Al encuentro de Jesús

Esta Nochebuena soy Rosa, la abuela de Clara, la que os escribe, porque la que ha aprendido cosas soy yo.

Hace unos días Teresa, la mamá de Tomás, me llamó. La llamada no me sorprendió porque hemos hablado muchas veces este año.

-Rosa, ¿qué tal estas? ¿preparando ya la Nochebuena?

-Bien gracias. Ya sabéis que cuento con vosotros.

-Claro que sí Rosa, sólo que bueno… este año es posible, si no te parece mal… que nos acompañen cinco matrimonios más y alguno de sus hijos.

-¡Cinco! ¿Tantos? y ¿cómo es eso?

-Bueno, ya sabes que el año pasado para mi marido Tomás y para mí, la Nochebuena supuso un verdadero encuentro con Jesús. Y puede que hayamos hablado tanto de ello que este año nos han pedido acompañaros. Si no es molestia claro.

En ese momento me entraron un montón de dudas, ¡seis matrimonios! y con los peregrinos ¡doce niños!… aunque si Dios me ponía este reto seguro que no podía negarme.

-Claro que no es molestia y quizás nos pueda servir para llegar a más hogares. Diles…, diles que este año empezaremos pronto. A las 9 de la mañana nos vemos.

Cuando colgué estaba algo preocupada. Seis matrimonios y doce niños, por una parte era una oportunidad para llegar a más hogares, pero por otra… no los conocía, ¿qué están buscando? ¿sería capaz de llegarles? Jugar a los peregrinos con los niños es fácil, pero con adultos…

Mi marido se dio cuenta enseguida de que algo pasaba. Cuando se lo conté me dijo:

-Rosa, que cinco matrimonios quieran encontrarse con Jesús en Nochebuena y te pidan ayuda es un regalo de Dios.  Y que nosotros seamos sus instrumentos es un honor. ¿Sabes que hay que hacer? Antes de ir al encuentro de nuestro Señor reflejado en nuestros hermanos hay que llevarlos ante Él. Empecemos este año con una hora de adoración.

-¡Ya!, pero ¿y los niños? ¿Aguantarán una hora en la capilla?

-Los niños, -dijo mi esposo- les recordarán a sus padres lo que es rezar.

Llamé al párroco y le expliqué la situación. Él estaba encantado de que le llevase a tanta gente a la capilla del Santísimo. Nos abriría, los saludaría y expondría el Santísimo para nosotros; además me dio una idea muy buena para los niños. Tras un ratito de oración podrían ayudar a preparar la cunita del niño Jesús, me sugirió que le pidiese ayuda a los catequistas de Clara y Francisco.

Sorprendentemente estaban encantados y además decidieron acompañarnos después.

El párroco nos dio una lista de personas a las que podíamos ir a ver (a parte de las que yo ya tenía en cuenta).

A las 9 en punto estaban todos a la puerta de la parroquia. Los padres de Tomás nos los presentaron:

  • Antonio y Lucía, él es compañero de trabajo de Tomás y traía consigo una guitarra. Para acompañar a los villancicos.
  • Laura y Pedro, también del trabajo de Tomás.
  • Herminio y Sofía, los dueños de la empresa donde trabaja Teresa.
  • Susana y Lucas, compañeros de trabajo de Teresa.
  • Y finalmente, Adela y Ricardo, amigos de siempre de Teresa y Tomás.

Una vez que nos presentamos, utilicé las palabras de mi esposo: antes de ir a encontrarnos a Dios en los hermanos necesitados vamos a hablar con Él y para eso vamos a hacer una hora de adoración.

En ese momento los miré y había caras de sorpresa y extrañeza, pero también alguna de alegría.

Entramos a la capilla y el sacerdote nos expuso el Santísimo. Aprovechó para explicarles a los niños que Dios estaba presente ahí en cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Aunque para los peregrinos era la primera adoración, habían ido a rezar muchas veces a la capilla y enseguida empezaron a dar gracias a Dios y a pedir por sus familias y por las personas que íbamos a ver.

Tras ellos, los otros niños empezaron también a agradecer y pedir.

Antonio miró al sacerdote y señaló la guitarra, el sacerdote asintió y sonrió. Entonces Antonio empezó a tocar y a cantar “Vine a adorarte, vine a alabarte, vine a decir que eres mi Dios… “

Lucía cantaba con él y se la veía muy feliz. Los catequistas se llevaron a los niños y los mayores empezaron a rezar sacando lo mejor que tenían dentro.

Antonio intercalaba canciones fue una adoración estupenda.

Una vez acabada, todos dieron las gracias, algunos estaban muy emocionados.

Repartimos las cosas que había que llevar y trazamos un plan. Iríamos de dos en dos matrimonios con sus hijos; los peregrinos eran cosa nuestra. Cambiamos los grupos de casa en casa para que todos fuésemos con todos y para que los que nunca habían ido tuviesen un apoyo. Los papás de Tomás, los catequistas, nosotros y Antonio y Lucía, que de jóvenes habían ido alguna vez a visitar enfermos, acompañaríamos a cada uno de los otros matrimonios.

Yo tenía una lista con lo que había que llevar y un breve resumen de la situación de las personas que íbamos a visitar.

