Estamos en la segunda semana de Adviento. En la catequesis hemos hablado de las cuatro semanas que tenemos para prepararnos para recibir a Jesús. Y nuestra catequista nos contó muchas cosas de Juan el Bautista.

Juan el Bautista vivía en el desierto, vestía con pieles de camello, comía saltamontes y miel silvestre y las personas iban allí a escucharle. Les anunciaba la venida de Jesús y les invitaba a pedir perdón por sus pecados y a bautizarse.

Cuando le preguntaban que quién era él, decía que era la voz que predicaba en el desierto “preparad el camino al Señor”.

La abuela nos llevó hasta Los Campinos, donde nos iba a contar todo sobre Juan el Bautista, cuando nos encontramos con un amigo suyo, un sacerdote joven.

Rosa cuanto tiempo sin verte.

D. Remigio, como usted por aquí.

¡Ay, Rosa! Para ti tengo que seguir siendo Remi. Pues nada, como sabes estamos en Adviento y he venido a buscar unas cuantas cosas para preparar la navidad en las parroquias. Y es que ya sabes en cada pueblecito ponemos el Belén y preparamos la Navidad con mucho cuidado.

¿Ah sí?, pues qué bien me vienes, porque quería hablarles a los niños de Juan el Bautista y del Adviento, así que échame una mano.

Bueno vosotros podéis llamarme Remi, la abuela Rosa fue mi catequista y la primera persona a la que le conté que quería ser sacerdote.

Hoy he venido a comprar algunas cosas que hacen falta para celebrar la navidad dignamente en mis pueblitos. Pues algunas cosas están muy viejas ya.

Pero lo que más me gusta del Adviento, allí en mis pueblitos de montaña, es que se me llena el confesonario. Las personas van a dejar su alma limpia para recibir a Jesús, lo tienen muy claro y tengo que ampliar el horario de confesiones.

Y vosotros, cómo tenéis el alma de limpia ¿Obedecéis a vuestros Padres? ¿Tenéis el cuarto recogido y limpio? ¿Rezáis todas las noches? ¿Sois cariñosos con vuestros mayores?

Todos agachamos nuestra cabeza pero él nos dijo: Alegraos por que os va a nacer un salvador y ahora ya sabéis qué caminos tenéis que allanar y que sendas tenéis que hacer rectas.

Nos cayó bien, y más cuando nos regaló a cada uno una estampa con José y María en el burro camino de Belén.

Al llegar a mi casa me puse a ordenar mi habitación, recoger los juguetes tirados poner los libros en sus sitio.

Mamá y Papá se sintieron muy sorprendidos pero yo les dije que tenía que allanar el camino y poner recto lo torcido, que el niño Jesús tenía que venir y yo tenía que prepararme muchísimo mejor.