La palabra en el tiempo 82

Es ya normal y hasta podemos decir tradicional que cuando se acercan las fiestas de Navidad salgan a la luz estadísticas y datos cuantitativos y comparativos sobre la pobreza y otras situaciones sociales que  nos conmueven y despiertan nuestra preocupación y solidaridad.

Esta semana, ha saltado el dato del Instituto Nacional de Estadística, el INE, por el que nos informa de que “uno de cada cuatro hogares en España está formado por una persona sola”, mayoritariamente de más de 65 años, y más mujeres que hombres. Durante la pandemia se ha dado la voz de alarma sobre el aumento de personas encontradas muertas en sus hogares, llamando a familiares y amistades a que mantuvieran frecuente comunicación ellos. En Asturias el número de personas que viven solas supera las 140.000.

Por otra parte, la “Red Europea de Lucha contra la Pobreza”, acreditado organismo, ha presentado el Mapa de  la Pobreza Severa en España, donde se señala que Asturias, juntamente con Canarias y la Comunidad Valenciana, presentan los porcentajes más altos, llegando Asturias al 27,7 % en ese índice inquietante de pobreza, superando la media estatal. El porcentaje en personas afecta a 282.000 asturianos.

Es cada vez más frecuente que en estos día prenavideños surjan múltiples campañas que tratan de conmovernos para recaudar ayudas que palíen estas situaciones conmovedoras.  El problema es más serio. Caritas trabaja todo el año por ayudar, remediar y concienciar para encontrar remedios y soluciones y no solamente ayudas ocasionales. Ha lanzado estos días la campaña: “Esta Navidad, cada portal importa”  Piensa en los que conoces.

Una cosa es evidente. Todo este movimiento social y humano tiene mucho que ver con la Navidad cristiana. Dios hecho hombre nace pobre en un portal.  Mírese como se mire, tiene que sorprendernos. Es la mayor  denuncia de la pobreza. No hay otro acontecimiento en la historia que haya tenido tanta trascendencia social.

Nos lo recuerda San Lucas en el evangelio del próximo domingo. El pueblo estaba en expectación ante el anuncio de la venida de Jesús, el Mesías  profetizado:  “Qué hacemos”,  le preguntan unos y otros a Juan el Bautista. “El que tenga dos túnicas que reparta con el que no tiene y el que tenga comida lo mismo. No extorsionéis a nadie”. El mensaje es claro. Las luces de Navidad, ahora tan abstractas, también deben iluminar la oscuridad de las situaciones de pobreza.   

La palabra en el tiempo 80

La esperanza en un mañana mejor, de un futuro mejor constituye parte de nuestro vivir existencial. Hay veces que las cosas pueden presentarse tan oscuras y difíciles que, en lenguaje coloquial, solemos decir: “Virgencita, Virgencita que me quede como estoy”. Pero siempre pensamos y nos preocupa lo que nos espera. Buscamos  y luchamos por vivir “algo mejor”. Queremos que nos vaya bien en la vida y lo deseamos para familiares y amigos. La confianza en que todo nos vaya mejor es un motor y acicate que nos sostiene en el trabajo y en los esfuerzos de cada día.

Por eso, cuando la esperanza se apaga, se apaga y se desilusiona también nuestra vida. En lenguaje coloquial solemos sentenciar con frecuencia ese dicho tan popular: “La esperanza es lo último que se pierde”,  porque “es la misma vida defendiéndose”.

Conviene no confundirla con cualquier reacción eufórica o con optimismo fugaces. Es, sobre todo, una actitud permanente, un estilo de vida, un encarar el futuro con confianza, con lucha decidida. Hay que trabajarla.

Como, en este tiempo, estamos aguantando una lluvia pertinaz de “fake news”,  envueltas en lenguaje engañoso, es decir, mentiras, algunos confunden la esperanza con el “progresismo”, que parece ser el nuevo nombre del futuro, o de la arcadia feliz, prometiéndonos que todo va a caer de su cielo o nos lo van a traer ellos vestidos de magos.