Todo iba muy bien y, entre casa y casa, nos contábamos lo que estábamos viviendo.

A la hora de la comida, que hicimos rápidamente en una hamburguesería, todos estaban muy contentos.

Al salir de allí pasó algo sorprendente. Herminio se fijó en un vagabundo que estaba pidiendo, volvió a mirarle y se acercó a él.

-¡Don Emilio! ¿Es usted? ¿qué le ha pasado?

-Así me llamaban. Ahora no soy ni don, ni nadie. ¿No tendrás una moneda?

-Claro que sí. Pero ¿no se acuerda de mí? Usted fue la primera persona para la que trabajé. ¿Qué le pasó? ¿Cómo pudo acabar así?

Los ojos se le humedecieron, pareció recordar algo.

-¡Herminio!

Pareció avergonzarse, luego se irguió como tratando de recobrar algo de dignidad.

-Ella me abandonó, yo que lo daba todo por ella… todo menos lo que ella necesitaba… a mí… Empecé a beber porque me ayudaba a soportarlo y luego todo… todo se hundió… ¿No tendrás una moneda?

Herminio se llevó la mano a la cartera. Pero en esos momentos el abuelo lo detuvo.

 -No es buena idea, se lo gastará en vino.

-Pero quizás yo pueda ayudarle… Era bueno, quizás pueda darle un trabajo.

– Mira -dijo el abuelo-, ahora no necesita un jefe, necesita un amigo que le ayude a recobrar la dignidad. Vamos a buscarle un sitio donde se pueda alojar y bañar. Vamos a buscarle ropa y llevarle al peluquero y luego poco a poco vas hablando con él y le convences de que se desenganche del alcohol, así podrás luego buscarle un trabajo.

Se fueron el abuelo, Herminio y don Emilio. Cuando volvieron, Don Emilio ya era otra cosa. Aún estaba emocionado y no hacía más que llorar…

-Claro que sí, mañana iré y seguiré el programa.

-Yo te llevaré…

Una vez que Don Emilio se fue, Herminio se acercó a su mujer, le dijo unas palabras al oído y ella sonrió y le abrazó.

Cuando terminamos, era evidente que algo había pasado en cada uno de ellos, así que les propuse ir a hablarlo todos juntos. Los catequistas se llevaron a los niños que lo habían pasado muy bien para que los mayores pudiésemos hablar.

-Muchas gracias, a todos por ayudarnos a llevar la a Jesús a los demás el día de Nochebuena, ahora, si queréis, podemos compartir lo que ha supuesto para cada uno de vosotros.

Lucía fue la primera.

-Gracias Rosa. Deberíais saber que Antonio y yo nos enamoramos en una Pascua Juvenil. De jóvenes teníamos nuestros grupos de la parroquia, pero luego, después de casarnos, el trabajo, los hijos… Poco a poco nos fuimos alejando de Jesús… y nuestra vida se volvió más gris…

Pero en la adoración… con cada una de las canciones… volvieron los recuerdos. Luego la alegría de las personas con las que cantamos… Íbamos a llevarles a Jesús y resulta que ellos nos lo han traído a nosotros. Gracias Rosa… Gracias.

Luego hablo Pedro.

-Rosa, a nosotros también nos has hecho un gran regalo. Nosotros vamos a misa los domingos. Pero nunca hablamos de ello a nadie. Cuando Tomás, en el trabajo, hablaba de lo que estaba viviendo, jamás me atreví a decirle que nosotros vivíamos la fe, aunque una fe avergonzada.

Hoy cantando, rezando y hablando de Dios a niños y grandes hemos descubierto que nuestra fe es un regalo, un gran regalo de Dios que no hay que esconder. Porque Dios está llamando a las puertas de otros y, si nosotros hablamos de lo maravilloso que es, quizás también ellos le abran.

Habló entonces Susana:

-Lucas y yo creíamos a nuestra manera. No somos muy practicantes. Cuando hablaste de adoración pensé qué tipo de locura es esa. Luego con las canciones y las oraciones pensé. Y ¿si está ahí? ¿Estás ahí? Sentí una gran paz y lo curioso es que miré a Lucas y parecía sentir la misma paz.

Luego íbamos cargados, cuando llegamos a casa de doña Matilde y mis manos estaban frías. Ella me miró y me las calentó entre las suyas; la miré y volví a sentir esa paz.

Lucas y yo siempre hemos vivido una vida muy… “normal”: trabajar, salir los fines de semana, las vacaciones… pero unas vidas también muy vacías. Cuando oíamos a Teresa hablar sentíamos mezcla de curiosidad y envidia por la alegría con la que hablaba.

Herminio contó poco después:

-Cuando vi a Don Emilio, primero ni lo miré, era un indigente más, un fracasado, pero no sé por qué volví a mirar y, entonces, vi sus ojos. Primero pensé que no era él, sólo alguien que se le parecía, pero luego me dije ¿y si es Él?

Cuando contaba como había llegado a esa situación, era como un espejo que me mostraba una realidad que me negaba a ver.

Lo primero que pensé fue “a mí no me va a pasar, mi mujer está aquí conmigo”, pero luego recordé las palabras de ella cuando me convenció para que viniésemos.

