo de paso del desierto y también de la recogida de las cosechas. Es una fiesta de acción de gracia. Muchos ya conocen a Jesús en aquel templo abarrotado y discuten : ¿Quién es?. Es la gran pregunta también para nosotros. ¿Qué personalidad tiene?. ¿Qué misterio lleva dentro?. Jesús entra en discusión con ellos. Y quiere entrar en debate con nosotros.

1.- Obtiene respuestas positiva. Es conocido. Llama la atención lo que dice y lo que hace. Por eso responden unos: es un profeta. Otros van más allá: Es el Mesías. En contra de las autoridades que tratan de desautorizarlo.  En este momento en que estamos podemos responder nosotros. El pueblo sencillo tiene más sensibilidad y más pureza de intención que los poderosos que piensan y califican según sus intereses. Lo estamos viendo ahora. ¡Qué distancia tan grande entre los mandan y gobiernan y el pueblo sencillo! Confiamos en la ciencia y en la Providencia de Dios. Daba gusto ver la fe del papa Francisco en el acto de ayer tarde en la Plaza del Vaticano vacía. O el rezo del rosario en Fátima. Dios no nos abandona.

2.- Llama la atención la respuesta de los soldados a las autoridades que les reprenden porque no arrestaron a Jesús: “Jamás ha hablado nadie como este hombre”  Jesús tiene crédito por lo que dice y por lo que hace. Su palabra la entiende el pueblo sencillo. Les llega al corazón Habla de la vida. Del sentido de la vida. Vino a luchar por un mudo más humano. Es el momento de poner en juego los valores humanos del evangelio. Cuantas personas están dando su vida movidas por el amor. Solo el amor mueve y cambia el mundo.

3.- La voz de Jesús es tan importante que nadie habló así de los pobres, enfermos, excluidos, … sus palabras son para ellos y por ellos. El comentario que hizo hoy el papa Francisco al evangelio de la tempestad está en esta línea.

Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21).”

Oración.-

Señor, Jesús:

Este momento de incertidumbre y desasosiego que estamos viviendo puede ser el motivo para que nos preguntemos

cuáles suelen ser nuestras principales preocupaciones.

Vivimos cada uno para sí y no queremos parar a pensar

que no podemos vivir unos sin los otros.  

Unos viven para el poder, otros para la riqueza,

otros para la diversión, …

y mucha , muchísima gente buena para el servicio,

para ayudar a los demás.

Pensamos que somos felices

teniendo cosas para nosotros mismos.

 Ahora nos damos cuenta de que necesitamos unos de otros.

Y que muchas veces valoramos mal las profesiones.

Ahora caemos en la cuenta que la vida es vocación y entrega.

Es lo que están haciendo tantos médicos, camioneros, maestros, autónomos comerciantes, bomberos, fuerzas de seguridad…

Por eso tu palabra tenía crédito, porque viniste a servir

 y pudieron decir aquellos soldados:

“Jamás ha hablado nadie como ese hombre” 

Haz que de esta situación nos decidamos

a cambiar nuestros criterios

y poder logar un mundo más humano.

El que tú viniste a implantar. Amen 

Viernes de la cuarta semana de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio de hoy

Estos pasaje del Evangelio de San Juan que proclamamos estos días, ya próximos a la Semana Santa, nos preparan para entender la causa por la cual Jesús será condenado y llevado al suplicio de la cruz. No es otra que la incredulidad de los judíos, el no reconocer en é el Mesías esperado. Lo que nosotros valoramos como una muestra de amor infinito que quiso hacerse como nosotros (menos en el pecado) para ellos era inaceptable, porque esperaban un Mesías “que pusiese a todos de rodillas y a ellos darles la primacía del mundo por ser el pueblo elegido”  

1º.- Jesús ha sido siempre y lo es ahora una persona discutida. Su debate atraviesa la historia. No se puede negar su historicidad, pero algunos no admiten su divinidad. No es una persona indiferente, que se puede pasar de ella sin más. Basta con ver la cantidad de libros que se siguen escribiendo sobre él. De hecho, ha estado presente en toda la historia  e influyendo en ella  y configurando su estilo de vida. ¿Alejándonos del Evangelio haremos un modo de vida más humanos? Las veces que se ha intentado  por ideologías políticas, ¿se ha logrado un mundo mejor? Ahora mismo, en el trance que atravesamos, ¿no es necesario el “amaos los unos a otros”?

