La Palabra en el tiempo

Radio (3):22/11/2019

 “La Palabra en el tiempo”

 El próximo domingo comenzamos el tiempo litúrgico del “Adviento”. ¡Adviento!, bonita palabra que inspira y sugiere que Alguien viene, Alguien importante se acerca a nosotros. Este tiempo de Adviento tiene siglos de historia y de vida en nuestra cultura occidental, que ha dejado sus huellas en la música y el arte. Ahí están los villancicos y los nacimientos populares.

       Se le llamó también “la cuaresma de la Navidad”. Era tiempo de ascesis, había que preparar el corazón para el que viene; y tiempo de esperanza, porque nos llenaría de amor, de alegría, de fraternidad. Las dos actitudes son las propias del Adviento

Después de la Pascua de Resurrección, Navidad y Epifanía son las fiestas más importantes y  las más entrañables. tienen resonancia en la actitud, las relaciones y los sentimientos de las personas ¡Sé bueno, es Navidad!

Actualmente tiene cuatro domingos, como cuatro peldaños que nos ponen ante el Portal de Belén.

Cada uno tiene un significado. En este primer domingo se nos invita a saber ver y entender los signos de los tiempos. Los que percibimos nosotros están llenos de incertidumbre y no son  tranquilizadores. Por eso es necesaria la vigilancia. El que viene, el que esperamos  trae un mensaje.

Es digno de tenerse en cuenta.

Verdad, justicia, amor y paz

Radio (2): viernes 22 de noviembre de 2019

Escucha un momento, puede ser tu interés…

Finaliza el año litúrgico. Sí, no coincide con el calendario gregoriano de los doce meses. El año litúrgico nos ayuda a recorrer  la vida de Jesús de Nazaret. Celebra ciclos que tienen una hondura  y sabor especial: adviento con la actitud de espera y esperanza; Navidad con la alegría de la vida; cuaresma con la reflexión y revisión de nuestra conducta; la Pascua con el rejuvenecer y atisbo de una vida nueva…  Ayudan a romper la monotonía del correr y suceder de los días.

Finaliza con una fiesta de Jesús: Jesucristo Rey del Universo. Así la denominó la reforma conciliar para quitarle todo matiz político que pudo tener en sus orígenes.

El título de rey no fue del gusto de Jesús. Huyó de él. Cuando lo aceptó, en el pretorio de Pilatos, más que  sensación de grandeza y poder, daba risa y compasión. Su trono fue la cruz y su corona de espinas. Símbolos de su entrega y amor infinitos y especialmente a los últimos, a los excluidos. Así han sido vistos  la cruz y el crucificado a lo largo de los veinte siglos de historia.

Hay en España una obsesión enfermiza de arrancar y suprimir el símbolo del crucificado que a lo largo del tiempo ha servido para identificar nuestra cultura y, sobre todo, para no olvidar la memoria  de tantos crucificados, y mover a la defensa de excluidos, pobres  y abandonados. ¿No serán estos los que más pierdan con esta manía de ideología sesgada? Me pregunto si harían lo mismo con los retratos del Che Guevara, Martin Luthero King o el P. Ángel tan mediático…

De lo que sí habló insistentemente Jesús es de construir el Reino de Dios. Hay un sueño inherente a  la humanidad: otro mundo es posible. Este Reino de Dios pone los mejores cimientos: Verdad,  justicia, amor y paz.  Hoy se reclama a gritos su necesidad en España.

 

LA PALABRA EN EL TIEMPO

Radio. (1):    LA PALABRA EN EL TIEMPO

Escucha un momento, puede ser de tu interés….

Ante los tiempos borrascosos de enfrentamiento que estamos viviendo en España, ¿no se echa de menos una palabra pacificadora y orientativa de la Iglesia?  Da la impresión que está afónica. Parece normal que, en una sociedad en la que el 70 % de los ciudadanos se manifiesta de creencia católica, aunque sea principalmente de matriz cultural,  la palabra del Evangelio contribuyera a serenar actitudes y a esforzarse, por encima de las discrepancias,  a entablar un diálogo constructivo que tenga como objetivo la búsqueda del bien común. Es verdad que no atraviesa por sus mejores momentos. Pero hemos de saber que  siempre  la Iglesia se ha sentido “santa y pecadora”. Unas veces brillan más sus luces y otras entristecen más sus sombras. Depende de la fidelidad de sus miembros al Evangelio.