“Esto es algo que creo que es bueno para los dos y que no puedo, ni quiero hacer sola. Si no vienes conmigo y me vuelves a dejar sola quizás descubra que ya lo estoy… Si vienes conmigo, quizás sea capaz de hacerte ver que, en el mundo, hay algo más que trabajo, trabajo y más trabajo.”

Por eso le pedí perdón. Por eso le dije (y le digo ahora) que la quiero y que con su ayuda juntos encontraremos el equilibrio.

No sé como agradecerle a ella, y a todos, este gran regalo que hemos recibido.

Habló entonces Adela:

-Nosotros el año pasado vimos como cambiaron Teresa y Tomás y pensamos: “No se habrán metido en algún tipo de secta”. No entendíamos su alegría, ni porque venían tanto a la iglesia y como amigos suyos pensamos que nuestra obligación era rescatarlos.

Vinimos a aquí y descubrimos que no es que ellos estuvieran en una secta, sino que nosotros estábamos en una burbuja que nos aísla del mundo. Que no nos deja ver que a nuestro lado hay muchas personas que necesitan de nosotros… y, lo que es peor, nosotros de ellos.

Pero también es verdad que necesitamos tiempo y respuestas. Tened paciencia con nosotros.

Finalmente, les di las gracias a todos y les dije que hoy nos habíamos encontrado con Jesús en la adoración eucarística, con Jesús en los hermanos y que yo iba a ir a encontrarle en la misericordia, en el sacramento de la confesión. Para luego encontrarle en la eucaristía.

Y no fui la única. Y cuando le recibí, al comulgar, le di las gracias por lo mucho que me ama, la paciencia que me tiene y porque me deja ver cómo actúa. No se olvida nunca de sus hijos.

La merienda

¡Hola de nuevo!

Hoy vimos más mandamientos en la catequesis:

El cuarto que es “honrarás a tu padre y a tu madre” y nuestra catequista nos explicó que no sólo es obedecerlos y escucharlos, sino que también es que, estemos donde estemos, demostremos que somos unos niños buenos y educados, ya sea el cole, la catequesis o en un cumpleaños. También es cuidarlos cuando sean mayores y ayudarles a cuidar a  nuestros abuelos.

-Mis abuelos están muy bien de salud -le dije yo a mi catequista.

-Bueno, también es escucharles y hacer cosas con ellos.

El quinto “no matarás”. Yo pensaba que ese lo cumplíamos muy bien, pero resulta que no sólo es no matar sino respetar nuestra vida y la de los demás, que incluye no pegarse, pero también no insultar, ni ofender, ni criticar, que todo eso a veces hace más daño que los golpes.

El sexto y el noveno es respetar nuestro cuerpo, vestir adecuadamente, no mirar películas ni vídeos que no sean adecuados a nuestra edad… y la catequista nos dijo que había ciertas formas de expresar el amor que son reservadas para el matrimonio.

-¿Y cuales son esas formas de cariño?¿Los besos en la boca? -dije yo.

-Mira -dijo mi catequista- eso es bueno que lo hables con mamá y papá, Pero de momento te digo que los besos en la boca hay que reservarlos para cuando seas mayor, para alguien muy especial, ya que así, sin más, sí serían pecados contra el sexto mandamiento.

A la salida nos esperaba mi abuela. Nos dijo que hoy los peregrinos íbamos a ver a una amiga suya muy mayor que se llama Doña Mercedes. Que nos iba a venir muy bien para practicar el cuarto mandamiento, demostrando nuestra mejor educación y modales.

¡Uy, que difícil! La abuela nos recordó unas normas básicas: saludar nada más llegar, los codos fuera de la mesa, los pasteles con cuchillo y tenedor, cuando los mayores hablan uno se calla… y en ese momento Tomás y Fran empezaron a pelarse por un cromo.

-Niños, parece que hoy no habéis escuchado -dijo la abuela. Los dos, muy avergonzados, pidieron perdón y ya pudimos seguir caminando.

Cuando íbamos de camino había un grupo de chicas y chicos. Mi abuela se puso un poco triste porque ellas iban con unas faldas un poco cortas y ellos tenían los pantalones muy abajo y se les veían los gayumbos.

-Mirad niños, como os vea a vosotros alguna vez vestidos así…

Pero no pudo acabar su amenaza porque una de las chicas fue a saludar a la abuela y le dio dos besos.

-Alejandra, ¡cómo has crecido!

-Bueno es que ya pasaron 10 años desde que me diste catequesis, que bien nos lo pasábamos.

-Si eras una nena tan cariñosa, tan buena, tan obediente y tan atenta, dijo mi abuela, por cierto te puedo hacer una pregunta en confianza.¿No tienes frio?

La cara de la chica paso instantáneamente a color rojo, pero luego esbozó una sonrisa y le dijo a la abuela que sí, que un poco.

Entonces la abuela hizo algo muy sorprendente, cogió su pañuelo grande, ese que pone encima del abrigo, y se lo puso a la chica, que se acorruco en él. Luego la abuela le dijo que ella tenía grandes cualidades y que no necesitaba vestir así para tener amigos. Y que los amigos que sólo buscan que vistas así no merecían la pena.