La esperanza es un actitud del alma y necesita motivaciones serias para mantenerla viva. No se sostiene en el aire. El que tiene esperanza se esfuerza en transformar la realidad.

Entramos en el Adviento. Es el tiempo propio en que la fe y la cultura cristiana cultiva principalmente  esta indispensable y eficaz virtud y cualidad. Esperamos el encuentro con Dios. Es el verdadero motivo. Si no fuera iniciativa suya este encuentro se lo suplicaríamos o se lo exigiríamos.

El próximo domingo, comienza con el Adviento un nuevo ciclo litúrgico. San Lucas es el evangelista.  Nos invita a levantar la cabeza y a estar siempre despiertos, porque viene ·el Hijo del Hombre. Ya sabéis cómo y en dónde. En Belén tiene uno de sus mejores motivos la esperanza.

La palabra en el tiempo 79

Es un dicho popular que “la mentira tiene las patas cortas”. Últimamente da la
sensación de que le han crecido y que la mentira va ganando terreno
haciéndose usual, no solo en nuestras conversaciones cotidianas, sino en las
manifestaciones de las personas con responsabilidades y que nos gobiernan. Lo
grave es que se toleran y se minusvaloran con dejada pasividad. Leo en uno de
los escritores famosos de la actualidad: “El problema no es que alguien con
poder sobre vidas y economías mienta. Todos lo hacen, tarde o temprano. El
problema grave es cuando a demasiada gente no le importa en absoluto que les
mientan” En esta situación estamos. No se ven actos o gestos por defender el
derecho de la persona a la verdad. No se convocan manifestaciones criticando o
indignándose contra las mentiras graves y manipuladoras, como son frecuentes
las protestas contra otras injusticias.
Nos dejamos engañar con facilidad. Una de las formas de hacerlo es cambiando
el lenguaje y llamando a las cosas de otra manera. A muchas mentiras o relatos
ahora se las llama “postverdad”. Tan actual y común se ha hecho esta
nominación que la ha recogido el diccionario de Oxford como palabra del año
en 2016. La RAE la ha recogido también en su diccionario y la define así:
“Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con
el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. No es una
banalidad. Influye seriamente degradando la vida democrática. La posverdad ha
tenido gran influencia en el Brexit británico, en la llegada a la presidencia de los
EE:UU. de Trump, en los negacionistas de la vacuna contra el “covid19” y del
calentamiento climático. También en el referendum independentista de
Cataluña y ahora en la ley de la llamada “Memoria democrática”. En todos estos
eventos, se pone de manifiesto que, a la hora de contar la realidad, las
opiniones y emociones tiene más peso que los datos reales y objetivos.
Desde siempre se ha afirmado y demostrado que todo hombre es un buscador
de la verdad. Nada humano, y social y políticamente válido, se puede construir
sobre la mentira y el engaño. Buscamos sobre todo la verdad existencial: ¿Quién
soy yo?, ¿Cuál es la razón de mi vida? ¿cuál es su verdad?
En el evangelio del próximo domingo, final del año litúrgico y fiesta de Jesucristo
, Señor y Rey del Universo, hay un diálogo sorprendente entre Jesús acusado y
reo y el Pilatos poderoso, en que Jesús se presenta como “testigo de la verdad”.
La verdad última y esencial es que somos “hijos de Dios”, de un Dios que nos
ama infinitamente y, en la cruz, lo va a acreditar en testimonio de la verdad.

La palabra en el tiempo 78

satisfacctoria de la Creación que alguna vez he escuchado”