Y también se echa de menos personas comprometidas que por encima de apetencias de poder y personalismos lideren la salida de estos tiempos borrascosos. La política está perdiendo su nobleza. Hacen falta gobernantes en los que se pueda confiar.  Uno mira la historia y encuentra cómo después de la 2ª Guerra mundial aquellos “padres de Europa” supieron construir, con valores humanos y cristianos, la Comunidad Europea. Y no podemos olvidar nuestra transición, en la que los artífices de muy diversas procedencias ideologías  y con pasados muy distintos, se esforzaron, más se entusiasmaron, en sacar adelante un futuro mejor y superarlo peor. Hoy parece notarse más empeño es destruir que en construir.

Esta semana se celebra el XXI Congreso de Católicos en la Vida Pública, que organiza la Asociación Católica de Propagandistas, una rama de la antigua Acción Católica, en su Universidad del CEU.   Y en el próximo febrero se celebrará también el  “congreso de laicos” que organiza la conferencia Episcopal: “Pueblo de Dios en salida” Algunos han convertido la política en un campo cenagoso. El mal uso de las redes sociales contribuye a ello. No hay que tenerle miedo. Es preferentemente el campo de los seglares que tienen como aliciente y compromiso lograr una sociedad  en la que la verdad,  la justicia,  la solidaridad, la convivencia pacífica y la fraternidad sean los pilares que la sostienen y la engrandecen. Y esto es tarea ineludible también de los católicos, unos liderando y otros respaldando. 

 

Viernes 15 de noviembre 2019

VIVIR CON ESPERANZA

Nada te turbe, nada te espante(2)

VIVIR CON ESPERANZA

Comienza diciembre. Los escaparates se exhiben atrayentes y provocativos. Somos frágiles consumidores. Luces de colores cuelgan en las calles, algunas tan abstractas, geométricas y jeroglíficas que no se sabe lo que anuncian. Necesitan intérprete que nos explique si eso es el solsticio engañándonos a ser druidas o festejar saturnales. Un icono luminoso de la familia de Belén abogaría al menos por el valor de la familia y la necesidad de aumentar la natalidad ante la España vacía. Pero eso es religioso y no lo permite la ideología en curso.  Europa, al menos desde siglo Vº, celebró  la Navidad y San Francisco de Asís en el 1223 inició la representación en nacimientos y belenes. ¿Nuestros antepasados estaban equivocados?

A la espera de la Navidad comienza el Adviento. Es como un sendero a recorrer para llegar al portal. Ya sabes cuál y a quién vas a encontrar. ¡Adviento!, bonita y expresiva palabra: ad-venire, alguien viene hacia nosotros, a nuestro encuentro, el que esperamos y nos trae lo que esperamos, lo que puede llenar y entusiasmar el alma. Es tiempo de esperanza.  La esperanza es el motor de la vida y de la historia. Te animo a cultivarla estos días. Nos hace bien, estamos llenos de miedos, temores y pesimismos. Predomina este ambiente sociopolítico que nos zarandea y nos enfrenta. La esperanza es apertura al futuro, a lo que está por venir, lo que deseamos  obtener y disfrutar. Es una de las virtudes llamadas por el catecismo “teologales”, esas tres  hermanas que no pueden vivir una sin las otras y que son fe, esperanza y caridad.  Tienen una referencia Dios. Las tres, durante mucho tiempo, han sido nombre propio de mujer. Pero también son virtudes laicas. La persona humana, incluso agnóstica o atea,  no puede vivir sin “creer, sin esperar, sin amar”. La diferencia  es que éstas son de luces cortas, las teologales de luces largas aunque haya niebla.

El evangelio de este domingo nos incita a escrutar los “signos de los tiempos”, expresión feliz del Concilio Vaticano. Los grandes cambios que se prometían y se desean para este nuevo siglo XXI no se producen. Se anunciaba el siglo de la ética y sufrimos la mayor crisis de valores ante una preocupante apatía e indiferencia. H. Kung no pudo lograr culminar su proyecto de una ética mundial  que él razonaba por el temor al fanatismo y el olvido de la verdad. Estamos asistiendo con ligereza y frivolidad al planteamiento de los problemas más serios de la vida y de la convivencia social.