2º.- Otro punto que nos podemos preguntar es si conocemos a Jesús: El conocimiento de Jesús no es teórico (saber cosas de él), es personal, es existencial. A una persona se la conoce de verdad cuando se la quiere, se la estima y se la respeta. Todos llevamos un misterio dentro en el que entra el que te ama. El amor es la puerta del misterio personal. El misterio dela persona de Jesús también requiere amor. Ese conocimiento es el que nos pide él.

3º.- A Jesús no le quitan la vida, la da. El autentifica su vida –Dios es amor- llegan al extremo del amor. Nada amó más, nadie amó así. Por eso. Sus perseguidores no pidieron echarle mano. No era su hora. La hora la marcaba él.

Oración.-

Señor, Jesús:

Se acercan los días de tu pasión.

Este año son distintos.

El calvario es hoy historia presente.

Entre las espinas de este mal que nos aflige,

brotan cada día flores multicolores de amor.

Una ola de bondad, de humanidad,

 de entrega de vidas baña este mundo nuestro.

Tú nos dijiste que el amor está en la entrega,

y vemos  que miles y miles de vidas entregadas

para hacer frente al mal están surgiendo.

Una vez más, tu vida ilumina la nuestra. 

Para hacer un mundo mejor y más humano,

tú eres el ejemplo, tú eres la luz que nos ilumina.

Ayúdanos a afrontar esta situación

desde el amor y la confianza en ti.

Y haz que esta pasión, como la tuya, 

logre una vida nueva y alcance la resurrección.

Amén

Jueves de la cuarta semana de Cuaresma

Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.
Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis.
Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.
Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

Reflexión del Evangelio de hoy

El Evangelio de San Juan, al que pertenece el pasaje de hoy, a veces  no es fácil entender todo lo que quiere trasmitir.

Jesús se defiende contra los fariseos  que no le admiten y no creen en él. Aunque esperaban al Mesías, cuando se hace presente, como no es de la forma que ellos quisieran que fuera, le rechazan.

1.-  Les dice que él no da testimonio de sí mismo, sino que es el Padre de los cielos el que obra en él. San Juan da la mejor definición de Dios: ¿Quién es Dios? Dios es amor. Las obras de Jesús son todas obras de amor. La historia de Jesús es una historia de amor hasta la cruz.

2.- Jesús no viene a enseñarnos “doctrinas y teorías”. Por eso no escribió ningún libro. Fueron los apóstoles y seguidores los que nos contaron su vida.

El vino a cambiar el mundo cambiando los corazones y luchando contra el mal. Las obras suyas son las obras de misericordia. Por eso el Papa Francisco insiste tanto en ellas.  Practicar las obras de misericordia es hacer lo que hizo Jesús.

Ante el panorama que estamos viviendo, no es difícil pensar que, aunque sean muy sencillas, son importantísimas. Pienso ahora,  v.gr. en “visitar a los enfermos”. No lo podemos hacer. ¡Qué soledad la suya!

Las obras de misericordia son todas gestos de amor. Con ellas se puede lograr una sociedad nueva, más humana, más digna, más justa, más fraterna.

3º.- Jesús se lamenta de no ser recibido él y su proyecto de vida. Vienen otros prometiendo el oro y el moro, promesas que no se pueden cumplir, engaños irrealizables, y los aceptamos, hablamos mucho de ellos. No hablamos de Jesucristo, nos acobardamos y de lo que podríamos hacer con él si le siguiéramos.

4º.- Los fariseos no pueden ver en él el Mesías esperado porque se habían hecho una idea de cómo tenía que ser y Jesús no respondía a ese cliché. Para conocer Jesús hay que ser humilde, hay que dejarse amar por él. Nos sorprenden siempre. El orgullo del mundo, el orgullo de las persona que se creen poderosas y dueños de su vida y del mundo, tienen dificultades para creer en Dios, para conocer a Dios. Exigen que Dios sea como ellos dicen y que haga los que ellos le mandan o piden para creer en él, para aceptarle. Nos creemos que hemos hecho un mundo donde con tiene sitio Dios hasta que pasa algo que no entendemos….y todo se nos viene abajo.