No deja de ser paradójico que viviendo en este planeta azul, no sepamos con
certeza cómo ha sido su inicio y cómo será su final.
De su inicio, la teoría más acreditada es hoy la del “big bang”. Hace 13.800
millones de años un punto de materia infinitamente pequeño, compuesto de
hidrógeno y helio, de altísima densidad, explosionó y comenzó a extenderse en
todas las direcciones; al enfriarse se fueron formando las estrellas y las galaxias,
creando lo que hoy conocemos como Universo. La tierra que habitamos se
calcula que en esa expansión apareció hace 4.500 años y en ella, el hombre ¡y la
mujer! hace 150.OOO años. Lo que saben pocos y no se suele citar es que la
primera teoría del “big bang” es de un sacerdote belga, del siglo pasado, físico y
matemático, Georges Lemaitre, del que al exponerla en una conferencia en
California dijo el mismo Einstein: “Esta es la explicación más bella y
satisfacctoria de la Creación que alguna vez he escuchado”
Del final de este mundo nuestro, se calcula que el sol, fundamental para la vida
de las plantas, animales y personas por ser la fuente del calor y de la luz, según
los científicos, está a la mitad de su vida y que se colapsará dentro de 5.000
millones de años ¡casi nada! Y estallará haciendo que la tierra desaparezca, a no
ser que un cataclismo o el impacto de un asteroide adelante su extinción.
A la mayoría de nosotros no nos preocupan estas cuestiones que tienen más de
curiosidad. Incluso el gran problema del cambio climático que es evidente
porque la Tierra ya grita pidiendo auxilio y cuidado, para muchos, incluidos los
responsables de las naciones, tampoco constituye un peligro inminente o un
serio desafío. Pare que solo le preocupa al papa Francisco. Basta con ver los
resultados de la reunión de Glasgow. Pero, lo que no cave duda es que para
nosotros la gran pregunta, sobre todo en este mes de noviembre dedicado a a
los difuntos, es: ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Qué futuro nos espera? ¿Cuál va a
ser en definitiva el final de la historia apasionante y apasionada de la
Humanidad?
En el evangelio de San Marcos, del próximo domingo, Jesús, el Señor, nos
contesta y enciende una luz. Si en el “big bang” de los creyentes, “En el principio
era la Palabra y la Palabra era Dios”, al final también Dios, Padre y Creador,
tiene la última Palabra: “Veréis al Hijo del Hombre…”, el que nos dijo que Él era
la vida y manifestó que después de la muerte está la vida. El que nos dice que
”el cielo y la tierra pasarán”, pero mi Palabra de Vida no pasará.

La palabra en el tiempo 77

Son muchos los escritores españoles que han escrito y denunciado que la envidia es un pecado nacional, el pecado más grave de os españoles. Cervantes, en los consejos a su escudero Sancho Panza le advierte que “es la raíz de infinitos males y carcoma de virtudes”. Unamuno la fustiga como “la íntima gangrena española”. Camilo José Cela hace comparaciones y apunta que “el español arde en el fuego de la envidia, como el inglés se quema en la hoguera de la hipocresía y el francés se consume en la llama de la avaricia”. Con humor y agudeza la ha descrito Fernando Díaz Plaja en su famoso libro: “El español y los siete pecados capitales”, donde demuestra que la envidia define el carácter español por encima de la ira, la soberbia y la gula,  confesando con sinceridad que aunque  describa estos pecados, él mismo no se libra de ellos, como indígena de esta piel de toro que es. Algunos, descaradamente, afirman que la envidia en España es un defecto tan de nominación de origen como el chorizo de Cantimpalo,  el vino jerez, el jamón ibérico o el aceite puro de oliva.

El envidioso nunca está contento consigo mismo, con lo que es, con lo que tiene. Mira de reojo a los demás y está comparándose con los otros, deseando compulsivamente estar por encima de ellos, sabiendo más, y sobre todo teniendo más.

Vivimos una sociedad en que, casi sin darnos cuenta, nos está empujando a establecer nuestras relaciones en clave de competitividad. Ya desde niños  se nos educa para ser competitivos. Es una de las características de la educación actual: muchos saberes y pocos valores.  Los niños presumen de la marca que llevan sus tenis y  su ropa.

El antiguo catecismo de preguntas y respuesta, nos enseñaba que contra los siete pecados capitales, había siete virtudes. Contraponía: Contra envidia, Caridad.