Al mismo tiempo  reclama de nosotros “vigilar y despertar del sueño”, el vivir de manera lúcida, el mantener una sensata resistencia para no caer en el gregarismo y no reflexionar. Tenemos que recuperar la dimensión social de la fe que la estamos olvidando o por lo menos silenciando. El evangelio es para la vida, la actual también. Tenemos que recuperar la esperanza de que es posible cambiar el rumbo de esta sociedad. Lo que se necesita son personas que tengan el coraje de poner en juego sensatez, sentido ético y moral, calor humano y solidaridad. Todo muy propio del Adviento.

                                                           Javier Gómez Cuesta

OTRO MUNDO ES POSIBLE

“Nada te turbe, nada te espante”(1)

OTRO MUNDO ES POSIBLE

Es un verso conocido de Santa Teresa. Nos viene  bien tomarlo como medicina del espíritu para serenar nuestro ánimo, porque “Andaban los tiempos recios” decía, los de ella hace cinco siglos y los de hoy nuestros. El verso, que tiene como secreto para no caer en turbación, el que “Solo Dios basta”, lo  he elegido como identificativo del estilo que quisiera dar a esta columna. Pretendo sencillamente hacer ver que la Palabra del Evangelio de cada domingo,  que se proclama el mismo  pasaje en el mundo entero, es “Palabra de Dios” que puede iluminar la vida de la persona en todos los tiempos. Merece la pena escucharla. Hace pensar, algo que estamos abandonando, porque vivimos a golpe de “clic”: “Haga clic aquí”, es la consigna permanente. En uno de sus chistes diarios decía El Roto, siempre tan inteligente: ¡No necesitáis pensar, vivís en una sociedad avanzada!  

Este domingo finaliza el año litúrgico. Sí, no coincide con el calendario gregoriano de los doce meses. El año litúrgico nos ayuda a recorrer  la vida de Jesús de Nazaret. Celebra ciclos que tienen una hondura  y sabor especial: en adviento se activa la esperanza; en navidad  el amor, la ternura y la alegría; en cuaresma  la reflexión y revisión de nuestra conducta;  en la Pascua rejuvenecen las ganas de disfrutar una vida nueva…  Ayudan a romper la monotonía del correr y suceder de los días.

Finaliza con una fiesta de Jesús: Jesucristo Rey del Universo. Así la denominó la reforma conciliar para quitarle todo matiz político que pudo tener en sus orígenes. La creó Pïo XI en 1925, después de la primera guerra mundial, cuando se derrumbó el sacro imperio austro-húngaro y con él reyes y emperadores. Pretendía que los nuevos Estados que surgen reconozcan a Jesucristo como Rey para no caer en el laicismo o en el comunismo ateo. Es el tiempo de las consagraciones al Corazón de Jesús y del levantamiento de las grandes imágenes monumentales que se admiran en muchas ciudades. Algo tuvo que ver también  con el llamado nacional-catolicismo que pasó a la historia.

El título de rey no fue del gusto de Jesús. Huyó de él. No encaja con el estilo de su vida. Cuando lo aceptó, en el pretorio de Pilatos, más que  sensación de grandeza y poder, provocaba risa y compasión. Replicó que no era de este mundo. Su trono fue la cruz y su corona de espinas. Símbolos de su entrega y amor infinitos, especialmente a los últimos, a los excluidos. Así han sido vistos  la cruz y el crucificado a lo largo de los veinte siglos de historia.

Hay en España algunos que padecen manía obsesiva por arrancar y suprimir el símbolo del crucificado que a lo largo del tiempo ha servido para identificar nuestra cultura y, sobre todo, para no olvidar la memoria  de tantos crucificados, y mover a la defensa de excluidos, pobres  y abandonados. En seguimiento suyo muchos han embarcado su vida. ¿No serán estos últimos los que más pierdan con este antojo de ideología sesgada? Me pregunto si harían lo mismo con los retratos del Che Guevara, Martin Luthero King o el P. Ángel tan rompedor de clichés y tan mediático…

De lo que sí habló insistentemente Jesús es de construir el Reino de Dios. No es territorial, es de valores. Hay un sueño inherente a  la humanidad: otro mundo es posible. Este Reino de Dios pone los mejores cimientos: Verdad,  justicia, amor y paz.  Hoy se reclama a gritos su necesidad en España. Tienen garantía y son indispensables.