Oración.-

Señor, Jesús:

Nos dices que el Padre es el que obra en ti

y que te tenemos que conocer por tus obras

que son las que dan testimonio de tu amor,

 de tu corazón grande.

Tú nos revelas que Dios es amor.

 Y que la forma de vivir como hijos suyos es amándonos.

Con las obras de misericordia podríamos hacer

esa humanidad querida por Dios.

Ahora que se nos ha roto este mundo,

que atravesamos una etapa desconcertante y dolorosa,

tenemos que acudir a ti, creer en ti y practicar tus abras.

Como tu cruz cambio el mundo

y comenzó una nueva era de la historia,

que esta cruz pesada que nos toca llevar ahora,

acabe como la tuya en vida nueva y resurrección. Amen

Miércoles de la cuarta semana de Cuaresma

Fiesta de la Anunciación del Señor

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
-«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó:
-«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
-«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio de hoy

Es 25 de marzo.  El espíritu cuaresmal  hace un alto en el camino para celebrar una fiesta de la Virgen María y de Jesús, el Señor. De la Virgen, porque recibe el anuncio del ángel de que ha sido elegida por Dios para iniciar un nuevo ciclo de la historia de la Salvación. Del Señor, porque después de la aceptación de María, la concepción virginal de Jesús se inicia en su seno: El Verbo se hizo carne, Dios nos habla no ya por los profetas, sino por su Hijo., que se gesta y nacerá como nosotros. Todo igual menos en el pecado. Más cercanía de Dios, imposible.

Dentro de 9 meses, es lo que tarde la gestación normal de un niño en el vientre de la madre, el 25 de diciembre será Navidad. ¿Cómo la celebraremos?  Una cosa es cierta: el Señor, encerrado también en ese seno virginal, está ya con nosotros. 

1º.- Este acontecimiento de tanta trascendencia no sucede en el gran templo de Jerusalén, sino pobre hogar de una joven muchacha que vive perdida, ignorada, en Nazaret. Las cosas de Dios son sorprendentes y no se atienen nunca a lógicas y expectativas humanas. También, ahora, en nuestro hogar, Dios,  fija su mirada en nosotros. Nos protege y nos da confianza por nuestro ángel de la guarda, por los que nos muestra su cuidado amoroso y su providencia.

2º.- De parte de Dios, el ángel saluda a María de una forma insólita, con palabras gozosas, no con palabras altisonantes y diplomáticas. Con palabras sencilla, directas, de cordialidad: “Alégrate, llena de gracia” Es como decirle: “Ponte contenta María, no te asustes, que Dios llena de amor tu corazón”. La gracia de Dios es amor, amor gratuito, amor a manos llenas, porque somos sus hijos, no porque lo compramos a base de sacrificios y privaciones. Ahora también, en la soledad, en el silencio, en casi el abandono en que nos vemos, como le sucedió a María, podemos caer en la cuenta de que también Dios quiere llenarnos de gracia, de ese amor suyo que es único, que es como el oro de muchos kilates.

3º.- María quedó turbada.  ¿Cómo será eso? Las circunstancias son muy distintas, lo que le propuso a María y lo que nos está pasando a nosotros. Pero lo importante es la actitud. Nosotros también estamos turbados. No entendemos por qué nos está pasando esto. No tenemos culpa de las dejaciones de otros. Nos amenaza la tentación de tomarlo como un castigo de Dios, como hacían los antiguos respecto de los dioses paganos. Nos viene sin querer esa imaginación.  Antes decíamos aquello de que “Dios castiga a los malos y premia a los buenos”. Ese no es el Dios que nos reveló Jesucristo. Primero, no somos tan pecadores. Nuestros pecados no son ni mucho menos para esos “imaginarios” castigos. Y luego, Nuestro Dios se revelo y manifestó en Jesucristo. ¿Cómo es nuestro Dios? Como Jesucristo que pasó por el mundo haciendo el bien, amando, personando, preocupando de los últimos….Nunca castigó a nadie. Le castigaron a él en la Cruz. Así nos amó

4º.- María nos da ejemplo en cómo debemos escuchar a Dios y acoger su palabra en nuestro corazón. Fue exquisita su obediencia espiritual. Y total confianza en él: “Hágase en mí según tu palabra” Su obediencia y escucha de la Palabra de Dios fue el inicio de la salvación, de una nueva era de la historia. También, de estas situaciones, tenemos que sacar el deseo de iniciar con un nuevo impulso y fidelidad nuestra historia de salvación con Dios, nuestra historia particular de relación con él.