La chica le dio un gran abrazo a la abuela y la abuela le dijo que le regalaba su foulard.

Ella nos miro y nos dijo:

-Fue mi catequista y la quiero muchísimo, escuchadla, chicos, por que tiene razón. Voy a despedirme de estos amigos y voy a ir a casa a estudiar.

Cuando se fue, Lucia dijo:

-Así que si nos ves vestidos así nos pones tu foulard y nos hechas un sermón…

Todos nos echamos a reír y la abuela dijo que no fue un sermón, sino una corrección fraterna hecha con mucho cariño.

Al rato llegamos a nuestro destino de esa tarde. La casa de Doña Mercedes es muy antigua pero muy bonita. En el portal, un gran espejo, que nos sirvió para revisar que estábamos bien peinados y vestidos. Luego un ascensor muy antiguo con puertas de madera y cristal pero que funcionaba muy bien.

La casa parecía un museo figuras de porcelana y muebles antiguos. Nos abrió una señora muy mayor pero con ojos muy alegres.

-Buenas tardes Doña Mercedes.

-Buenas tardes niños, podéis llamarme Merche.

-Si señora.

-¡Señorita!, que soy soltera y decente.

La abuela le dio dos besos y fuimos a su salón a merendar. Sobre la mesa había las tazas de porcelana, la mantelería de hilo, minipasteles, pastas y canapés deliciosos.

Meche nos peguntó sobre la catequesis y los peregrinajes. Al rato de hablar con ella nos dimos cuenta de que era una Señorita mayor muy agradable.

Nos pidió que si podíamos cantar juntos un villancico y así lo hicimos. Al salir le dijo a mi abuela:

-Que niños más bien educados, como se nota que sus padres se preocupan por ellos, dales la enhorabuena de mi parte y, por favor, niños venid a visitarme más veces, es tan agradable ver unos niños tan buenos y educados hoy en día.

Cuando llegamos a casa se lo conté a mis papás y entonces les dije:

-Hay algo que no me queda claro. ¿Cuales son esas formas de cariño reservadas para el matrimonio?

Mamá sonrió y me dijo, que cuando crezca y me enamore de un chico, si ese chico pasa a ser mi novio, empezará un tiempo para ver si es la persona adecuada para ser mi marido y el padre de mis hijos, que será tiempo de pasear, de hablar y si, al final, me caso con él, será el momento de ser uno solo y de tener hijos. Que se alegraba mucho que le hubiera preguntado y que seguiríamos hablando poco a poco.

No es que me haya aclarado mucho pero sí sé que mi mamá me irá contando las cosas a su debido tiempo.

Sobre todas las cosas

¡Es muy injusto!. Hoy es el cumpleaños de Claudy mi amiga, amiguísima, y no puedo ir por que tengo que ir al cate.

Otros niños no van al cate cuando tienen cumpleaños, ¿por qué tengo que ir yo?, si voy siempre.

¿Qué pasa si falto un día? Si total ya la abuela y mis papás me cuentan muchas cosas…

Cuando le dije todo eso a mi mamá, ella me dijo que si faltaba al catecismo no aprendería algo importante para la vida y además me estarían educando en ser caprichosa, así que ya podía yo chillar y patalear que iba a ir al catecismo.

Cuando fue mi abuela a buscarnos a los peregrinos yo aun estaba muy seria, tan seria que mi abuela dijo que que estaba más seria que el manual de la aspiradora, aunque me entraban ganas de reír no lo hice. Por que quería que notase que no era justo.

Cuando llegamos a la catequesis, nos empezaron a hablar de los 10 mandamientos, que son 10 normas que nos dio Dios para que las cumpliésemos.

No lo hizo porque le guste mandar sino porque sabe que al cumplirlas somos felices, pero si no las cumplimos o bien nos harán sufrir a nosotros o bien a los demás.

Y ¿sabéis qué? el primer mandamiento es “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.

Entonces le pregunté a la Catequista

-¿Más que a papá y a mamá?

-Sí -me dijo ella-, más que a papa y a mamá

-Pero es que yo a Dios no lo veo y a ellos sí. ¿Como puedo amar a Dios?

Ana me dijo entonces: Amando a mis papás, rezando todos los días, viniendo a catequesis, yendo a misa los domingos amando a mi prójimo…

-Y si yo hoy, por ejemplo, hubiera ido al cumple de una amiga no estaría amando a Dios, lo digo por que esa amiga es mi prójimo.

Mi catequista casi se hecha a reír, pero me dijo:

-No, Clara, hoy tienes catequesis, hoy es tu rato para aprender de Dios, si no hubieras venido te hubieses amado a ti sobre todas las cosas. Pero has venido y estás aquí aprendiendo que “sobre todas las cosas” a veces supone dejar de hacer lo que tú quieres para hacer lo que Él quiere.

También nos explicó el segundo: No tomarás el nombre de Dios en vano.

Eso, ademas de no decir cosas malas de Él y no echarle la culpa de todo lo malo, es no pedirle tonterías o cosas malas para los demás.