                                                             Javier Gómez Cuesta

FIESTA DE LAS ÁNGELES CUSTODIOS

Sr. Comisario Jefe

Miembros de la Policía Nacional

Autoridades civiles y militares, que tenéis a bien acompañarles.

Familias.

Fieles todos que veneráis a los Santos Ángeles Custodios

 

1.-Celebrar la fiesta de los Santos Ángeles Custodios es reconocer que hay unos mensajeros, seres espirituales, que nos guardan, que nos protegen, que nos ayudan, nos guían y orientan en el camino de la vida.

Es reconocer que Dios-Padre, Creador y origen de nuestra vida tiene un Plan de Salvación, y, podemos decir también, un plan de seguridad para que seamos defendidos, para que no nos perdamos y podamos alcanzar la meta de nuestra vida.

Lo acabamos de escuchar en la 1ª lectura, de libro del Éxodo, en que nos dice: “Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado”

Como escribe San Bernardo: Hemos de aclamar al “Señor, porque ha estado grande con nosotros. ¡Señor, ¿qué es hombre para que te acuerdes de él?! Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos”

2.-Hoy  litúrgicamente la iglesia universal celebra esa fiesta de los Ángeles Custodios, que son vuestros patronos. Es vuestro día, en que con gozo y alegría festejáis los que sois, la profesión y vocación que ejercéis, el día en que se premian vuestros méritos y vuestros éxitos, el día también en que la sociedad os felicita y agradece vuestro trabajo, vuestros desvelos, vuestra dedicación y sacrificio y valora vuestra actividad y entrega. Gracias a vosotros vivimos más seguros, superamos mejor las dificultades y contratiempos, cumplimos mejor con el ordenamiento jurídico y logramos una buena convivencia.

3.-Es curioso y reconfortante: de vuestra profesión se puede encontrar una referencia y un ejemplo explícito en la Biblia, en esa historia de Dios con los hombres. Si para alcanzar la meta que Dios propone al hombre y para la cual le crea, vivir como hijos suyos y andar con seguridad el camino de la vida, se necesita la ayuda y la custodia de unos ángeles protectores y custodios, para alcanzar metas humanas, ayuda en los peligros y dificultades,  vivir con dignidad, cumplir el ordenamiento jurídico y lograr una sociedad y convivencia pacífica, se necesitan personas y cuerpos de seguridad como el vuestro.

4.- El mismo Papa, que es el que preside la Iglesia en la caridad, en el amor, que viste de blanco y llama continuamente a la paz y al perdón, que reclama paternal e insistentemente actitudes de misericordia y compasión, que trabaja por la reconciliación y la fraternidad de los pueblos y propugna una pastoral del “encuentro” nunca del “enfrentamiento”, tiene su servicio de seguridad. Aunque vistan uniformes diseñados por Miguel Ángel, la misión de la “Guardia Suiza”  es la misma que la vuestra.

Simpática es la experiencia que tenía San Juan XXIII de los ángeles. Este “Papa bueno”, como le llamó la gente, comentó en cierta ocasión: «Siempre que tengo que afrontar una entrevista difícil, le digo a mi ángel de la guarda: Ve tú primero, ponte de acuerdo con el ángel de la guarda de mi interlocutor y prepara el terreno. Es un medio extraordinario, aún en aquellos encuentros más temidos o inciertos…».

5.- Necesitamos la protección de los ángeles y, cómo no,  de vuestra protección, vigilancia y ayuda por el misterio del mal que nos acecha. El mal tristemente existe. Podemos darle mil explicaciones  e interpretaciones, pero no  podemos negar su existencia y realidad. Basta con leer las páginas de los periódicos de cada día o ver uno de los noticiarios de la TV. ,  en los que cada vez  se nos informa de sucesos  más truculentos y macabros;  alarma y sobrecoge hasta dónde puede llegar la persona humana engañada y seducida por el mal. Vosotros palpáis  y comprobáis como nadie este drama que atrapa y destroza a tantas personas, muchas veces desde su niñez y juventud.  