Aviso: Hoy el papa Francisco ha convocado al mundo a rezar juntos con él el Padre Nuestro a las 12 horas. Es la unión del pueblo cristiano en espíritu para mostrar nuestra confianza en Dios Padre Nuestro

Oración

Señor, Jesús:

Hoy pisas nuestra tierra, hoy te haces como nosotros,

en el seno virginal de la Virgen María,

 una sencilla y humilde muchacha,

desconocida del mundo importante,

que vivía en Nazaret.

Tan importante es este acontecimiento

y esta fiesta de María y tuya, desde ahora ya siempre unidos,

que en la Iglesia la celebramos rezando el “Ángelus”,

como diciendo hoy empieza una historia nueva.

Perdidos en la oscuridad, el mundo empieza a ver luz.

Hoy entendemos bien la Palabra de Dios

y que lo que nos quiere decir.

Que somos criaturas suyas, somos sus hijos

y que nos ama hasta darnos su misma vida.

Queremos dar la gracias a María

 que ahora es Madre de Dios y madre nuestra,

porque nos lo diste todo, hasta tu madre.

Estamos turbados y tenemos has miedo

por esta etapa que estamos viviendo

amenazados por el misterio del mal.

Tenemos confianza en que tú le das la gracia

para que ella aplaste con su pie

la cabeza del maligno y nos libera

del poder de las tinieblas

y celebrar gozosos , dentro de nueve meses,

tu Nacimiento en Belén .Amen

Lunes de la IV semana de Cuaresma: Anda, tu hijo vive.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 4, 43-54

Después de dos días, salió Jesús de Samaría para Galilea.

Jesús mismo había atestiguado:

-«Un profeta no es estimado en su propia patria».

Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo:

-«Si no veis signos y prodigios, no creéis».

El funcionario insiste:

-«Señor, baja antes de que se muera mi niño».

Jesús le contesta: –

«Anda, tu hijo vive».

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía.

Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:

-«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».

El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho:

-«Tu hijo vive».

Y creyó él con toda su familia.

Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

 Palabra del Señor

Reflexión y comentario

Comentando este pasaje del Evangelio que nos narra el evangelista San Juan, podemos pararnos y reflexionar y comentar juntos  sobre estos puntos:

1º.-  “Un profeta no es estimado en propia patria”. Jesús reconoce que un profeta nos es bien  estimado entre los suyos.  Esto que pasa en la vida, Jesús se lo atribuye a él. Se da cuenta de que su palabra y sus hechos van cayendo en la rutina. Primero le admiraron y le aplaudieron, pero….pasado el tiempo, ya se han acostumbrado a verle y a escucharle y apenas tiene acogida.

Esto nos puede pasar a nosotros. En familia podemos sospesar y valorar nuestra vivencia de fe, nuestro testimonio, nuestros comportamientos como seguidores de Jesús. ¿Qué valor tiene Jesús en nuestra familia?  ¿Es importante para nosotros?. ¿Le tenemos en cuenta?

“Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea…” a Jesús no le tenemos que andar buscando, el que viene y nos busca y quiere estar a nuestro lado. ¡Cuántas “otra vez” habrá venida a nosotros! Ahora en el silencio, cerrados en casa, llama a nuestra puerta. Quizás, por lo que está  pasando, estemos mejor dispuestos a hablar con él.

3º.- “Había un funcionario…oyendo que Jesús había llegado… fue a verlo” Jesús sigue despertando curiosidad, sigue siendo “alguien” que cuenta en nuestro mundo, incluso para los “funcionarios”, para los alejados, para los agnósticos, incluso para los ateos que ponen tanto interés en negarlo, si fuera tan evidente que su vida y su historia no fue importante, no fue significativa (llevamos más de 2.000 años)… no perderían el tiempo negando su existencia y acudiendo a argumentos.  Desde los sabios del Partenón de Atenas con San Pablo… cuántos a lo largo de la historia. “Te doy gracias Señor, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla…” La vida sin trascendencia es muy difícil de comprender. Ahora lo vemos, cuando todos gritamos, anhelamos vivir y tenemos miedo a perder la vida, a que nuestra vida se la lleve una epidemia, un simple virus.