El próximo domingo,  San Marcos en el evangelio, nos muestra a  Jesús criticando con ironía a los fariseos que se preocupan ostentosamente de aparentar, despertando la envidia de los demás porque se creen los mejores. Y nos hace mirar a una pobre viuda que con humildad se desprende de los poco que tiene para ayudar a los demás. Sí,  lo más cristiano y lo más humano es: contra envidia caridad

La palabra en el tiempo 76

“Yo he sido elegido como un instrumento para dar música, amor y armonía,
decía el famoso Michael Jackson el cantante, compositor y bailarín
estadounidense. Para crear música hace falta talento, para dar amor hay que
tener corazón y para instaurar armonía se requiere inteligencia y sentido dela
belleza. Con más realismo decía la Madre Teresa de Calcuta, la monja albanesa
que recogía niños recién nacidos de los basureros y ancianos moribundos de las
cunetas de la gran urbe india: “Ama hasta que duela. Si te duele es buena señal”
Tenía argumentos y razones sobradas para afirmarlo

“Yo he sido elegido como un instrumento para dar música, amor y armonía,
decía el famoso Michael Jackson el cantante, compositor y bailarín
estadounidense. Para crear música hace falta talento, para dar amor hay que
tener corazón y para instaurar armonía se requiere inteligencia y sentido dela
belleza. Con más realismo decía la Madre Teresa de Calcuta, la monja albanesa
que recogía niños recién nacidos de los basureros y ancianos moribundos de las
cunetas de la gran urbe india: “Ama hasta que duela. Si te duele es buena señal”
Tenía argumentos y razones sobradas para afirmarlo
Es lo que le falta a los amores de hoy, sacrificio. Por eso son tan frágiles y
fugaces y sobre todo egoístas. El test más evidente es el del matrimonio. Es
inaudito que fracasen seis de cada diez matrimonios antes de los diez años de
convivencia. Y estremece el rampante aborto eugenésico. La cultura de hoy
teme y no quiere personas enfermas, débiles, discapacitadas o necesitadas. Los
ricos y pudientes temen a los pobres. Los que tiene trabajo defienden su puesto
y no se preocupan de los que no lo tienen. Es incomprensible como se puede
aceptar sin más una situación con un paro juvenil que supera el 40%. Te deja
sin palabra el ver que jóvenes, ellas y ellos, que han crecido a la sombra de la
parroquia, tienen que marchar lejos en busca de trabajo.
La tarea permanente del cristianismo es crear e introducir “amor real” en la
sociedad. Si queremos llevar a la práctica el Evangelio y deseo de Jesús, los
cristianos tenemos que intentar descubrir las nuevas exigencias del amor al
prójimo; como ya decía San Juan Pablo II: “Crear la cultura del amor”. Amar en
cristiano significa luchar por la dignidad de las personas, por sus derechos,
trabajar por encontrar vínculos de solidaridad, y algo muy importante que todos
podemos hacer: Ofrecer con generosidad parte de nuestro tiempo al servicio de
los más olvidados, integrándonos en algún voluntariado.
El próximo domingo en el evangelio de San Marcos, le plantean a Jesús la gran
pregunta que debiera proponerse toda persona en este mundo: ¿Qué
mandamiento es el primero de todos? Es sabida la respuesta. Amar a Dios y al
prójimos, amar a Dios para poder amar a todo prójimo. Dos en uno! Sin esta
marca de amor no hay progreso. Lo muestra la experiencia milenaria, no es el
poder sino el amor real, con obras, el que humaniza el mundo.