Y el tercero: Santificar las fiestas, que es dedicar el domingo y fiestas de guardar a ir a misa y a disfrutar con la familia.

A la salida de catequesis mi abuela nos llevo al monte Sinaí (Bueno fuimos al cerro santa Catalina a donde esta el Elogio del horizonte) y ahí la abuela nos contó como Dios le entregó a Moisés los mandamientos (lo podéis leer en éxodo 19 y 20 ).

Ella nos los entregó a cada uno de nosotros los diez mandamientos para que no se nos olviden.

Al llegar a casa le pedí perdón a mi mamá y me dio un gran abrazo. Ahora sé que, aunque haya otra cosa que me apetezca más, Dios me espera en catequesis y en la misa. Me quiere y me está esperando.

¡Esto si que es un Amagüesto!

¡Que bien lo pasamos ayer!. Subimos a la Quinta todos los peregrinos con la catequesis y también iban nuestros papás, abuelos y hermanos. La parroquia nos había invitado a todos los de la catequesis a comer castañas y beber sidra y refrescos.

De la que llegamos D. Javier nos dio la bienvenida y rezamos juntos un Avemaría.

Bailamos y jugamos a muchos juegos incluida la cuerda, el pañuelo, ven a la fiesta…

Cuando ya habíamos entrado en calor ¡vinieron las castañas! Recién hechas, ¡qué buenas estaban!

Mientras comíamos castañas y hablábamos con la abuela, vino mi catequista a hablar con nosotros.

-¿Lo estáis pasando bien niños?

-Claro que sí.

Alicia dijo entonces:

-Es muy divertido estar aquí todos juntos. Me gusta este sitio, podemos correr y jugar. ¿Podemos venir más veces?

-Claro que sí, haremos más fiestas para estar todos juntos, como hacía Jesús con sus discípulos. ¿Verdad abuela? -dijo nuestra catequista Ana.

-Pues claro que sí, peregrinos, ésta es nuestra Betania particular donde Jesús iba a descansar y a disfrutar con sus amigos.

-¿Y donde están Marta, María y Lázaro? Preguntó Tomás.

-¿No los ves dijo la abuela?

Entonces nos señaló a algunas Martas que estaban haciendo muchas cosas para que todos pudiésemos disfrutar, y algunas Marías y Lázaros que disfrutaban de la compañía de Jesús: hablando de cosas de Dios y de cosas buenas con el sacerdote o entre ellos.

Pero esta “Betania” no se llama Betania, se llama quinta de San Eutiquio ¿Por qué? -preguntó Fran.

Y entonces don Javier nos habló de un sacerdote muy bueno que se llamaba don Ramón Piquero y de un feligrés muy bueno de la parroquia, que era muy amigo de Jesús, que se llamaba don Eutiquio y que regaló esa finca y muchas más cosas al párroco D. Ramón y a la parroquia. Y, cómo D. Ramón había hecho una escuela de niños y otra de niñas, desde entonces la quinta está para que lo disfrutemos las familias de la parroquia.

Seguro que D. Eutiquio hoy desde el cielo está contento de haber acogido en su quinta a tantos niños y familias de la parroquia. Tanto como Lázaro cuando Jesús iba con sus discípulos.

Aquí, en la parroquia de San Pedro hay mucha y muy buena gente, que le gusta pasar un rato muy agradable en familia, la gran familia que somos en esta parroquia. Y para que lo comprobéis os dejamos este vídeo:

Padre, Hijo y Espíritu Santo

Hoy me peleé con mi primo a la hora de la comida porque de postre en el frutero, aunque había naranjas, manzanas y peras, quedaba sólo un plátano y se lo cogió para él. Yo tuve que comer una pera. ¡Si el ya sabe que yo cojo siempre el plátano!

Y luego del cate, la catequista nos dijo que los primeros cristianos se querían mucho, que lo tenían todo en común y que eran muy bien vistos por la gente. Se reunían para hacer oración y para la fracción del pan. Entonces yo me distraje y empecé a pensar en lo egoísta que había sido mi primo, me distraje un poquito y claro me perdí cuando la catequista nos hablaba del Espíritu Santo. Entonces me entro mucho lió en la cabeza: Dios padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo… me sale que son tres y no un solo Dios.

Cuando salimos le pregunté a mi abuela y resultó que ninguno de los peregrinos lo entendía bien. Le dijimos que queríamos que nos lo explicara muy clarito.

Ella dijo que si queríamos ser más listos que San Agustín.

-A ver niños, San Agustín  quería entenderlo todo y un día estaba a la orilla del mar pensando sobre la Trinidad, como vosotros ahora. Entonces vio un niño que había hecho un hoyo en la arena. Se dedicaba a dar paseos del mar al hoyo echando un cubo de agua de cada vez.

-¿Niño que haces?, le dijo San Agustín

-Yo voy a meter todo el agua del mar en mi hoyo.

-¿Pero no te das cuenta que el mar es muy grande y tu hoyo muy pequeñito?

Entonces el niño se le quedó mirando y le dijo: -Más fácil es que yo meta el mar, que es limitado, en mi hoyo, que tú seas capaz de meter a Dios, que es infinito, en tu cabeza que es limitada.