6.- Pero, ¿quién cuida a los nos cuidan?, ¿quién protege a los que nos protegen?, ¿quién defiende a los que nos defienden? También vosotros necesitáis vuestro ángel custodio. El Señor os ofrece su ayuda y compañía. Ellos son vuestros Santos Patronos, que hoy festejáis. Nosotros lo hacemos con vosotros y pedimos que nunca os abandonen, que os asistan en las múltiples y diversas formas de vuestro servicio y tarea que tenéis que desempeñar. Que ellos sean también vuestra referencia y ejemplo. Vuestra profesión exige también vocación, entrega amor al prójimo, limpieza de corazón, sentido de la justicia. Es una profesión bonita que ilusiona a los niños, y que ha originado un arte del cine policiaco que han llevado a la pantalla directores tan famosos como Orson Welles y actores como Charles Heston, y una literatura también policíaca, muy leída,  como la de Allam Poe y, por supuesto Agatha Christie. Y de vuestra formación y entrenamiento han salido excelentes craft olímpicos.

8.- Esta Eucaristía quiere ser una acción de gracias al Señor y a esos Santos Ángeles Custodios. Una permanente súplica de ayuda para vuestro servicio y para vuestras familias que tienen que vivir en silencio, muchas veces, vuestros avatares y destinos.

Y como la Eucaristía es u na puerta a la trascendencia, quiere ser también recuerdo, memoria y oración para los hay muerte.

 Pongo punto final, con el himno que  rezamos en los laudes de hoy:

Ángel santo de la guarda,

compañero de mi vida,

tú que nunca me abandonas,

ni de noche ni de día.

 

Ángel de Dios,

que yo escuche tu mensaje y que lo siga,

que vaya siempre contigo hacia Dios,

que me lo envía.

 

Testigo de lo invisible,

presencia del cielo amiga,

gracias por tu fiel custodia,

gracias por tu compañía.

 

En presencia de los Ángeles,

suba al cielo nuestro canto:

gloria al Padre, gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo. Amén.

Mi primera comunión

¡Ya recibí a Jesús! ¡Ya hice mi primera Comunión!

Voy a contároslo todo desde el principio, todo lo que pasó esta semana.

El último día de catequesis, en la capilla me puse un poquito triste: me dí cuenta que era la última vez que íbamos a estar todo mi grupo rezando juntos con mi catequista. Pero ella nos recordó que Jesús nos está esperando en cada iglesia, en cada sagrario, para que nos acerquemos un rato a hablar con Él.

En el grupo hablamos de que la primera comunión no es el final, sino el un acontecimiento muy importante en el camino al lado de Jesús, que iniciamos con nuestro Bautismo. En cada comunión recibimos a Jesús que se entrega por nosotros y alimenta nuestra alma, pero ese camino sigue a lo largo de toda nuestra vida.

Aunque la voy a ver en el ensayo y el día de la comunión, al terminar la catequesis le dí un abrazo muy fuerte a mi catequista, que nos a enseñado mucho durante estos dos años.

El jueves. en el ensayo, hicimos muchas cosas, nos sentamos en los sitios que íbamos a ocupar, vimos en que momento teníamos que salir, leímos lo que había que leer… pero lo que más me gustó fue cuando ensayamos la comunión con una forma sin consagrar, ¡sabe igual pero no es lo mismo! Nos hablaron de lo importante que es hacer un momento de oración cuando recibamos a Jesús.

Y por fin llegó el domingo. Me desperté un poco inquieta, tanto que en vez de llegar  a las 11:30 a las 11 ya estábamos en la puerta de la iglesia. Mi vestido es muy bonito, es el mismo que llevo mi mamá y que mi abuela me arregló.

En seguida llegó también mi abuela y los otros “peregrinos” estábamos nerviosos, pero mi abuela nos recordó que ya habíamos estado en el banquete de Jesús cada domingo, que había que estar tranquilos, aunque hoy estábamos invitados también a participar del banquete, el importante hoy es Jesús.

Entramos en dos filas y los papás nos aplaudían. Cuando llegué a mi sitio me acordé de las palabras de mi abuela, “hoy el importante es Jesús” y me tranquilicé. Todo iba saliendo muy bien. Me gustó el momento de la renovación de las promesas del Bautismo, ahí estábamos con nuestra vela diciéndole que sí a Jesús.