El funcionario que pertenecía al Imperio Romano y que tenía que jurar el reconocer la divinidad del Emperador.  “Oyendo que Jesús había llegado…fue a verlo y le pedía que bajase a curar a su hijo” ¿Por qué no se lo pedía al Emperador, el Todopoderoso del mundo? ¿Qué vio y que oyó de Jesús? Tuvo confianza en él y fue valiente. Él no era ni judío, era un pagano, funcionario del Imperio. El “dios” del Imperio no le valía para curar a su hijo.

4º.- “Si no veis signos y prodigios, no creéis” les reprocha Jesús. Milagros y milagors importantes, espectaculares, pedimos que sucedan para que se conviertan todos. Ahora mismo, también tenemos esa tentación. El mayor milagro es el del amor, “amaos los unos a los otros como yo os he amado” el de estar ayudando a los demás, el hacer lo que Jesús hizo, ir de una parte a otra ayudando, animando, perdonando… Ea consigna de Je´s,u es la que cambiará el mundo, hará un mundo más humano, más solidario, más cristiano.

Muchos de los dramas que pasamos son fruto de nuestra dejadez,  de nuestro desentendernos de los demás, de nuestra superficialidad, de nuestro abuso del planeta. Basta con mirar lo que está pasando con el cambio climático y la advertencia del papa Francisco con la encíclica “Laudato, si”. Sin embargo, la codicia de los poderosos y de las naciones desarrolladas no son capaces de lograr acuerdos. Todo es hablar del “bienestar de vida”, como si fuéramos a vivir siempre aquí y siempre nosotros mismos. De aquí no nos echa nadie y esto es nuestro (bueno, de unos pocos)

El verdadero milagro es vivir como hijos de Dios, como hermanos, es vivir en el amor, es ayudar a los que lo necesitan, es vivir con responsabilidad, es compartir con justicia los bienes de este mundo, es darnos cuenta de que lo más importante es nuestra vida interior. Ahí está lo que somos.

De que no queramos  vivir así y ser así y no hagamos lo posible por conseguir otro mundo más humano, no tiene la culpa Dios.

Lo que sucede no es un castigo de Dios. Dios no castiga. Ama. No puede no amar. No cabe en Él el odio, el mal querer. Dios es siempre amor. Lo que sucede está inscrito en la naturaleza misma y por la naturaleza nos habla Dios. Es lo que llamamos los “signos de los tiempos”, Dios nos habla por los signos de los tiempos. Somos inteligentes  (la inteligencia es un don de Dios que podemos usar para enfrentarnos con él, como los del paraíso) y debemos saber leer.

5º.- “Señor, baja antes que muera mi niño”  como el del funcionario del evangelio, nuestro diálogo con el Señor, debe perseverante y valiente.  Así se lo tenemos que decir en familia. Todos a una. Ponernos en estado de oración,  es una forma de unión de corazones sobre todo con los que están sufriendo más, una manera de sentir y sintonizar con lo que se está viviendo, es una forma solidaridad y compromiso y  una forma de resistencia al pesimismo, es vivir en confianza, es saber que nuestra vida está en las manos de Dios. Es acompañar a los que lo que están pasando mal. Orar es también enfrentarse al miedo: “El Señor es mi pastor…”

Oración

Señor, Jesús:

Nos vemos sumidos  y rodeados del misterio del mal.

Nos cuesta mucho entender lo que pasa y por qué pasa.

Queremos sentir tu presencia.

Sabemos que estas cerca de nosotros.

Siempre vienes “otra vez” a nuestro lado.

Ayúdanos a saber enfrentarnos a este momento difícil.

Necesitamos tu palabra y tu luz.

Suplicamos como el funcionario del Evangelio tu curación,

sentir en nuestro corazón tu fortaleza,

tu amor que nunca nos abandona.

Vemos que hay muchas personas buenas

que están entregando y dando su vida

para salvar a los demás.

Acompáñalos con su botiquín lleno de gracia y salvación.

Haz que seamos capaces

de cambiar nuestros comportamientos

y, basados en tu amor,

hagamos un mundo más humano y solidario,

cuidando más nuestra casa común

y compartiendo mejor

los bienes en que ella nos diste.

Señor, que estemos convencidos

que viniste para darnos vida.

Ahora necesitamos tu vida. Amén