Y entonces San Agustín comprendió que Dios padre, Dios hijo y Dios Espíritu Santo son 3 personas distintas y un solo Dios verdadero.

Mi abuela además nos dijo que lo que teníamos que entender es que como Dios Padre Dios Hijo y Dios Espíritu Santo se quieren tanto tanto, no tienen ningún problema para ser un único Dios con 3 personas.

-A ver abuela, dijo Alicia, Dios Padre es el creador de todo, Dios hijo es el que se hizo hombre y murió y resucitó por nosotros. Y ¿el Espíritu Santo qué?

-¡Ah! el Espíritu Santo es el gran desconocido. Curiosamente es el que está con nosotros todos los días desde nuestro bautizo. Nos guía y nos ilumina.

-Vamos a rezarle todos juntos para que nos ilumine.

Ven, Espíritu Santo, 
llena los corazones de tus fieles 
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu y todo será creado. 
Y renovarás la faz de la tierra.

Al rezarla, me di cuenta de que yo había hecho mal al enfadarme con mi primo por una tontería como un plátano y algo le debió pasar a mi primo porque, cuando luego estábamos merendando, me dio media chocolatina y, como vi que él no tenía plátano, yo le di medio plátano y nos dimos un gran abrazo.

Empezamos esta semana

Estoy muy contenta por que esta semana empezamos la catequesis, y en este curso, en mayo, haremos la primera comunión. Aunque a los peregrinos los nos hemos visto varias veces por el verano, también tenía  ganas de ver a mi catequista y mis otros “compis” del grupo.

El domingo en la eucaristía D. Javier nos explicó el evangelio muy bien y nos lo resumió en 4 ideas

1- Que tenemos que querer a los que hacen cosas buenas aunque no sean de nuestro grupo.

2.-Que tenemos que hacer cosas buenas, aunque sean pequeñas (Hasta un vaso de agua que deis a uno de estos pequeños que creen en mi tendrá su recompensa).

3.- Que no tenemos que armar escándalos (no tenemos que ser protestones) hay que obedecer.

6. Que tenemos que huir del mal (Y de las  cosas malas ).

Y por fin llegó la catequesis y ahí nos encontramos todos otra vez con nuestra catequista. Hicimos una actividad muy divertida: un “comecocos” misionero, con frases como “Piensa en os niños del mundo y reza por ellos” o “Sonríe a los demás”, y después le pusimos nombre al grupo, el nuestro se llama los Leones porque el símbolo del evangelista San Marcos es el León.

El grupo de Fran, Alicia y Silvia son “Las llaves de San Pedro” porque dicen que quieren contarles a muchos niños y grandes las cosas del cate y así que sean buenos y vayan al cielo.

A la abuela le gustaron mucho los nombres. Cuando quisimos discutir de cual era el mejor, nos recordó que nosotros los peregrinos nos llevamos muy bien y nos queremos mucho.

El hermano de mi amiga Maite, Alejandro, empieza la catequesis este año y me pidió que le vaya pasando las historias que os conté el año pasado. por si conocéis algún niño que empiece este año aquí tenéis los peregrinos y el primer día de catequesis.

Dejad que los niños se acerquen a mi

Hola Amigos.

Acabo de llegar de la fiesta de la catequesis en la Quinta, nos lo hemos pasado muy bien.

Allí estábamos todos los peregrinos con mis abuelos, los papás, los catequistas…

Primero tuvimos una misa, allí en la cancha al aire libre y la verdad es que hoy fue fácil portarse  bien. Habían preparado un altar muy bonito y en el evangelio Jesús decía “Dejad que los niños se acerquen a mí… el que no sea como un niño no entrará en el reino de los cielos“. El sacerdote nos dijo que eramos amigos de Jesús y que había que seguir siéndolo todo el año, que Jesús nos escucha a los niños cuando pedimos cosas porque una niña le había dicho que ella había rezado para que se pudiera celebrar la fiesta y allí estábamos celebrando la misa y no llovía.

Luego comimos todos juntos, los abuelos y los papás juntaron unas mesas para poder estar todos los peregrinos cerca y allí, al lado de la abuela, nos pusimos los peregrinos y compartimos lo que habíamos llevado de comer: empanada de picadillo, tortilla de patatas, pollo, ensalada, patatitas, galletas saladas, frutas, torrijas… y habían puesto de beber agua y pepsi y kas.

Cuando estábamos comiendo alguien fue a tomarle el pelo a mi abuela.

¡¡Vaya como os estáis poniendo los peregrinos eh!! Hala venga a comer y beber ¿O es que hoy no estáis de peregrinaje.

Mi abuela se río, pero antes de que ella pudiera contestar Tomás le dijo a esa persona.

¡Es que no lo ves!… aquí estamos junto al lago de galilea con el Señor que nos ha dicho que el que no sea como nosotros, no entrará en el reino de los cielos.

La abuela se sonrío y el señor le contesto.

Anda y es verdad y por la mesa veo que aquí también sucede lo de la multiplicación de los panes y los peces.

La abuela le dijo entonces a Tomás que muy bien y al señor que si quería ser un peregrino con nosotros sólo tenía que venir a la misa de niños.