En el momento de la consagración me fijé especialmente y, al decir “Jesús, tú te entregaste por nosotros“, sentí que Él estaba ya aquí.

Cantamos el padrenuestro unidos de las manos y, después del momento de la paz, llegó el momento de mi primera Comunión. Recibí a Jesús y me puse muy feliz. Después de comulgar, le pedí a Jesús que cuide de mis papás y abuelos y le pedí que los peregrinos sigamos juntos. Le pedí por mi catequista, mis compañeros, los profes del cole… Pensé que le estaba pidiendo muchas cosas, pero dentro de mi sentí que Jesús me invitaba a seguir pidiendo. “No te canses de pedir que yo no me canso de dar“. También le di las gracias por todo.

Una vez que se acabó la ceremonia, le pedí a mamá que me diese el recordatorio que tenía preparado para mi catequista. En la parte de detrás, con mi mejor letra, le había escrito: “Gracias por contarnos tantas cosas tan bonitas de Jesús. Te quiero mucho“. Se puso muy contenta cuando se lo di.

Luego nos reunimos los peregrinos y le dijimos a mi abuela que queríamos seguir siendo peregrinos, así que Fran, Tomás Alicia, Silvia y yo vamos a apuntarnos a Perseverancia. Mi abuela va a seguir acompañándonos.

Ha sido un día muy especial. Y el domingo que viene ¡volveré a recibir a Jesús!

Muchas gracias a vosotros por leerme durante estos dos años y acompañarme. 

Nos vemos 🙂

Clara

 

En casa de mi padre hay muchas moradas

Mi catequista nos ha hablado de la Virgen y de los santos. Todos hemos comentado los que conocemos.

San Pedro que es el patrón de Gijón. Nuestra señora de Covadonga que es la Patrona de Asturias y que es la virgen María, nuestra catequista nos dijo que todas las advocaciones de la virgen son María pero que, como la queremos tanto, le damos nombre y vestido diferentes.

Empezamos, después, a decir otros nombre de santos, San Antonio, Santa Rita, Santa Barbara, San Juan, Santa Clara , San Francisco, el padre Pio…

Hay muchísimos y nuestra catequista nos dijo que todos los santos, a partir de un punto en sus vidas, hicieron siempre la voluntad de Dios y que todos nosotros teníamos que tratar de ser santos; yo lo veo muy difícil la verdad…

Al salir, la abuela nos dijo que hoy nuestro peregrinar nos iba a llevar  al Cenáculo.

Para nosotros el cenáculo está en la capilla “Panis Vitae” de nuestra iglesia y allí fuimos, tras hacer el saludo al Señor nos sentamos y la abuela nos dijo:

-Mirad peregrinos Jesús ya les ha lavado los pies a sus discípulos y le ha hablado a Pedro de que le va a negar. Les dice:

«No os inquietéis. Creed en Dios y creed también en mí.

En la Casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo habría dicho. Yo voy a prepararos un lugar.

Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevaros conmigo, a fin de que donde yo esté, estéis también vosotros.

 Ya conocéis el camino del lugar adonde voy».

Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?».

Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

-Por eso, niños, si seguimos a Jesús, si hacemos lo que él nos pide, seremos felices ahora y también nos preparará un sitio en el reino de los Cielos. ¿Y cual fue el mandamiento nuevo que nos dejó Jesús?

-Amaos los unos a los otros como yo os he amado- Dijimos todos a la vez.

Al salir le dije a la abuela:

-Vale abuela, hacer la voluntad de Dios es querer a los demás como Jesús nos quiere, pero nosotros no somos capaces de hacer los milagros que el hacía, es muy difícil saber qué es lo que tenemos que hacer.

-No tan difícil -dijo la abuela-, creo que vamos a ir a ver a unos amigos.

Sacó su teléfono, hizo una llamada y luego nos dijo:

-Venid que vamos a conocer a un matrimonio amigo mio.

Llegamos a casa de unos señores de la edad de mi abuela, más o menos. Estos señores estaban muy felices y en su casa olía muy bien: en la cocina la señora tenía una olla muy grande, eran albóndigas. Con mucho cuidado fueron rellenando 15 tuppers con las albóndigas y en 15 bolsitas ponían las albóndigas, un bollo de pan, un botellin con agua y una naranja 

La señora nos dijo:

-Así que queréis saber como se descubre lo que quiere Dios de nosotros, ¿eh? Bueno pues en mi caso fue gracias a mi marido que ahí lo tenéis.