La palabra en el tiempo 75

Vivimos tan obsesionados y entretenidos con el presente que no prestamos
ninguna atención ni preocupación por el futuro. Se ha hecho viral el dicho
popular: “A vivir que son dos días”.
Estamos ciegos a los grandes problemas y retos que desafían nuestro futuro.
Los sociólogos reconocidos como notables analistas de la realidad se
sorprenden y alertan de la actitud, sobre todo de las nuevas generaciones, de
dejadez y apatía sobre el futuro que se les avecina en lo económico, en lo
social y en lo espiritual, entendida esta dimensión humana en su acepción
amplia, no solamente religiosa, es decir, en la interioridad que caracteriza a
los seres humanos, sus valores, sus sentimientos, su sentido de la vida.
Posiblemente, el principal problema al que se tiene que enfrentar la
humanidad es al del cambio climático, al cuidado de esta “casa común” en la
que habitamos todos, este planeta tierra, que vamos deteriorando por
nuestra forma de vivir y de explotar sus recursos, sin miramiento alguno al
futuro. Dentro de unos días se reunirá en la ciudad inglesa de Glasgow una
nueva Cumbre Mundial, la Cop26, para afrontar la situación del grave
calentamiento de la tierra, cuyos efectos ya sufrimos. Es el Papa Francisco
uno de los principales movilizadores de la conciencia ciudadana sobre esta
situación. Dios Padre, el Creador nos dijo: cultivad, no explotad, la tierra.
Otro de los problemas preocupantes es el envejecimiento de la población del
continente Europeo, de España, de Asturias. La natalidad está bajo mínimos.
Ya no supera la mortalidad. Es sorprendente el apasionamiento y vocerío con
que se defiende y se legisla el aborto libre y lo poco que se incentiva la
generación de vida y las leyes que la procuren y estimulen. Los dones más
importantes de los humanos son la vida y el amor. Los dos están en baja.
Increíblemente va siendo una realidad el que “cuidamos más perros que
niños”.
El próximo domingo en el evangelio de San Marcos se nos narra la curación
del ciego Bartimeo. Estaba sentado, abandonado al borde del camino. Da un
salto al oir que pasa Jesús. Le pide, don toda la fuerza del corazón que pueda
ver. Es lo que quiere la iglesia con el nuevo Sínodo que se ha inaugurado. Ver
la realidad en toda su crudeza. Es lo que necesitamos nosotros: dar un salto y
asomarnos como cristianos al futuro que se nos viene encima.

La palabra en el tiempo 74

La ambición es innata al ser humano. La mayoría de las personas tenemos el
deseo de llegar a poseer riqueza, fama y poder. Como seres humanos nos
planteamos alcanzar metas ambiciosas y ponemos todo nuestro empeño y afán
por alcanzarlas.
Pero la ambición también puede degenerar en acciones negativas cuando las
personas se dejan arrastrar por el abuso y, saltándose todos los principios
éticos y morales, quieren dominar y subyugara los demás haciéndoles daño,
recortando sus libertad y atentado contra su dignidad.
Cuando esto se da en la familia se llama machismo, por mucho tiempo
maltratando a las mujeres. En lo social se llama caciquismo, esclavizando a los
ciudadanos. Y en lo político de llama totalitarismo recortando o anulando
libertades, imponiendo gravosos impuestos, despertando el culto o adulación a
los gobernantes, engañándolos con falsas promesas que nunca se cumplen.
Hoy, se combate el machismo, se lucha por superar el caciquismo, pero
reaparece de nuevo el totalitarismo en formas variadas de populismo.
También en la iglesia puede darse este abuso de ambición de poder. El papa
Francisco lo denuncia repetidas veces llamándolo clericalismo, que es una forma
de dominar los clérigos interpretando el ministerio recibido en la ordenación
como un poder y no común servicio. Se manifiesta en una Iglesia en la que se
distinguen mucho dirigentes y subordinados, entre los que enseñan y los que
deben aprender. Esto puede llevar a una iglesia elitista que cree que tiene
respuestas para todo y no necesita escuchar. Así, se aleja de la realidad y del
mundo que tiene que evangelizar. Para corregir esta actitud ha convocado el
nuevo Sínodo: “Por una iglesia sinodal”. Es hora de que nos escuchemos unos a
otros.
Este domingo, en el evangelio de San Marcos, aparece también el pecado
de ambición de poder en el grupo importante de los Doce. Santiago y Juan, los
hijos del trueno, quieren poder sentarse uno a la derecha y otro a la izquierda
en el Reino del Señor. Jesús les hecha un jarro de agua fría. Conmigo, el primero
tiene que ser el último. Aquí “reinar es servir”. Lo entendió muy bien San
Ignacio de Loyola que tiene como lema: “En todo amar y servir”.

La palabra en el tiempo 73

Seguimos visionando en la televisión el fenómeno natural de la erupción del
volcán en la isla de La Palma. Pero siempre acompañado de la tragedia en la que
se han visto involucradas tantas familias que han perdido sus casas y haciendas
que nos cuentan y lamentas entre sollozos y lágrimas. Estas situaciones
despiertan y levantan un gran movimiento de solidaridad y de caridad. Así ha
sido en este caso. Personas, asociaciones e instituciones públicas han acudido
pronto en socorro y ayuda a los afectados.

Este conjunto de actitudes y sentimientos, de justicia y de amor, de humanidad y compasión, no debiera de ser ocasional sino estar en todos permanentemente vivo y activo. Esla única forma de vivir con dignidad, “frateelli tuti”, todos como hermanos que ocupamos y disfrutamos la misma casa común.

Desde hace tiempo se vine dando la voz de alarma del creciente paro juvenil. Se acerca al 40% en los menores de 25 años. En España tiene signo de ser una carencia endémica. No se arregla con subvenciones. Es el trabajo lo que dignifica a la persona. La limosna debe ser ocasional

Caritas acaba de lanzar un nuevo grito de alerta. Informa con números  de la muy acreditada Fundación FOESSA que la “pobreza se ha convertido en un fenómeno estructural” de nuestro país como consecuencia de las últimas crisis económicas y de la pandemia, que ha aumentado en más de 2,5 millones y medio las personas hundidas en la pobreza.

La solidaridad y la caridad juntas  nos deben  hacer tomas conciencia, de que además de poner nuestro grano de arena y compartir con ellos algo de lo nuestro,  es necesario reclamar de os gobernantes  más dedicación a estos problemas vitales y no distraernos con fruslerías o conveniencias de poder y de partido

El próximo domingo, en el evangelio de San Marcos, nos cuenta la petición de aquel que buscaba salvarse. Era buena persona, pero Jesús le dijo que tenía que preocuparse y comprometerse más con  los pobres y necesitados. Se dio media vuelta. No podemos  imitarle. Por “Fratelli tuti” nos toca levantar la voz y poner la mano.

La palabra en el tiempo 72

La familia ha sido y sigue siendo la institución más valorada, incluso por los
jóvenes. Así lo atestiguan los estudios periódicos de la prestigiada
Fundación Santa María. Contrasta con el alto y preocupante número de
rupturas, separaciones y divorcios. Unos cien mil al año. Desde que en
España se promulgó la ley que lo permite hace 40 años, el 7 de julio de
1981 y que se ha ido haciendo cada vez más laxa, se han divorciado unos
dos millones trescientos mil matrimonios. Son tantos y con tanta facilidad
que algunos hasta lo califican como que “está de moda”.
Es difícil entender que algo como es el matrimonio que tiene como
finalidad la felicidad, el amor y la vida, los valores más importantes que
uno pueda imaginar y que se prepara con tanta ilusión, con tanto tiempo y
ternura, pueda acabar siendo tan frágil y tan fugaz. Y para más extrañeza,
habiendo pasado la celebración del matrimonio de la veintena de años a la
treintena, con noviazgos más largos ; se suponer con mayor madurez y
conocimiento de las personas.
Otro dato sorprendente es que los españoles se casan menos.
Disminuyeron las celebraciones en un 55%. A la mitad de las parejas les
basta con la “unión de hecho”. Lo que sí es alarmante y preocupante es el
bajón de bodas canónicas, por la Iglesia: una de cada diez. Es lo que ha
querido afrontar el papa Francisco con los sínodos sobre la familia y que
quedó explicitado en el documento sinodal “Amoris Laetitia” (La alegría
del amor) que debiera tener mejor suerte y mayor acogida. La pastoral
familiar está en la base de toda evangelización. La familia es la primera
Iglesia. El amor se cuida poco, ha pasado a ser objeto de consumo,
mientras me gusta. Se gasta, se usa y se tira, no se compromete.
El próximo domingo, en el evangelio de San Marcos, sale esta cuestión
concreta del divorcio. Como vemos, la problemática es muy antigua y
beligerante, porque los fariseos se la presentan a Jesús “para ponerle a
prueba” Por de pronto, les tira abajo la postura machista. No solo el
varón, también la mujer. Jesús va a los orígenes, el amor en principio es un
don de Dios, sin él no se puede vivir. Un tesoro! y los tesoros se cuidan se
protegen y se guardan a buen seguro.