Luego, hubo piñatas muy divertidas y  un sorteo. A mí me tocaron unas palas de lacrosse o algo así pero muy guays.

Algunos contamos chistes y lo pasamos muy bien.

Al final la abuela nos recordó que los peregrinos seguiamos, que este verano tenemos mucho que hacer todos juntos cada domingo en la misa y prometió llevarnos a Betania, a Samaría y por toda Galilea.

Tratare de contároslo

Y aqui las fotos de lo bien que nos lo pasamos:

Por mi y por tí

Quería contaros mi experiencia aunque no me conozcáis, tengo 8 años, hasta hoy siempre he pensado que ser malo era mi forma de ser y que yo no podía ser bueno, en el cole siempre me castigan y me riñen, mis padres, el poco tiempo que pasan conmigo, también me riñen constantemente. Y hasta hoy yo creía que yo era malo y que no podría cambiar.

Mi abuela me lleva siempre a la catequesis, pero hasta hoy yo procuraba no escuchar nada de lo que decían allí y pasar el tiempo distrayéndome y distrayendo a los demás porque esas cosas de la catequesis no me interesaban, pensaba que no eran importantes porque en mi casa siempre están demasiado ocupados con cosas importantes (o eso dicen) y nunca me han hablado de Dios. Cuando mi tío supo que yo iba a hacer la comunión me dijo que no hiciera caso que todo eso eran cuentos para engañar a los niños.

Pero hoy fue muy diferente, hoy en donde damos la catequesis, había una gran cruz y Jesús en ella, la tenían allí por que la iban a preparar para las procesiones.

De cerca pude ver la corona de espinas que Jesús tenía en la cabeza, entonces le pregunté a la catequista. ¿Porque está así?¿Quien le ha hecho eso?

Mi catequista se quedó un poco sorprendida de que yo preguntase y enseguida me dijo, “Por mi, y por ti”.

-¿Por mi? pero si yo ni había nacido en esa época.

Entonces ella me dijo.

-Mira el mal entró en el mundo mucho antes que nosotros naciéramos, pero la elección de si somos buenos o malos depende en cada momento de nosotros. Cuanto más mal hacemos más sufrimos. Jesús quiso recibir el castigo para que nosotros sepamos lo mucho que nos ama, para que sepamos que, si aceptamos su sacrificio, Dios nos lo perdonará todo y que cuanto antes le aceptemos a él más felices seremos aquí.

-Pero yo no puedo ser bueno, yo ya nací malo.

-¿Quien te ha dicho eso?

-Todo el mundo , mis padres, mis profes, mis compañeros…

-Pues todos ellos se equivocan: Mira, Jesús es Dios, es todopoderoso, no derramó su sangre en vano y el sabe todo lo bueno que hay en ti.

-¿Yo tengo cosas buenas?

-Pues claro que sí, piensas, eres alegre, un buen deportista e incluso a veces eres cariñoso y muy habilidoso.

-Pero, ¿cómo sé que eso es posible?

-Pues mira, Jesús, la noche antes de morir, tomó pan y dijo:

“Tomad y comed todos de él porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros.”

-Después tomo el caliz y dijo :

“Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que sera derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.”

 -Y… ¿cómo sé yo que estoy entre esos muchos?
-Verás, para que Jesús te salve sólo tienes que aceptar su salvación, querer y creer que él te puede salvar
-Pero luego se murió así que …
-Murió, sí, pero, como es Dios, al tercer día hizo una cosa que sólo Dios puede hacer, al tercer día resucitó de entre los muertos. Eso, sólo Dios puede hacerlo y lo hizo porque nos ama muchísimo,  somos tan valiosos que nos compró con el precio de su sangre.
-Vale, pero y ¿qué pasa si vuelvo a ser malo, digamos por error?
-Si te caes, pero sigues confiando en él, ahí tienes el sacramento de la reconciliación, por el que le pides perdón, te perdona y te da las fuerzas para ser bueno. Y tienes la eucaristía, que es su cuerpo y sangre, que recibirás el día de tu primera comunión y que es alimento y fortaleza para tu alma .
Entonces me acerqué a la cruz, le besé los pies a Jesús y le dije, “Perdóname Jesús, voy a intentar ser bueno, sé que yo solo no puedo, pero sé que tu sí puedes salvarme. Ayúdame.” 
No os lo vais a creer pero creo que Jesús me sonrió y ahora ya no pienso que soy malo, pienso que Jesús me quiere mucho y que lo ha dado todo por mi y yo quiero aprender a querer como quiere Jesús y, aunque sé que no es fácil, él estará a mi lado para que no me olvide.

La oración que Jesús nos enseñó

Hola Amigos:

La semana pasada en catequesis nos explicaron el Padrenuestro y nos lo explicaron muy bien. Yo ya lo sabía de memoria, pero nunca me había parado a pensar en lo que significaba.

Voy a tratar de poneros aquí lo que contó mi catequista.

Padre nuestro

Esto es muy importante porque Jesús nos enseña a llamar a Dios papá. Nuestra catequista dice que Jesús utilizó la palabra Abba, es decir papá, porque Dios nos quiere y nos cuida como nuestros papás.