El sonrió y se sonrojo un poco pero luego nos dijo:

-Veréis me acababa de jubilar y, como me aburría, no sabía muy bien que hacer. Entonces salimos a pasear mi señora y yo. Al atardecer vi que en muchos sitios: cajeros, bancos de parque y demás había gente que no tenía donde ir. Al principio trataba de convencerles para que fueran al albergue Covadonga, pero me di cuenta que no querían. Luego, al llegar a casa, vi que nosotros sí teníamos que cenar y ellos no. Al principio empezamos llevándole un poco de comida y conversación a uno a dos y bueno ahora ya vamos por 15. Nosotros damos nuestro paseo y les llevamos la comida y charlamos con ellos y vemos su cara de felicidad, como dijo Jesús: aquello que hagáis por esos mis hermanos más pequeños por mi lo hacéis.

Nos ofrecimos para ayudar con las bolsas y dimos el paseo con ellos. Se les veía tan felices cuando entregaban la comida y hablaban con los pobres.

-Como veis -dijo la abuela-, se trata de hacer felices a los demás. Empezad hoy por casa: sonriendo, haciendo vuestra tarea, ayudando a los papás.

Al despedirme de la abuela, le dije:

-Gracias abuela por crear los peregrinos, eso también es la voluntad de Dios seguro, porque cuando estás con nosotros, veo la misma sonrisa de ese matrimonio y la sonrisa de mi catequista, seguro que es la sonrisa de Dios.

Mi abuela me dio un gran abrazo. Luego hice los deberes, puse la mesa y casi me escaqueo a la hora de secar los platos, pero me acordé y ayudé. Cuando lo hice, mis papás estaban muy felices.

La fiesta del perdón

Tengo muchísimas cosas que contaros: ayer hubo una fiesta muy grande en el cielo. ¿Qué como lo sé?

Pues porque mi catequista nos dijo que, cuando un pecador se arrepentía, había fiesta en el cielo y ayer nos confesamos los niños que vamos a comulgar en el mes de mayo.

Pero primero os contaré que la semana anterior nuestra catequista nos explicó de qué iba lo del sacramento de la Reconciliación. Nos dijo lo siguiente:

-Imaginaros que habéis desobedecido a vuestros padres y os dais cuenta de que, por vuestra desobediencia, están tristes… ¿qué hacéis?

-Pues le pedimos perdón -contesté yo.

-Como Dios quiere mucho también a vuestros padres, Él también sufre y, para pedirle perdón a Él, nos dejó el sacramento de la Reconciliación, que también se puede llamar de la Penitencia o Confesión.

-Y Dios, ¿lo perdona todo?

-Si, Dios quiere perdonarlo todo, pero para estar seguros de que la confesión es válida, se tienen que cumplir las siguientes condiciones.

1.- Examen de conciencia: Eso es pararse a pensar en todas cosas que hemos hecho mal, que han ofendido a Dios, verlas una a una. Para prepararlo podemos fijarnos en los mandamientos, pero también en esas cosas que nuestra conciencia nos dice que no están bien. Por ejemplo, si le di una mamá una mala contestación y me doy cuenta que no ha estado bien.

2.- Dolor de los pecados: Pienso que hubiera sido mejor no hacerlos, me arrepiento de haberlos hecho. En el ejemplo de antes, me doy cuenta de que mamá se ha puesto triste por mi mala respuesta y me doy cuenta de que no quería disgustarla.

3.- Propósito de la enmienda: No querer hacerlo nunca más. En el ejemplo de antes, es proponerme no volver a contestarle mal más a mamá.

4.- Decir los pecados al confesor: Los que son muy gordos son los pecados mortales y hay que confesarlos siempre. Para que un pecado sea mortal tienen que tener:

  • Materia grave. Es decir, que van contra los mandamientos de forma muy grave.
  • Pleno conocimiento. Sé que lo que estoy haciendo es muy malo y ofende a Dios.
  • Pleno consentimiento. Es decir, que no lo hago en contra de mi voluntad.

No podemos comulgar si estamos en pecado mortal.