La palabra en el tiempo 24/09/21

Por los medios de comunicación podemos seguir, momento a momento, la situación trágica que está causando la erupción del volcán Cumbre Vieja en la pequeña y preciosa isla canaria de La Palma.  Es un espectáculo deslumbrante, asombroso y hasta dantesco, ver  la tierra vomitando fuego y ríos de lava abrasadora. Pero arrasando viviendas y campos de trabajo que permitían vivir a un sector de la población allí, desde siglos asentada. De pronto, tienen que abandonarlo todo y quedarse sin nada. Es simbólico y enternecedor hasta la emoción ver a las personas afectadas, recoger lo que pueden llevarse en tiempos mínimos. Además de los documentos y otros poquitos enseres, todos dicen que se llevan las fotografías que guardaban en sus casas. Es como aferrase a su historia, a su pasado, a las raíces de su familia y de su tierra.

Una catástrofe como ésta, tiene la parte alentadora que despierta una ola grande  de solidaridad y de humanidad. Muchos familiares y vecinos les han abierto sus puertas y sus corazones a los evacuados. Caritas ha salido enseguida a buscar solución a las necesidades más urgentes. Todas las instituciones se han volcado. En desastres naturales los medios  y subvenciones del Estado debieran ser lo más rápidos y generosos, es decir, justos, para que las familias puedan reiniciar su vida con dignidad.

Estas desgracias humanas tenían que romper, acusar y denunciar  la cultura individualista  que nos invade y domina.  Pero no, con carácter puntual sino permanente. El individualismo reinante, que a muchos los lleva al narcisismo –tenemos ejemplos notables- produce indiferencia social, huida de los problemas e inclina a exigir todos los derechos sin asumir obligaciones.

El próximo domingo, en el evangelio de San Marcos, Jesús nos  enciente una serie de alertas, muy actuales en nuestra sociedad, el escándalo, la exclusión, la despreocupación de los demás, cuando sabemos que nos necesitamos y no podemos vivir solos. Por eso nos dice que el mero hecho sencillo de  dar un vaso de agua al sediento, no quedará sin recompensa. Necesitamos más humanidad. El evangelio es una de sus fuentes.

La palabra en el tiempo 70

La codicia de poder es congénita con el género humano. En el paraíso ya quiso el hombre ser como Dios, tener su poder.  Y esa tentación sigue viva hasta nuestros días. A lo largo de la historia esa ansia desmesurada de dominación y sometimiento ha dado lugar a muchas guerras, agresiones, conflictos,  esclavitudes, vejaciones y humillaciones. Aplicada a la política recibe el nombre de totalitaria, Estado totalitario, gobierno totalitario.

 Lo describe muy bien el novelista y ensayista británico George Orwell en su famosa novela “1984”, calificada como una de las obras literarias más icónicas del siglo XX por su denuncia de regímenes de este siglo. Algunos la consideran profética al ver resurgir ahora partidos populistas. Ilustra brillantemente cómo la vida de las personas se puede ver afectada por gobernantes autocráticos.

El papa Francisco en su encíclica “Fratelli tutti”, en donde aflora una actitud nueva, sugerente, para el entendimiento de los países y los partidos políticos como es la “amistad social” que es “integrar a otros para generar procesos sociales de fraternidad y justica para todos”,  denuncia y deplora también  el  que “la política ya no es una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino solo recetas inmediatistas que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz”

En el evangelio de San Marcos del próximo domingo, Jesús nos da un sabio y eficaz consejo. Hasta sus discípulos se vieron tentados de la ambición malsana de poder. Y le dijo algo chocante: “quien quiera ser el primero, que sea el último de todos”.  En español hay un aforismo: reinar es servir. Gobernar es cargar con la cruz de los problemas de los ciudadanos.