Que estás en los cielos

significa que está en la tierra en el cielo y en todas partes, siempre a nuestro lado.

Santificado sea tu nombre

Eso significa que Dios quiere que le queramos, que le demos gracias que lo honrremos y no nos olvidemos de Él.

Venga a nosotros tu reino

Que nos convirtamos, que le hagamos caso, que Él sea el rey de nuestro corazón, porque cuando es así todos unidos a Él somos más felices y hacemos más felices a los demás.

Hagase tu voluntad en la tierra como en el cielo

Si todos hacemos la voluntad de Dios, si Él es el centro, su amor nos llegara a todos y todos lo llevaremos a los demás y seremos felices por que Dios nos ama y su voluntad es que le amemos y seamos felices.

Danos hoy nuestro pan de cada día

Dios sabe que las cosas que necesitamos, pero le gusta que le pidamos el pan y lo que necesitamos para que no se nos olvide que todo lo bueno nos viene de Él y como Él nos lo da no tiene que olvidarsenos néunca agradecerselo y compartirlo con los demás.

Perdonanos nuestras ofensas como tambien nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Dios nos perdona siempre y siempre esta esperando que le pidamos perdón, pero al igual que Él nos perdona quiere que siempre perdonemos a los demás como el perdona.

En la cruz Jesús dijo Padre perdónalos por que no saben lo que hacen. Si aprendemos a perdonar así, Dios nos lo perdonará todo y no se nos quedará el alma triste y enquistada, con rencores y odios que no dejan sitio para el Amor de Dios.

No nos dejes caer en la tentación y libranos de mal

Pues eso, que cuando tengamos tentaciones que Dios nos dé las fuerzas para superarlas, porque el mal no nos hace felices. Y que Dios nos libre de todo mal y del tentador.

Cuando le contamos ésto a mi abuela sonrió y dijo que le gustaba mucho, que hoy los peregrinos íbamos a rezar un padrenuestro saboreándolo

-¿Saboreándolo? ¿Cómo un pastel?

Sí -dijo mi abuela- rezando cada frase y pensando todo lo bonito que hay detrás de cada una de ellas

Nos dimos de las manos cerramos los ojos y todos juntos rezamos:

Padre nuestro que estas en los cielos…

 

El reino de Dios

Hola amigos:

Después de unas semanas sin escribiros, vuelvo a contaros como va el cate y las cosas que hacemos los peregrinos con mi abuela.

Esta semana hemos hablado del reino de Dios, que dice mi catequista que podemos encontrar ¡ya! aquí, en la tierra.

Nos contó una historia de un señor que encontró un tesoro en un campo, pero el campo no era suyo, así que vendió sus cosas y su casa y todo cuanto tenía y con ese dinero compró el campo.

Nos explicó que las personas que encontramos a Jesús y decidimos seguirle nos encontramos con ese gran tesoro.

A la salida mi abuela nos dijo que íbamos a hacer una visita a unas religiosas que eran amigas suyas la hermana Esperanza y la hermana Catalina. La hermana Esperanza había estudiado con mi abuela y, entonces, era muy guapa, la mas guapa de la clase y que además sus padres tenían mucho dinero, pero ella no era feliz.

Una vez fue al cole una misionera y les contó que su vida no había  sido feliz hasta que descubrió lo que el Señor quería para ella y a partir de ahí su vida cambió.

Llegamos a un piso grande y nos recibieron dos monjitas muy felices, una de ellas, a pesar de ser de la edad de mi abuela, era muy hermosa. La hermana Esperanza y la hermana Catalina estaban cuidando de 10 niños de entre 12 y 2 años y se les veía a todos muy felices. Una niña nos explico que sus papás no podían cuidar de ella y que por eso vivían con la Hermana Esperanza y La Hermana Catalina; que al principio ella había estado muy triste pero que ahora estaba contenta porque eran muy buenas y que de vez en cuando podía ver a sus papás.

Yo le pedí a la hermana Esperanza que nos contase del el día que se Jesús le pidió que lo dejase todo por él.

Ella sonrió y nos contó que, a pesar de que tenía de todo, ella sentía que le faltaba algo y que, cuando hablaba de ello, nadie la entendía hasta que un día, oyendo a una misionera, sentía en su corazón que alguien le decía:

Eso es lo que he elegido para ti, para que seas feliz. Ese día fui a hablar con la misionera y ella me explico que eso era la llamada de Jesús. Así que en las primeras vacaciones me fui a hacer una experiencia a un convento y allí fui muy feliz, entonces estudié enfermería y me hice religiosa.

Luego pude ir a las misiones y ayude a abrir un hospital, una escuela y la iglesia donde daba catequesis.

Hace unos años tuve que volver por culpa de una enfermedad, y cuando me dijeron que no podría volver allí sentir en mi interior que Jesús me decía que ahora me necesitaba aquí con los niños que no pueden estar con sus papás.

Fran le dijo: ¿Y cuando te fuiste al convento, que te dijo la gente?

-Bueno pues algunos no lo entendieron, en especial un amigo muy especial que yo tenía, pero cuando volví de aquellas vacaciones tan feliz y con tantas ganas de seguir a Jesús entendieron que yo había encontrado mi tesoro escondido.