Los pecados veniales, debo de confesarlos todos, aunque si no confieso alguno la confesión sigue siendo válida pero es mejor que los digamos.

No debemos tener miedo a decir los pecados al sacerdote, pues no pueden decirles nuestros pecados a nadie, eso se llama secreto de confesión. Además nos comprenden muy bien porque ellos también han cometido pecados.

5.- Recibir la absolución: El sacerdote puede negarnos la absolución si considera que alguna de las condiciones anteriores no se da, o en caso de un pecado muy, muy, muy grande .

6.- Cumplir la penitencia: El sacerdote nos va a pedir que recemos u a oración o hagamos alguna cosa que nos ayude a reparar nuestras faltas.

Después nos explicó muy bien cómo se confesaba uno, el examen de conciencia que venía en el libro y nos recomendó que hiciéramos en casa nuestro examen de conciencia.

Al llegar a casa le dije a mamá que si me ayudaría a hacer el examen de conciencia y me dijo que si. Juntas íbamos leyendo las preguntas y yo, tras las explicaciones de mamá, fui apuntando muchas cosas. Me puse un poco triste. Mamá me dijo que estaba muy bien darnos cuenta de lo que tenemos que mejorar, pero que también tenemos que pedirle ayuda a Dios para mejorar y tratar de no volver a hacerlo más.

Así que el viernes fuimos la la iglesia y allí tuvimos un acto muy bonito que había preparado nuestro párroco. Cuatro de nuestras catequistas, haciendo diferentes papeles, leyeron la parábola de la oveja perdida. Una historia muy bonita de una oveja que se equivocó de camino. Pero Jesús, que era su pastor, no paró hasta encontrarla.  ¡Qué alegría cuando la encontró!

Don Javier nos leyó algunas preguntas del examen de conciencia y pedimos perdón por algunas de ellas.

Llegó el momento importante el de la confesión yo estaba muy nerviosa pero luego todo fue muy bien y, cuando el sacerdote me dio la absolución, me sentí muy contenta.

Y luego fuimos a la capilla donde está el sagrario y a Jesús le rezamos la oración que nos pusieron de penitencia. Con los nervios, no me acordaba muy bien, pero las catequistas nos ayudaron. Era mi primera confesión…¡He recibido otro sacramento!,¡y por primera vez! otro regalo de Jesús, y ya está todo listo para recibir a Jesús en mi corazón.

Papá y mamá fueron también y se confesaron. Luego fuimos al centro parroquial y me dieron un paquete de ¡¡¡¡CHUCHES!!!!. Tomamos unos refrescos. Fue muy bonito.

Voy a procurar ir a confesar cada mes y tratar de ser mejor cada día.

img_3738-3

El niño del remedio

Hay algo que aún no os he contado. ¡Soy de la cofradía del Niño del Remedio!. Nos reunimos una vez al mes con el Niño del Remedio y nos hemos estado preparando para la Semana Santa!. ¿Y sabéis que? en la procesión del Domingo de Ramos voy a poder llevar las andas.

Bueno a lo mejor no sabéis lo que son unas “andas”. Yo tampoco lo sabía pero ahora si lo sé: es como una camilla de madera, con unas almohadillas en las varas para apoyarlas en los hombros y que no nos hagan daño. El Niño no va tumbado sino de pie y nosotros lo llevamos entre unos cuantos niños, este sábado hemos ensayado un montón.

Nos explicaron muy bien nuestras Hermanas mayores por qué en la cofradía no se dice catequistas sino Hermanas mayores, lo que teníamos que hacer y obedecimos muy atentos. Somos como unos 30 niños. Al principio nos despistamos un poco pero en cuanto nos pusieron música y tocaron el tambor lo hicimos muy bien.

El viernes y el sábado que viene volveremos a ensayar y el domingo ¡¡¡Salimos en la procesión!!!

Salir en la procesión es salir a pasear con Jesús, en nuestro caso, con Jesús cuando era Niño como nosotros, y nosotros le llevamos y le acompañamos como cuando iba con sus padres a Jerusalén.

Y nos van a poner unas túnicas rojas porque, como somos cofrades, vamos todos igual. Los cofrades somos hermanos de la cofradía. Ya tengo muchísimas ganas de que llegue el Domingo y salir en la procesión con el Niño del Remedio.

Aqui el video de la procesión: